Mi mujer, que fue al restaurante por primera vez una o dos semanas antes, pensó que era el sitio ideal para celebrar mi cumpleaños en la intimidad (no soy de grandes celebraciones).
Al llegar pudimos aparcar en la puerta con facilidad, ya que, al estar en una urbanización y contar con un buen espacio de aparcamiento, incluso con el restaurante lleno (apenas quedaron mesas libres) sobra espacio.
El recibimiento fue atento y amable, pero lo que más me impresionó fueron las magníficas vistas de su gran ventanal, desde el que se veía valencia al fondo y se adivinaba el mar.
Pedimos el menu de calçotada (mi mujer insitió en que tenía que probarlo) y, aunque comencé con una cerveza, rápidamente empezó a venir la comida. Los entrantes (especialmente el ajoaceite de membrillo) me encantaron, pero lo que verdaderamente me impresionó fue el tamaño de la fuente de calçots. Nos explicaron la mejor forma de comerlos, y nos pusimos a ello. Llenamos varios platos con las hojas sobrantes que eran retirados de inmediatos por los camareros. Tres de ellos estaban constantemente atentos y serviciales a nosotros, de modo que siempre había alguno disponible cuando se el necesitaba, lo que ocurría pocas veces porque normalmente nos preguntaban ellos mismos en el momento exacto.
Aunque creí que no podríamos con la fuente, no pudimos parar de comer. Luego vino la carne. Me gustan mucho los asadores, y para mi el punto de asado era espectacular.
Finalmente y sin que mi mujer lo hubiese pedido el postre vino con velas de cumpleaños y canción.
Sin duda la atención prestada, los detalles adicionales que tuvieron con nosotros (a pesar de que la celebración era de solo dos personas) y lo buenísimo que, personalmente, me pareció que estaba todo, me hicieron sentir acogido como si fuese un cliente de toda la vida.
Volveré.
Nosotros celebramos el banquete de nuestra boda el 20 de Septiembre, y todo salió perfecto, la carne estuvo exquisita vamos que todo el mundo salió contento y con la tripa bien llena ya que las raciones estan muy bien de tamaño, en cuanto al trato fue muy bueno tambieb estuvimos en contacto desde las 2 semanas antes de la boda y el dia anterior pudimos llevar nuestras tartas que luego nos decoraron ellos en una mesa. Nosotros desde luego volveremos porque hemos quedado encantados asi que recomiendo a quien tenga alguna duda que vaya porque merece la pena, carne exquisita, trato perfecto y precio muy asequible, para mi gusto y de los que fuimos estuvo de 10.
Difícil de encontrar, y recibimiento frio e impersonal. Las raciones son muy dispares en tamaño unas normales y otras escasísimas para su precio y la carne que pedí poco hecha vino al punto de carbón... me pareció una mezcla de bar de carretera con restaurante de postín muy poco acertada. El tiempo que perdí en encontrarlo y la relación calidad-precio no me mereció la pena… tiempo perdido.
Local con los inconvenientes de acceso ya descritos y más por la noche, ya que está metido en una urbanización. Luego merece la pena por la vistas desde el comedor. Estábamos solos, así que nos prepararon una mesa de 6 para empezar y otra para rematar, lo cual es muy de agradecer.
En la primera mesa: mientras llegabamos todos, unas jarras de cerveza de presión correctas, un par de fuets y cuchillo para cortar e ir empezando. El último comensal se retrasó y hubo que sacarle otro fuet, porque ya nos habíamos comido los dos que habían en la mesa.
Un buen pan tostado, unos tomates partidos, ajos en cantidad suficiente para auyentar a un ejercito de vampiros y un muy, muy curioso ajoaceite de membrillo que estaba bueno y un buen aceite: Camino de Anibal de arbequinas. Empezamos en la bebida tras dos intentos fallidos de vinos de la carta (ya avisó que había fallos), carta muy clásica, con una recomendación Martin Cendoya Reserva 2005, gran vino, y puesto a precio del primer fallo, con lo que ganamos por bueno y por desconocido. UN par de platos de jamon bien sin más, un plato de morcilla de Burgos que estaba un poco demasiado dulce y alguna especia (¿canela?) que mareaba el sabor. Ya vienen los caracoles a la llauna con su punto de ajoaceite suave en cada uno de ellos, bien pero me gustan más secos.
Se acaba el vino y tras entrar en la pequeña bodega veo que hay cosas interesantes como el último bobal de Hispano Suizas, algún Marques de Riscal 150 aniversario... pero no todos los comensales son de gastar dinero en vino y sí más en comida, así que moderación: Marques de Riscal Reserva 2008 para los calçots; fueron al final, 4 tejas grandes para 5 ya que el sexto solo come verdura procesada por algún animalito, y se pidió un surtido de quesos.
Los calçots de buen tamaño, poco fibrosos, bien hechos y con una salsa romescu con poco tomate y poca almendra, pero más suave; tras comer calçots hasta que quieras, te liberas de babero, guantes y desperdicios que has ido dejando y nos cambian de mesa.
