Local ubicado a las afueras de Huétor Vega, a menos de 10 minutos del hotel de Cájar donde nos alojamos. Dispone de una terraza cubierta amplia que permitió acomodar a la treintena de asistentes en tres mesas largas. Sin lujos. Servilletas y manteles de papel, menaje de batalla. Servicio rápido y eficiente, que gestionó muy bien el caos que representó que fuese llegando gente durante más de dos horas y que no parásemos de pedir.
La idea era pedir unas cuantas raciones e improvisar sobre la marcha. Tomamos croquetas, tomate aliñado, berenjenas con miel, calamar a la plancha, chanquetes, alcachofas, solomillo ibérico, pizza... Y mucha, pero mucha bebida, sobre todo cerveza.
Perfecto para una cena informal, incluso siendo tanta gente.
El precio es aproximado porque no conté cuántos éramos.
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