Está situado en una alquería al norte de la ciudad de Valencia, rodeado todavía de huerta. La casa es muy antigua y conserva su estructura original a pesar de las reformas acaecidas en todos estos años. Su decoración es rústica valenciana, con numerosos aperos de labranza, azulejos, fotos, recuerdos y con las ventanas y puertas pintadas de azul claro que te recuerdan su proximidad al mar. Todo muy coordinado.
Dispone de una gran sala donde está la barra de la cocina semiabierta, de un comedor algo más privado y una salita muy recogida. Las mesas bien vestidas y con una separación envidiable. Destacable la iluminación indirecta y cálida que le otorga un ambiente muy acogedor.
Ana Ferrer está al frente de la cocina y ofrece platos tradicionales valencianos en los que prima el buen hacer y los buenos productos. Se prové de su propia huerta o colindantes, del cercano mar… los sirve tras cocinarlos con sus “tempos” sin prisas, con respeto. El resultado es una cocina franca, directa y honrada. Vamos, lo que hoy en día se le ha venido a llamar “Cocina kilometro Cero” y “Slow food”.
Pep Ferrer se encarga de la sala y de los vinos. Su propuesta vinícola es amplia, variada, con una selección envidiable, con referencias tanto nacionales como internaciones. Algo que me gusta mucho de este restaurante es que la carta se presenta como una sencilla colección de folios impresos, lo que te garantiza su constante actualización. Aunque lo mejor es dejarte llevar, aconsejar y sorprender por el propio Pep, un auténtico “Wikivinoman”. El recargo es muy comedido, la cristalería de calidad, y el servicio del vino es perfecto, siguiendo todos los pasos de la liturgia.
Visitamos Ca Pepico con ocasión del Encuentro bianual de la Peña Gastronómica los Restauranteros. Este IV Encuentro tuvo su sede en la ciudad de Valencia, organizado por la simpática pareja que son Ada y Fer. Nos prepararon un programa completo e inmejorable. Ca Pepico fue su acertada decisión con la que abrir el programa y poder mostrar a los Restauranteros foráneos la cocina tradicional valenciana, amén del festival vinícola que allí vivimos.
Menú para la ocasión
Y tanto que era para la ocasión, como que el menú tenía hasta nuestro logo impreso y todo (un detallazo Pep)
Aperitivos:
Corteza crujiente de bacalao. La corteza está elaborada con la propia piel del bacalao, crujiente y de sabor intenso. Acompañadas por un allioli casero, de los que hacen honor a su nombre, sólo ajo y aceite. Desde que falleció mi abuela María que no había probado uno tan bueno.
Crema de remolacha con galleta de eneldo. Presentada en una pequeña cazuela, suave y delicada. Una galleta de eneldo, a modo de tapa de la cazuela, complementaba a la crema. Original en presentación.
Nos sirvió un buen pan, aceite ecológico Envero, flor de sal, tomate triturado y allioli casero.
Entrantes a compartir:
Tomate trinchado con ventresca de atún. A este bien avenido matrimonio lo único que se le pide es la calidad de ambos, como era el caso. En raras ocasiones pido este tipo de platos, que hasta yo sé preparar, pero aún así lo disfruté.
Croqueta de bacalao. Fritura perfecta, justa combinación de patata y bacalao y un toque de pimentón. Textura y sabor, entre las mejores que he probado nunca.
Croqueta de puchero. Croquetas de nuestro cocido, también perfectamente fritas, de interior sabroso, pero algo seco para mi gusto. Acompañadas de una base de humus que ayudaba su ingesta.
Patitas de sepia con cebolla. Guiso tradicional, de los que se cuece tranquilamente en el puchero. En este momento entró a jugar el pan para mojar hasta limpiar el plato de la rica salsa. Tan sencillo y tan bueno.
Dentón con tomate, pimiento y tonyina. El dèntol como lo llamamos por aquí es un pescado que me encanta. Carne prieta, compacta, foliada y muy sabrosa. Acompañado del popular pisto valenciano que como característica idiosincrásica contiene, además del tomate y pimiento, pequeños trozos de atún de ijada en salazón. Constituyó un buen y patrio acompañante al excelso pescado.
Solomillo con revuelto de patatas y morcilla. La carne buena y al punto menos solicitado. Me llamó más la atención su potente acompañante, me quedé con ganas de más.
