El conocido chef Dani García cuando abandonó su restaurante marbellí de 3 estrellas se dedicó a llenar locales bajo su manto por todas las ciudades y ha entrado en Valencia a lo grande de la mano del grupo de gastronomía "Empieza el Baile", con el espacio de un antiguo cines Aragón de la ciudad, más de 1300 metros cuadrados capaces de albergar a unos 300 comensales en diferentes ambientes, diferentes alturas y espacios, algunos más íntimos y otros más abiertos, todos ellos cona decoración tipo Art Decó que a ves y a pesar del bajo nivel de luz en la sala, puede llegar a cargar la vista. Ha nacido tras el verano y ha sido una revolución en la ciudad y está siendo ahora el local de moda más chic de la gente guapa.
Llegamos los primeros y tras atravesar la recepción pasamos como una entrada a un cine por un espacio estrecho y casi sin luz para colocarnos en la planta baja centrados en la sala que ocupa más espacio a modo de platea de teatro (en realidad desnivel del cine anterior) con mesas (la nuestra coja y alguna más había) muy amplias con sillones cómodos amplios y algo rococós. No hay mantel (estilo el Noma) pero sí buenas copas, vasos y vajillas, servilletas de tela y un ambiente elegante quizás demasiado sofisticado para mi gusto.
El servicio de sala dispone de mucha mucha gente joven (¿en prácticas?) uniformada con la timidez del principiante; dos mujeres con tablets son las que, con buen conocimiento de platos y bebidas, toman la comanda y dan buenos consejos. El ritmo de salida de platos de cocina es bueno, al menos en nuestro caso que entramos solos los primeros después de esperar la hora de apertura, pues la gente se nota que llega escalonada en el horario de reservas hasta casi llenar a planta baja y media ocupación de la primera altura.
Venimos con los deberes hechos, pero me gusta ver las cartas; la carta de vinos es bastante amplia con más presencie de vinos locales (x 2 del costo, a veces un poco más) como toca y con suficiente abanico de precios para tener de ´casi todo porque vinos dulces no encontré. Me llamó la atención en la zona de vermuts la variedad de Martinis que hay, así que nos pedimos un Martini Lacuesta roble francés rosso y un Martini Floreale sin alcohol blanco más dulce de lo esperado; ambos fueron bien servidos en mesa con un llenado muy ajustado. Hizo falta también un agua sin gas Lanjarón pequeña.
En la carta de comidas hay un poco, poco de todo con presencia de pizzas y pasta, variedad de entrantes, platos emblemáticos (hits) del chef, arroces, carnes y pescados con tendencia al uso de brasas pero sobre todo hay que dejar sitio para los postres porque aquí la cocina a cargo de Angel García, saca todo su "savoir faire" y hace creatividad al cubo. Para la comida y entre los dos, dimos cuenta de:
. aperitivo de la casa: un salchichón tipo fuet con corteza con ralladura de limón y pimienta negra bastante picante que invitaba a beber rápidamente.
. brioche de rabo de toro con salsa Bull original, rúcula y champiñón laminado: un par de brioches que son pura delicia con carne desmigada de buen guiso, un pan de textura blanda pero que sujeta, buenos complementos en la salsa y verduras que hacen algo difíci de comer con cubiertos y fácil de mancharte de comer con las manos; opté por lo segundo. Muy bien.
. lubina entera asada piel de limón confitado y AOVE: una lubina a la parrilla entera y abierta como si fuera un conejo para hacer a la parrilla, hecha bien poco (habrá quien la devolverá a la brasa) con una textura y sabor perfecto sin cargar de la brasa y que puedes comerte la piel (al menos la del lomo) porque está en textura crujiente. Pensada para dos aunque mejor serían dos lubinas para tres.
. la guarnición de todo va aparte y especial en cuanto a variedad, calidad y también en el precio. Lo que pedimos para cada uno fue de puré de patatas homenaje a Rebuchón (6€), un finísimo puré hecho con más mantequilla y una patata especial que fue servido en un plato tipo sartén con tapa; el otro fue bimi asado con romesco y avellanas (10€) con un paso por brasas ligero dejándolo al dente y, para el precio que tiene, algo corto de ración.
. los postres vienen en unas urnas de cristal que destapan en mesa; son muy especiales elegantes y contundentes por su tamaño aunque no saturan de dulce, aquí si que permitirían compartir un postre para dos especialmente en el caso de El Bolso con una mousse de praliné de avellanas y cremoso de caramelo salado que da pena meter cuchillo. El otro fue El Rubí, algo más pequeño y más cítrico por sus ingredientes que fueron un relleno de mousse de frutos rojos y rosas con un núcleo central que contiene un lichi que aporta frescura. dejamos para otra ocasión el lingote de oro y alguna otra joya como el zafiro, la perla... Todo muy espectacular y caros (20 y 18€ respectivamente).
. un buen café solo, no hay cremaet y una manzanilla con limón completaron la sobremesa en nuestro espacio porque hay sitio y horario y varias barras distribuidas por el local que permiten un buen tardeo y también trasnochar después de cenar en los recovecos de los pisos altos y parece que hay música y todo.
lubina
brioches
vermuts y aperitivo
postres
el bolso
rubí
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