Para poner el broche a estas vacaciones que ya acaban, nos hemos escapado esta mañana hasta Iparralde, al otro lado de la muga, para darnos un homenaje en este restaurante que tras la experiencia vivida ya forma parte de mis locales de referencia. Antes de comer hemos visitado la pintoresca localidad de Saint Jean Pied de Port/Donibane Garazi, donde hemos aprovechado para comprar algunas botellas de vinos de Irouleguy y de la vecina Jurançon. Tras ello, y de camino al restaurante, hemos hecho un pequeño recorrido en coche con pequeñas paradas para ver algunos de los viñedos de la zona. Cuesta creer que en un lugar con la orografía y el clima de esta región se pueda cultivar la vid, pero así es, elaborándose además algunos vinos de excelente nivel.
Para llegar al restaurante hay que abandonar la carretera que discurre por el valle y tomar durante unos 5km un estrecho y empinado camino asfaltado, que nos lleva a través de bosques y praderas de montaña hasta la entrada de una finca, donde se deja el coche. El recinto acoge un hotel rural de máxima categoría, pensado para clientes que buscan un marco de tranquilidad y refinamiento en plena naturaleza. Nada más bajarnos del vehículo llega un coche eléctrico para recogernos y subirnos hasta la casa que sirve de restaurante, que está a unos 800 metros, pero todos cuesta arriba. Como somos 6 personas y no cabemos todos, las cuatro chicas suben en el primer viaje y mi amigo y yo decidimos no esperar y empezar a subir por nuestra cuenta. El camino de subida es precioso, atravesándose bosques de castaños y robles, donde seguro que en unas semanas aparecerán los primeros boletus. A mitad de subida el cochecito eléctrico viene a buscarnos y nos deja delante del restaurante, un bello caserío de estilo labortano. El interior tiene aspecto de casa señorial, con chimenea, mobiliario antiguo, paredes bien vestidas, estanterías con libros y sin que falte ningún detalle. Nos tienen preparada una mesa en el centro del comedor, pero nos ofrecen la posibilidad de comer en la terraza, desde donde las vistas son espectaculares. Nos atrae mucho esta última opción, pero al final nos quedamos dentro.
La mesa está muy bien vestida, con excelente vajilla y coperío y sillas comodísimas. El servicio, en manos de gente bastante joven, también es de nivel. Nos ofrecen la carta, en la que cuentan con hasta tres menús diferentes, que resultan la mejor opción. Nos decidimos por el denominado Menú Terroir Basque, de 45€, que consta de 2 entrantes, 2 segundos y 2 postres, de los cuales cada uno tiene que elegir uno. Como somos dos parejas, cada uno coge uno distinto y así hay la opción de probar 6 platos diferentes. Antes de empezar a servirlo nos ponen como aperitivo un Langostino a la plancha, acompañado de una espuma de verduras y una crema de tinta de txipirón. El entrante ya nos avisa de que aquí en la cocina saben hacer bien las cosas. Después nos ponen lo siguiente:
- Txangurro: presentado desmigado y acompañado de una espuma con toques de jengibre y otras especias, estaba excelente, pleno de sabor.
- Le Pied de Cochon: manos de cerdo perfectamente deshuesadas y presentadas dentro de una especie de ravioli elaborado con la propia carne del animal y servido junto a una gruesa tajada de foie a la plancha y un fondo oscuro de carne. Gulesco, para gozar como un gorrino.
- L’Agneau: se trata de un lomo de cordero lechal, presentado con verduras, ajos enteros y hierbas aromáticas. Otro plato excelente.
- La Morue à la Biscayenne: por el nombre pensaba que iba a ser un bacalao en salsa vizcaína, pero no es exactamente lo mismo. El pescado, presentado en gruesos lomos, se servía sobre una cama de tomate y pimiento confitado, recordando en sabores a la afamada salsa. Me gustó el plato, pero el pescado estaba ligeramente pasado de cocción.
- Le Gâteau Basque: se trata de una revisión del famoso postre, que se presenta de forma cremosa dentro de una especie de teja crujiente coronada de un helado de leche de oveja. Gozo pleno.
- Le Béret Basque: otro postre de mucho nivel, en esta ocasión basado en chocolates en distintas texturas.
A mis hijas les ofrecieron una pechuga de pollo con patatas, que estaban sumamente ricas y con una presentación acorde con el lugar.
En resumen, un menú impecable, con buenas elaboraciones y presentaciones, y a un precio que en Francia no es habitual. A destacar también la calidad de los diferentes panes que nos sirvieron.
El restaurante cuenta también con buena bodega, si bien en la carta nada más aparecen unas pocas referencias. Pedimos un blanco de Irouleguy, el Domaine Arretxea Hegoxuri 2011 (45€) y un tinto de Madiran, un Mon Adour 2009 (38€), servidos en buenas copas, aunque hubiésemos preferido que fuesen algo más grandes. Ambos nos gustaron, pero el primero estaba espectacular. Para acabar tomamos un café, que, cómo no, estaba delicioso, al igual que los petit fours que les acompañaban.
Excelente cocina en un lugar de ensueño es lo que nos encontramos en Ostape (bajo las hojas). La próxima vez en pareja y quedándonos a dormir.
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