Crema de calabaza con helado de mantecado. ¡Cómo disfrute con este postre! Nunca había probado esta combinación y me encantó. La calabaza es un ingrediente muy presente en el recetario dulce de Valencia y por otra parte el helado de mantecado (de vainilla) tal vez sea el helado tradicional más popular de la Comunidad. Mi tía Mayte borda este helado y éste estaba a la altura. Me gustó tanto que un día de estos me atrevo a reproducirlo.
Cafés, infusiones y petit fours. Unas rocas de chocolate negro y unas galletitas pusieron punto y final a esta estupenda cena.
Esta cena fue especial, como siempre por la grata compañía, hay que ver que Peña y que “piña” hemos conseguido (Gracias Aurelio, tu eres el “culpable”). También por la degustación que os acabo de contar, pero si algo hizo especial, muy especial esta cena fueron los vinos allí bebidos y especialmente su puesta en escena de la mano de este gran sumiller que es Pep Ferrer.
A excepción del espumoso rosado de bienvenida, todos los demás fueron a ciegas, pensados acertadamente “ad hoc” para cada plato, para cada momento, algunos servidos a tríos, otros a dúos, otros enlazados con los siguientes con un hilo conductor que a priori sólo el propio Pep sabia. Un juego divertido y didáctico que supuso el deleite de los presentes y a la vez una cura de humildad para cualquier aficionado al vino.
Pep Ferrer jugó con nosotros, a sorprendernos, a engañarnos, nada era lo que parecía, bien por la variedad, bien por el origen, o por el estilo de vinificación… Ahí va la secuencia:
Festejar, P. Bouju, Macle, Manzanilla pasada Navazos 50, Pierre Peters “Chetillons” 2005, Gatinois millesime, Pierre Gonon “Les Olivieres” Saint Joshep, Ganevat “Les grands teppes vieilles vignes” 2011, Issue Ribeiro 2010, Acusp 2010, Rousset Peyraguey 2003 “Creme de tete”, Canari.
Todos los vinos de gran nivel y armonizando la comida acertadamente. Si he de quedarme con alguno, sólo con uno, elegiría el Canari una malvasía volcánica procedente de varias soleras (56, 70 y 97) que me seduce por su equilibrio entre dulzor y acidez. ¡Espectacular!
Restaurante muy recomendable en el que encontrarás una cocina local y disfrutarás de vinos de todo el mundo. Siempre salgo pensando que he recibido mucho más de lo que he pagado.
Todo un ejemplo a seguir en cuanto a su buen hacer, vocación de servicio y profesionalidad.
Post completo ilustrado con fotos en:
http://www.vinowine.es/restaurantes/ca-pepico-restaurante.html
Confirmados todas las buenas referencias de este sorprendente restaurante en mitad de la huerta de Meliana. Cocina valenciana clásica, buen producto y buena atención. Y una estupenda RCP. Muy bien comidos y muy bien cobrados.
Los arroces son excelentes pero no van a carta abierta. Cada día de la semana ponen a disposición un par de ellos. Nosotros pudimos elegir entre un arroz de mar que daban la posibilidad de pedirlo seco o meloso y un arroz al horno de bacalao.
Un sitio para no cansarse de ir.
No puedo hablar de las excelencias de su bodega (según parece) porque no pedimos vino.
No voy a añadir ni una coma en lo que atañe al menú, excelentemente narrado por Antoni_Alicante y perfectamente complementado por oscar4435 en las valoraciones inmediatamente anteriores a ésta que nos ocupa.
Únicamente dejar constancia de los vinos con los que Pepe nos agasajó, deleitó, sorprendió, confundió... Los vinos con los que nos volvió locos.
Ahí van:
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Festejar, P. Bouju, Macle, Manzanilla pasada Navazos 50, Pierre Peters "Chetillons" 2005, Gatinois millesime, Pierre Gonon "Les Olivieres" Saint Joshep, Ganevat "Les grands teppes vieilles vignes" 2011, Issue Ribeiro 2010, Acusp 2010, Rousset Peyraguey 2003 "Creme de tete", Canari.
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Un auténtico espectáculo por sí sólo, pero es que además Pepe se entregó escenificándolo.
Cada copa que pasó por la mesa, el muy perrete nos la sirvió a ciegas, poniéndonos a todos a pensar y a opinar. Nos daba pistas, nos tiraba de la lengua (para que la pifiáramos, claro)... Jugueteó con nosotros a placer.
