Cuando las necesidades aprietan no se puede elegir la parada, así que paras y... a ver que pasa.
El espacio es luminoso, mesas separadas anchas y cómodas. Rápido servicio con amabilidad queirendo agradar.
Dos para comer. No hay menú ni carta, solo los anuncios de platos en imágenes tras la barra y lo que te informan a pie de mesa. Para beber un agua grande sin gas de Fontvella y una cerveza Budweisser.
Pedimos lo único que entraba por los ojos: cachopo con patatas y cachopo con ensalada: la carne tierna y muy poco hecha, el rebozado exterior correcto, las patatas panaderas y la ensalada cumplidoras en sabor y cantidad. De postre un vaso de fruta de invierno, variada cortada y preparada en nevera que resultó lo mejor de la comida, y panacotta no casera, para olvidar.
Decidimos no tomar café por si habían más necesidades de parar antes de llegar a meta.
cachopo patatas
cachopo ensalada
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