Pequeño restaurante, con interiorismo cálido, pocas mesas excesivamente juntas lo que, inevitablemente, acabas escuchando las conversaciones de las mesas cercanas.
Carta atractiva, precios ligeramente altos, bodega no muy extensa, la cocina por encima del servicio, joven y poco profesional pero muy amable. Amplía terraza en la calle.
Como ejemplo del servicio. Pedimos unas ostras de entrada seguido de las croquetas. En la mesa, primero las croquetas y después las ostras. Como entrante una tortilla de bacalao con salsa de piquillos y, de segundo, un fricandó. En la mesa los dos platos juntos.
El vino solicitado, un Dido negro, demasiado caliente. Pedimos una "cubitera" para refrigerar y nos llevaron un vaso con cubitos ☹
Me recordó Colmado Wilmot, con una buena cocina y un servicio insuficiente.
Pero los platos, buenos. Las croquetas cremosas, apreciando los trocitos de jamón. La tortilla, correctísima. Y el fricandó muy bien guisado y para mojar pan.
Los postres, un pastel fino de manzana, nada crujiente, lo que deslucía el plato.
Por comidas informales, buena cocina, servicio a mejorar, si no te importa la falta de intimidad por la mínima distancia entre mesas.
Pastel de manzana
Fricandó
Tortilla
Ostras
Croqueta
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.