La sucesión, la secuencia, el orden de aparición, fue minuciosamente estudiado obteniendo el éxito merecido.
Comenzó con ese original espumoso, sacó luego tres copas simultáneamente que conformaban un bonito juego (jura sin flor, jura con flor y manzanilla pasada), posteriormente dos champagnes de muy diferente corte, un chardonnay del Jura de nuevo que muchos habíamos catado y ninguno reconocimos, un ribeiro que nadie dijo ni de cerca que era ribeiro, un pinot noir ilerdense que algunos casi ubicamos geográficamente pero ni rozamos la variedad, un magnífico sauternes... y cerró con un malvasía volcánica dulce que casi me tiro de los pelos por no acertar (¡mira que la he catado veces!, arggggg).
Una experiencia sin igual que yo intentaré repetir sin haber pasado previamente a mediodía por ningún otro restaurante, porque Ca Pepico merece exclusividad, frescura de mente, de cuerpo y máxima atención.
Muchas gracias Pepe en nombre de la Peña Gastronómica Los Restauranteros.
Un auténtico placer.
Se puede decir que las sensaciones que pase en casa de Pep , son similares a las que paso en casa de Andres , cariño , pasión y ganas de agradar y hacer las cosas bien , ya van dos y con David , del Camarena , tres personas cuyo nexo de unión además de una buena amistad es su pasión por el vino y esas ganas de trasmitírsela a la gente que vamos a sus casas a disfrutar .
Esta muy bien descrita la velada por el amigo Toni, todos estábamos rendidos, Pep a agradarnos y nosotros a pasar una velada increíble.
Respecto a la comida, decir que los aperitivos eran lo mas arriesgado de la noche, en general no puedo ser muy objetivo, después del homenaje del mediodía así que el buen hacer de Pep y el hecho de que ese menú con esos vinos y ese servicio sea un regalo y que además tuviese el detalle de poner el logo de la peña en el menú, bueno el caso es que todo esto me gano y lo de menos, en este caso son mis apreciaciones sobre la comida.
Me chiflo el alioli .
Gracias desde aquí a todo el equipo del local y a Fer y Ada por escoger y organizar un fin de semana espectacular.
Ca Pepico es uno de esos lugares de los que has leído muchísimo en esta página. Para un "primerizo" como yo, una vez acabada la cena, sólo puedes decir aquello de: sí, efectivamente, así es, tal como lo había imaginado. Nos citamos allí los miembros de la Peña gastronómica Los Restauranteros en aquello que para algunos de nosotros era ya el segundo envite del IV Encuentro de la Peña y otros foreros ilustres de esta web con los que estuvimos encantados de compartir mesa. La liviandad y sutileza del menú tomado a mediodía (llegará el momento de colgar el post correspondiente a ello) facilitó llegar a la cena con apetito, cosa que se agradece en estas “gastro-maratones”. Fuimos un total de dieciséis comensales que llegamos escalonadamente al restaurante, siendo bien recibidos por su propietario, Pep, y recibiendo como acogida una copa de espumoso.
El local es muy agradable aunque supongo que todavía estará mucho más bonito a mediodía con la entrada de la luz por sus grandes ventanales. Decoración típicamente mediterránea con tonalidades claras y azulonas, mobiliario típicamente valenciano y aperos y utensilios del hogar con cierto valor sentimental para aquellos que valoramos la tradición y el pasado. Sorprende encontrar una sala completamente llena en un lugar apartado de la ciudad y en una barriada a la que, o has venido a comer, o difícilmente se entiende que andes por estos lares.
Comenzamos con unas cortezas crujientes de bacalao con allioli: buen snack, apetecible, sobretodo, por el allioli preparado simulando su versión más tradicional. Seguimos con una crema de remolacha con galleta de eneldo: la crema, fuerte en otros restaurantes y cuando yo mismo la preparo en casa, resulta aquí bastante más suave, atenuada la potencia de la misma con algún otro ingrediente (¿calabacín?). Me resulta original la presentación, no por la ollita en si en la que llega servida, sino porqué la tapadera de la misma es la propia galleta de eneldo con su asa “trabajada” y todo. Bonito.
Tras estos pequeños aperitivos llegan a la mesa cestitas con un pan de notable calidad y cuencos con tomate rallado y con el mismo allioli que ha acompañado las cortezas de bacalao. Vicio puro y duro.
