Tenía ganas de conocer la nueva propuesta del propietario de Lombo y Colmado Wilmot (si no estoy mal informado).
Local amplio, con terraza, justo delante del centro comercial L'Illa.
La experiencia, única por ahora, fue contradictoria.
Los platos elegidos en esta ocasión, selección modesta por falta de hambre, aprobados cómodamente.
Unos huevos rellenos con gamba, unas croquetas de pollo y una corvina en adobo, todo muy bueno.
Los postres, unas natillas con galleta María, correctos.
El servicio, justito. Al menos, las personas que nos atendieron.
Las mesas desnudas, sin manteles (no me gusta).
Donde no puedo estar satisfecho es en las medidas de la mesa. La medí, 60 centímetros, insuficientes por una mínima comodidad donde vajilla, cubertería y platos tengan el espacio necesario.
Una consulta en las redes indica 80 centímetros, anchura adecuada. Y si las mesas son pequeñas, la distancia a la mesa del lado es incluso inferior a los 60 centímetros. Permite saludar a los vecinos y seguir su conversación a pesar de que no tengas interés. Puedo entender la necesidad imperiosa de rentabilizar las inversiones, pero los clientes se merecen un servicio, atención, comodidad e intimidad que, demasiado a menudo, no existen.
Una lástima porque lo comido en esta ocasión y el precio eran adecuados.
Corvina en adobo
Croquetas de pollo y jamón
Huevos rellenos
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