Modesto local situado en un entresuelo del casco antiguo de la ciudad.
Parece un piso reacondicionado como restaurante. Decoración viejuna. Sin lujos, manteles sencillos, servilletas airlaid, vajilla y cubertería de batalla. Servicio algo lento y seco.

La carta, expuesta en la puerta de entrada al edificio, está compuesta por bastantes platos de la zona, especialmente de pescado, y unos pocos postres. También incluye los vinos, de gama media-baja.

Cena ligera para dos:
- Gnocchi alle vongole (12 €) - Ñoquis con almejas bastante secas.

- Frittura senza spine (12 €) - Gambas secas, calamares insípidos y boquerones con sabor a pan frito. Un auténtico despropósito.

Para beber, una botella de agua con gas y un refresco. Cubierto: 2 € por persona.
Supongo que el precio justifica el tamaño de las raciones, pero la calidad me pareció muy baja.
Para mi gusto, un local a evitar.
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