- Tomate trinchado con ventresca de atún: Plato de producto con el único comentario posible sobre la calidad de ambos ingredientes: destacable.
- Croquetas de bacalao y de puchero (cocido): Diversidad de opiniones: lo que para uno resultaron de sabor intenso, para otro era con demasiada sal, donde uno opinaba que resultaban apetecibles en boca, otro las encontraba un pelín secas… A mí me agradaron pero reconozco que no soy para nada doctor en materia “croquetil”.
- Patitas de sepia con cebolla: Guiso tradicional de ambos elementos con un resultado notable. La combinación del caldito del guiso con ese pan casero da por resultado un bocado digno de dioses.
- Denton con tomate, pimiento y atún. Empezamos por el final: la guarnición, esta especie de pisto, es agradable. Sobre los lomitos del pescado, nuevamente diversidad de opiniones, sobretodo alrededor del punto del mismo. Atribuyo al debate al hecho de presentarse tacos de diferente grosor en unos y otros platos e imagino que, al haber dado a todos ellos un mismo trato, algunos quedaron más hechos que otros. El que por suerte me correspondió estaba rico y sobretodo me alegro reencontrarme con un pescado que no probaba de hace tiempo.
- Solomillo con revuelto de patatas y morcillas: plato sencillo con una carne con buen punto (me lo pedí punto – ) y una guarnición poco habitual que le iba muy bien.
- Crema de calabaza con helado de mantecado: se puede resumir en un solo adjetivo: deliciosa. Observaran aquellos que lean esta valoración y las demás que posteriormente colgaré sobre los otros restaurantes que hemos visitado en el encuentro la notable calidad de los postres degustados en todos ellos. Generalmente me defino como “no muy de postre”, pero en este finde los ha habido de muy muy buenos. Tal vez se está rompiendo un poco aquel tópico de que en la cocina española se descuida un poco la parte de los postres en aras de los platos salados. Muy bueno ese mantecado que me transporto gustativamente a los helados de la infancia.
Mi valoración sobre Ca Pepico se va a centrar en la “parte sólida” de la cena pero tal vez quien más protagonismo tuvo en ella fue el maridaje de vinos con el que nos obsequió Pep y que hizo las delicias de muchos de quienes compartimos mesa. No me veo capacitado ni para recordar ni para comentar los vinos degustados. Valoraré no obstante el servicio del vino con la máxima nota atendiendo a aquello que escuché de boca de mis ilustres acompañantes y una vez visto el despliegue de copas (impresionante), la variedad de los vinos, la temperatura de los mismos y la maestría y simpatía de Pep a la hora de presentárnoslos. Dejo en manos de otros foreros mucho más versados, la narración de la experiencia enológica que compartimos.
Del mismo modo, valoraré excelentemente la RCP pues me atrevo a vaticinar que el precio de este festín, especialmente por aquello que se refiere a los vinos, es bastante más alto de lo que pagamos al final. Fue una muestra de cariño muy a tener en cuenta de parte de Pep para muchos de los comensales, amigos y clientes habituales y para quienes les acompañamos en esa velada.
Increíble restaurante en el barrio de Roca, en todos los sentidos, tanto en la comida como en el trato al cliente, y destacar el buen hacer y el cariño al vino que le da Pepe.
Tomamos unos entrantes y seguimos con un arroz, sublime, de conejo. Producto valenciano desde la cerveza hasta el agua.
Precio más que asequible, sala típica valenciana que le da ese toque especial.
Consiguieron que me trasladara a mi infancia, enhorabuena por el buen hacer.
Hacía tiempo que no visitábamos esta casa referente en cocina valenciana y enclavada en la comarca de L´Horta Nord. La conjunción perfecta de astros propició que nos presentásemos a cenar con el ánimo de disfrutar de una gran experiencia.
Me resulta absurdo comentar el entorno al releer algunos comentarios previos como el del compañero Kopicki y al que os remito por la magnífica fotografía que realiza sobre esto. En síntesis, podría decirse que se respira aire tradicional valenciano por los cuatro costados con la huerta, que tanto nos ha dado y quitado, como telón de fondo.
Una vez acomodados, dos cañas de Turia de barril que me supo mejor que la que recordaba de botellín. En la mesa ya había tres pequeños cuencos con tomate fresco rallado, sal en escamas y all i oli del de verdad de la buena.
