Re: Tres chefs acusan públicamente a la Guía Michelín de estar sujeta a intereses comerciales
Ver mensaje de Gabriel ArgumosaComo cada año, Michelin provoca miles de comentarios desde el mismo instante en que se conocen las novedades de su Guía Roja para España y Portugal.
Respetables son todos los comentarios, pero algunos están más fundamentados que otros.
A mí se me ocurren varias reflexiones:
1. Da la sensación de que la Guía Roja cuenta con pocos inspectores para España. Ello significa escaso seguimiento a los establecimientos. Sé de algún restaurante distinguido con los preciados macarrones al que no han visitado en muchos meses. Para hacer un trabajo de campo que refleje la situación actual de la restauración pública española habría que disponer de más medios. Muchos más.
2. El criterio seguido por la Guía Roja en los últimos años es, cuanto menos, errático. ¿Cómo se puede entender la pérdida de una estrella por Zuberoa este año y decir que es porque se ha estancado peligrosamente? Que yo sepa, Zuberoa, sigue desde hace años una línea culinaria que desde 1994 le supuso la concesión de la segunda estrella; y puedo asegurar que la filosofía es la misma en casa de los Arbelaitz mejorando cada año una cocina deliciosa. Por tanto: o Michelin se equivocó entonces o se equivoca ahora.
3. Pese a todo, la publicación de la Guía Roja sacude cada año el panorama gastronómico nacional. Y ello significa que, aunque no guste, todo el mundo juega a esta suerte de deporte sin reglas.
4. ¡Claro que Michelin tiene intereses comerciales! ¿Es que se ha caido del guindo ahora alguno que lo descubre? Michelin lo que quiere es vender la mayor cantidad posible de Guías Rojas. Y si en Italia vende muchas más que en España, pues empleará más medios humanos y técnicos allí que aquí. Lo cual se refleja en un número de galardones muy superior en el país transalpino.
5. Pero, ojo, hagamos una reflexión más profunda y en frío: el que cada año nos sintamos despreciados por Michelin porque reconocen (por ejemplo este año) sólo 6 restaurantes triestrellados y 9 con dos macarrones, tendría que movernos a pensar detenidamente qué ocurre con la alta restauración española. Yo, en ocasiones, he salido profundamente decepcionado de alguno de esos restaurantes para los que se reclama la máxima calificación; decepcionado porque parece que el cocinero, en lugar de pretender hacerme feliz (objetivo máximo, en mi humilde opinión, de cualquier casa de comidas), quiere demostrarme maneja con destreza circense técnicas e ingredientes a veces alejadísimas de nuestro acervo cultural común.