Los precios están en florines húngaros (HUF), salvo el precio por persona, que es una aproximación en euros.
Situado en Rózsadomb, en el distrito 2 de la ciudad, en las colinas de Buda, este local ocupa la antigua casa de Szőke Szakál, conocido actor húngaro.

Cuenta con diferentes salones para eventos. Me instalaron en el salón colonial, frente al pianista.



Decoración clásica. Ambiente elegante. Sólo dos mesas con extranjeros. Servicio impecable, a la vieja usanza. Mesas bien vestidas y con buena separación entre ellas. Menaje de nivel. Carta a base de clásicos húngaros principalmente, con algunas sugerencias del chef. Dejé en manos del sumiller la elección de un vino blanco, uno tinto y uno dulce, todos húngaros y servidos a buena temperatura. Copas mejorables.
Empecé con un aperitivo de caracoles en sus conchas con mantequilla de hierbas (5.800 HUF). La presentación me recordó a la de los escargots à la bourguignonne. Caracoles de buen tamaño y bien cocinados. Salsa sabrosa. Un capricho de ilerdense fanático de los caracoles.

Como entrante, un consomé de oca con bola de matzah y verduras (3.200 HUF). Delicioso y reconfortante plato de origen judío.

El plato principal fue un Wellington de solomillo de ternera con parmentier trufada (12.800 HUF). Hacía mucho, mucho tiempo que no probaba un Wellington bien hecho. Impecable.

De postre, crème brûlée con fruta de temporada (3.200 HUF). Me recordó mucho a la crema catalana, pero algo menos dulce. Fantástica.

Para beber, un refresco (1.200 HUF), una botella de agua de 33 cl (1.200 HUF), una copa de Pátzay Rizling 2023 (1.800 HUF), una de Ohmerops Szekszárd 2021 (3.200 €) y una de Sárga Borház Tokaji Édes Szamorodni 2018 (2.000 HUF).
Completó la factura el servicio de mesa (4.128 HUF), un 12% de la factura. En muchos sitios es un 15%, más la propina que te endiñan al pasar la tarjeta, que suele estar entre el 5% y el 20%. Aquí, al menos no te "piden" propina.
Como curiosidad, entre los entrantes había, escrito en castellano, "Gambas al ajillo" :-)
Fue una delicia pasar un rato en este local. Incluso me atreví a pedir al pianista que tocase un tango. Melancolía de tiempos pasados.
No hay duda que repetiré si vuelvo a visitar Budapest.
Vestíbulo
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