Tras pactar la comanda y aconsejándonos retirar un plato de la misma dado lo “ansiaviva” que podemos llegar a ser, la cosa quedó así, todo al centro:
A modo de aperitivo una Crema de Zanahoria con su Crujiente que viene a ser un anticipo del manejo que tienen en esta casa sobre los productos de la huerta que rodea al restaurante.
Esgarraet. No sabría cómo traducirlo. Se trata de una mezcla de tiras de pimiento rojo, entreverado como diría mi padre, asado al horno con salazón de bacalao, ajitos y AOVE. En el producto está la clave de este plato y aquí no se andan con minucias en ese sentido. Carnoso el pimiento, fino el bacalao, ajo contenido y aceite de primera. Mezcla explosiva.
Croquetas de Bacalao. Delicada fritura como cobertura con un interior de consistencia cremosa hacia pastosa, suave y con un fondo “bacalaero” imposible de expresar en palabras. Sí o sí, hay que probarlas. Innegociable.
Croquetas de Puchero. De costra más corpulenta y muy buenas también pero la sombra de las anteriores era muy alargada. Venían sobre una base de hummus que sumaba al bocado. Comparación odiosa.
Patitas de Sepia con Cebolla. Guiso espectacular de otro clásico de la zona. Ternura en la carne de la sepia cuyo acompañamiento, con esa cebollita que ha ido reduciendo sin prisa alguna al fuego, no hacía más que acrecentar la potencia del bocado. Lágrimas de felicidad.
Entrecot de Vaca. Nos encontramos nuevamente ante buena materia que necesita la mínima manipulación. Bien de sabor, tierna a tope y punto solicitado. Lo acompañamos de unas Alcachofas como guarnición, que aún estamos de temporada y para mi son fetiche. Control.
Milhojas de Crema. Postre compartido y por el que casi al final hay disputa con las cucharas como arma del duelo en la mesa por lo rico que estaba. Completo.
Un muy buen café con unas galletitas a modo de petit fours completaron la experiencia.
El pan servido en una cestita consistía en una caliente chapata muy tierna y sabrosa que dio mucho juego tanto con el esgarraet como con la sepia y una rebanada de pan ancho de pueblo.
Es un disparate, dado nuestro desconocimiento sobre el tema, ponernos a mirar la amplia lista de referencias en materia de vino… y en esta casa, ni te cuento! Tras pedirle un blanco que le fuera bien a la comanda nos sacó al menos ocho botellas para escoger… y al final un rosado… nunca aprenderé, me dije. Concretamente L’Anglore 2011 Nulle part ailleurs, Vin de France Rosé, completísimo, fino, sutil, lleno de matices y que se adaptaba a los platos conforme salían con una pasmosa facilidad. Esto añadido a esos pequeños grandes detalles y juegos que propone Pepe… que si un palomino del Bierzo por aquí… que si un chenin blanc por allá… pues redondea la experiencia que pueda tener uno en cuanto a vinos en esta casa. Al menos, colma las expectativas de un servidor.
En resumen, pienso que acercarse a Ca Pepico enriquece a uno. A poco que te muestres receptivo te calas de las condiciones que caracterizan a esta casa y que destilan por cada rincón. Humildad, respeto, trabajo, profesionalidad, amor a los orígenes, conocimiento y esencia, aderezados con una pizca de humor y empatía para tocarte la fibra. Cuando te despides y sales por la puerta salta como un resorte en tu cabeza una idea y una decisión… aquí volveré pronto. Me pasó a mí y sé que le pasa a mucha gente. Así que a continuación, con media sonrisa en el semblante me dije... Pepe ha vuelto a conseguir su objetivo… el molt lladre (el muy ladrón).
Milhojas
Patitas de Sepia con Cebolla
Esgarraet
A pesar de reciente visita, el ir con alguien que no conoce el sitio es un disfrute añadido por verle sorprenderse por todo: la ubicación, la decoración, la comida, los vinos y hasta por el propio Pepe y su cercanía y conocimientos. Nos hace jugar con los vinos, nos hace equivocarnos, nos sorprende desde la entrada con algún vino de aperitivo hasta la salida con algún dulce que te descoloca.
Para quedar bien y además sorprender, es un seguro.
Lunes y local lleno a medio día. Mesa para tres. Aperitivo de una cremita de zanahoria con su crujiente y acompañado de Una Palma, mientras miramos carta de comidas y carta de vinos. No sé para qué pues al final vamos un poco a lo que nos orienta que es la forma de elegir mejor.
