Esta noche, dudo entre un Petrus 1982 y un Borsao joven 2004
Esto para decir que no se trata de hacer ascos a los placeres sencillos de la vida, que todo tiene su momento. Los momentos sublimes como los momentos más prosaicos.
Disfruto tanto de una cena en un tres estrellas, en toda su exquisitez, placer para los cinco sentidos, como tomándome un chato del tintorro más ordinario y más común pero rico rico rico por 1 euro 50, una tapita de gambitas que te ponen, y cabezas de gambas espachurradas por el suelo, con las servilletas usadas y las colillas pisoteadas, y el señor de al lado que se atraganta porque fuma demasiado, y los amiguetes de al lado contando chistes y salir achispados cantando Asturias patria querida o la chica yeye...
Un escenario muy español, por cierto, que un alemán o un francés ve eso y no se lo puede creer.
Cada placer tiene su momento. Tampoco me puedo imaginar tomándome un Pingus en la barra con todo ese guirigay alrededor.
Tampoco puedo imaginarme una tasca de Lavapiés con los cuatro últimos lieder de Richard Strauss con música de fondo.
Otra vez: todo tiene su momento. Y no se trata de decir que un placer sea menos bueno que otro. En eso me molestan las valoraciones sistemáticas.
Eso para defender de soslayo a JC Berrouet en su alegación a favor del txakoli, como el vino español que prefería. En un sentido, le entiendo, aunque no comparto su valoración.
Creo que me voy a decantar por el Borsao Joven Garnacha.