Me integro tarde...
Ver mensaje de wandererAunque tarde, me siento obligado a integrarme a esta conversación porque yo reverencio tanto a Wagner, que me declaro un ferviente anti-wagneriano (¿entiendes la ironía??? jeje)
Pero antes de Wagner, Karl Bohm y su Mozart. ¿Lento? ¿Soso? No puedo ir de acuerdo. Tengo una serie de sus últimas sinfonías con la Viena, de mediados de los 60’s y me parece que están a la altura de cualquiera. Los tempos nunca se quiebran, los equilibrios orquestales son realmente transparentes, el fraseo jamás (jamás, lo enfatizo) da lugar a la aparición de un Mozart idealizado o trágico --sobre todo en el segubdo movimiento de la Júpiter, donde otros directores de dudoso gusto derraman ese lirismo supremo en simplonas melodías que se arrastran entre las cuerdas y chapotean en los alientos de madera.
Tengo de Bohm también un Don Giovanni, ¿de 1978?, con Sherrill Milnes en el rol principal, Walter Berry como Leporello, la Tomowa Sintow como la siempre histérica Donna Anna, y un Commendatore para cagarse de miedo con Macurdy. Este Giovanni es, de la docena de producciones que conozco, uno de los dos o tres mejores.
Si uno quiere Mozart, lo mejor es Bruno Walter, o sir Thomas Beecham. Sobre todo el de Walter: un Mozart anti-erudito, romántico, con poco refinamiento musicológico, pero con una búsqueda de la belleza de la música con una pasión y una convicción irreprochables. El Mozart de Walter no es de este tiempo ni de aquel, sino eterno. Pero quizá es mejor que la experiencia no se repita. Y por eso hoy, me quedo con sir Colin Davis o Nikolaus Harnoncourt.
Ahora sí, Wagner.
Para un Tristán referencial, curiosamente uno de Bohm: con la Nilsson como Isolda, en Bayreuth. Y el de Furtwangler, bueno, es el no va más. En mi humilde opinión, los directores de los últimos 20 años han logrado cosas tan buenas o mejores que los directores de hace 50 o 60 años. El Anillo de Solti, con la Viena, no tiene igual. El de Levine con la Met, no entiendo quien lo pueda reprochar --sí, es una producción del Anillo ostentosa; pero si lo vamos a denostar por eso sería como hacer menos a Mouton-Rotshchild por su virtuosismo, comparado con la aurea austeridad de Latour. Incluso ese subestimado director argentino/israelí, Daniel Baremboim, tiene un Anillo en Bayreuth que es increible, una joya, una bomba orquestal y una delicia vocal. Esa Valquiria y el Ocaso son, para decirlo derechamente, impresionantes. Quizá el Siegfrido se queda algo corto, pero el ciclo es abrumador.
Cierto, muy cierto: los directores de antaño hicieron Wagner lo que hoy es. Quien como Klemperer (tengo las oberturas y preludios, y otras selecciones orquestales, que en cada frase, en cada compás, están saturadas de infinitos), quien como Kna, quien como Furtwangler, quien como Reiner. Pero sufgiero que miremos hacia adelante también.
Novena de Beethoven. Coño, la de Leonard Berstein en vivo, en Berlín el 25 de diciembre de 1989. Por una vez en su vida, el romanticismo del buen Lenny no deformó tempos ni se sumergió en el sentimentalismo. En esta versión Bernstein, en la mejor tradición decimonónica, manipuló la partitura (en la coda del primer moviemiento es evidente), incluso modificó la orquestación (en el finale, donde dobló al coro con trombones) y cambió palabras de la oda de Schiller. Los tempos van y vienen como corchos en un mar agitado (en el adagio). También agrandó la orquesta y usó un coro gargantueso, a la altura de los sueños de Berlioz. Una interpretación de la Novena romántica, incluso arbitraria, que por su enfoque no hubiera defraudado a Liszt, Bülow o Mengelberg.
Una de las definitivas Novena del siglo XX. EMHO.
Saludos,
DPW
twitter.com/daniel_pw
Al buen amigo, dale tu pan y dale tu vino