Entrantes al centro: croquetas de bacalao y puchero, uno de cada, perfectas de fritura y buenas de sabor. Sepia encebollada, no está en carta pero si hay, no conviene perdérsela. Anchoas de buen tamaño y carnosas. Ya habíamos elegido un plato cada uno, pero no resistimos a probar una sardina de bota, pasada por el fuego y que no es aconsejable para hipertensos pero era un recuerdo de niñez difícil de resistir.
Optamos por la opción de arroz de cigalitas, calamar y alcachofas. Muy buen punto del arroz, bien de sabor, en la presentación quedaba pobre una cigalita por persona ya que era cigalita y no cigala.
Postres también para probarlos: fresones, milhojas tan bueno como difícil de comer, y helado de mantecado; todos más que correctos pero quedaron eclipsados por los vinos dulces que Pepe nos dió a probar. Un lujo.
En el apartado de bebidas y además de una cerveza fueron dos copas del mencionado Una Palma. Para la comida un Gallinas & Focas 2010 y en los postres un oporto Niepoort LBV 2009 y un Barbeito 10 una malvasía reserva velha extraordinaria.
Unos cafés y una "charraeta" y hasta otra.
Comida dentro del programa Verema y como local recomendado con menú establecido y con el fin de que el tiempo no se volviera en contra, aceptamos el menú con los vinos que nos propusiera Pepe.
Compartimos local con insignes veremeros, incluso allí nos enteramos que el ganador del desafío también estaba allí, y es que ser un candidato a local que mejor trata el vino (y además a buen precio) siempre es garantía.
Cinco comensales, tres firmas de Verema, con ganas de poner algo sólido entre cata y cata y comentando que subir (y hablar) para recoger premio podía convertirse en algo dificil después de tanta cata, pero como no eramos los únicos allí sentamos con el mismo problema, pues ya veremos como acaba la fiesta.
Sobre la mesa un aperitivo por cortesía de la casa: pan (demasiado bueno) con tomate, all i oli muy suave y denso para comer casi sin pan (total no creo que bese a nadie en las próximas horas) y aceite de buena calidad, Envero con buenos amargos.
También una entrada extra por cortesía: crema de hervido valenciano servido en pequeña olleta simulando las ollas antiguas, muy buena aunque servida demasiado fría y poco densa.
Unas cervezas y algo de agua, de entrada para iniciar.
Entrantes: tomate trinchado con ventresca de atún; ambos bien.
Croquetas de bacalao y de puchero, una para cada uno, de buen tamaño y buen sabor.
Alcachofas plancha, sencillas, bien hechas y buena ración.
Calamar salteado con habitas: bueno pero sencillo.
Añadimos un extra a petición popular: sepia encebollada; lo mejor de todo, por algo lo añadimos como extra. Acabó faltando pan para mojar la salsa.
Se acompañaron de Les Chalasses Vieilles Vignes, un côtes du Jura, un chardonnay 2011 que estuvo bien.
Hay que elegir algo y era un segundo; las opciones eran fideua de verduras y jamón ibérico, un voto. Arroz meloso de mar: descartado; bueno pero se quedó corto ante la última opción: Arroz de pato, para cuatro, servido en caldero y un poco al dente para que el último cucharon, el mejor, esté aún bueno; caldoso con buena cantidad de pato y buen fondo de caldo; se podía repetir y así lo hicimos. Un éxito.
Se acompañó de un extraño, casi clarete, Bourgogne Trapet 2011, muy light y que el pato se lo comió.
De postre, lo que hace terminar bien la comida: chocolate, bueno agradable, no empalagoso y apoyado por un buen vino dulce turbio, sorprendente: Vigna del Volta 2007, una malvasía espectacular.
Al final, con los cafés un aparente rosegon (no me convenció) con sensaciones como las galletas danesas; pero la compañía me encantó: Fondillon de Alicante Gran reserva de Primitivo Luis.
Lástima no poder disfrutar de un rato de conversación con Pepe, que iba de mesa en mesa pues entre las de Verema, la de los Remirez de Gamuza, y los clientes habituales, estaba todo más que lleno.
Corriendo de nuevo al encuentro que Pago de Carraovejas nos espera.
Un arroz espectacular y un helado de mantecado con sopa de calabaza de impresión. Todo un placer.
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