Restaurante con algunos años de rodaje en la atestada zona de Cánovas donde es difícil destacar entre tanto y tanto restaurante.
El que nos ocupa es uno de ellos, local en forma de L, entrada con una larga barra a la izquierda y taburetes para tomar alguna copa o picotear, y según se avanza, el local se agranda hacia la derecha, donde se sitúan las mesas, bien vestidas con mantel, sillas muy confortables, algunas a modo de silloncitos y menaje de nivel medio alto.
Decoración agradable, con suelo y techo en colores oscuros, paredes blancas con algunas cortinas negras y listones de madera para dar calidez. Al fondo hay un patinillo acristalado que a mediodía da bastante luz al interior, llegando a entrar el sol. En esta ocasión, restaurante ocupado a casi la mitad, pero que el fin de semana con mesas llenas flojea en la acústica.
Disponen de horno Hosper donde hacen los platos a la brasa. Servicio joven, amable y con ganas de agradar. Carta bastante completa con varias opciones de entrantes, carnes y pescados, además de varios menús de diferentes precios.
Vinos a precio más que ajustado, con buen abanico para elegir. Servicio consistente en apertura de botella y primer llenado sin dar a catar. Tomamos una botella de Mum, servido a buena temperatura y acompañado de cubitera.
Dos amigos para comer, y esto ha sido lo elegido:
De entrantes Quisquillas y Ensalada de tomate con ventresca de atún, cebolla tierna y encurtidos. Buen producto en la quisquilla, la ensalada espectacular, tomate con sabor a tomate, generosa ración de ventresca y los encurtidos a base de cebolla roja con una vinagreta mezclada con azúcar que le da ese toque dulzón tan bueno.
De principal, hemos tomado para compartir Lubina a la brasa, acompañada de verduras hervidas. La lubina para hacerle la ola, la abren delante del comensal separando los lomos y desespinándola, la acompañan de un refrito de ajos en un bol para que cada uno se ponga lo que considere. Como mi amigo no ha querido, pues to pa mi, a él le han sacado aceite de oliva virgen de Viver. Verduras ligeramente hervidas, muy al dente, crujientes y sabrosas.
Dos tartas de queso con café han rematado la comida.
Y el pan? pues que sólo por eso vale la pena ir, calentito, regado con aceite y acompañado de una mantequilla de hierbas para untar, puro vicio.
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