En la segunda mesa ya teníamos abierto el siguiente vino: Carmelo Rodero crianza 2010. Un fuegito bajo una pequeña plancha, para un chuletón de vaca para el esquirol de los calçots, pero que probamos todos y fué de lo mejor que se puso en la mesa.
Continuamos la calçotada: una enorme fuente llena de las alubias, buenas y tiernas, con un poco de morcilla deshecha para acompañarlas (hubo quien no le gustó la mezcla), longaniza (morcilla blanca catalana) buena, bien especiada, lástima el plástico en lugar de tripa, patatas asadas con pimentón rojo, frías pero que calentamos en la plancha de la carne y unas buenas alcachofas hechas a la brasa.
A continuación un plato de chuletas con poco palo y con menos hambre.
Unas naranjas de postre y una crema quemada normalita, con sustitución del caramelo quemado por un rosegon de difícil masticación. Unos orujos de hierbas bien fríos, unos cafés y el agua para empujar la comida, completaron la fiesta.
La calçotada en general no es barata, quizás porque suele sobrar, pero los calçots estaban buenos, siendo el resto de la comida correcta sin más. La carne del chuletón sí estaba buena.
Buen servicio en mesa, gran detalle de cambiarnos de mesa para seguir, agradecer las oportunidades de vinos fuera de carta, constante servicio de vino en copa, amabilidad y profesionalidad, y desear que los fines de semana permitan vivir el resto de las noches.
Un lujo hacer una calçotada, ni mejor ni peor, sin hacer kilómetros. Los calçots de cultivo propio.
Eramos 4 personas a comer el menú calçotada. La anterior que recuerdo la comí en Valls en un restaurante que no recuerdo el nombre pero se enorgullecía de ser la cuna de las calçotadas… el recuerdo era realmente bueno y el listón estaba alto.
Los entrantes: una tabla de madera con un fuet y un cuchillo. Corte al gusto de los comensales. Todo dentro. Ñam! Acompañado de pan tostado, buen aceite y sal, medios tomates para untar en el pan, y un curioso ajoaceite de membrillo que estaba delicioso. En esta parte tomamos cerveza para beber.
Tras este llegan las tejas de calçots con una salsa romescu espesa y de buena elaboración. Los calçots no tiene límite (como debe ser), repites cuantos quieres y al final nos engullimos una teja de 25 por cabeza (4 tejas en total). MUY ricos!
Con el estómago dando señales de estar saciado llega una bandeja de patata cocida con ajoaceite, mongetes con tocino y morcilla desmigada, longaniza blanca a la brasa, chuletas de cordero y unas alcachofas al horno de aplauso. Cogemos carrerilla, respiramos y damos buena cuenta de la montaña de comida. Buffffff!
Nos toman nota de los cafés, y entre tanto nos deleitamos con una crema catalana estupenda y una naranja del terreno que pelas y comes si te apetece. Luego ya el café acompañado de un licor de hierbas (te dejan la botellita y tu mismo hasta que se acabe).
Los cuatro hemos coincidido en que es una "Calçotada Experience" completa y con nada que envidiar a las de Valls.
Como en anteriores comentarios local bastante dificultoso en su localizacion. Mediodia 2 personas menu calçotada, quizas el unico local que se pueden comer calçots en valencia, buenisimos. El menu consistente en pan tostado,unas habas del terreno, los calçots con salsa romescu de buena elaboracion, continuamos chuletitas de cordero, un platito de patatas asadas con alcachofas y unas monchetes con butifarra de buena elaboracion, naranjas y una crema quemada que me gusto. Bebimos un Cuna de Reyes que estuvo muy rico para la comida. Unos cafes y un licorcito y una comida muy correcta.
El servicio fue pésimo, continuamente debíamos recordarle a la camarera que nos faltaban cosas.
La comida nada del otro mundo, unos chipirones en su tinta con ajetes y habas que estaban excesivamente caldosos. De sabor no estaban mal, aunque algo sosos para mi gusto. La ración de chistorra fue generosa, estaba bien torrada y era suave, sin repetir demasiado. El pan tostado con tomate estaba bueno.
De plato principal pedimos un entrecot que ni era entrecot ni era nada: un filete de ternera más fino que algunos que he visto en Mercadona. Dos solomillos con salsa de setas y foie. Uno de los solomillos era de un centímetro de altura. El otro lo pedimos poco hecho y salió bastante pasado. La salsa estaba buena. Se pidió otro solomillo al punto, que estaba bueno, y bacalao a la brasa, que al llegar a la mesa tenía un pelo y lo cambiaron.
El primer bacalao que trajeron estaba en un solo plato, con su doradito de la brasa. El segundo, que tardaron menos de 10 minutos en traerlo, venía con otro plato debajo, porque el primero ardía, y estaba blanco blanco, además de insípido. Pensamos que lo habrían hecho al microondas o que lo meterían en el horno, pero desde luego, no había tocado la brasa.
Los postres, bueno, las raciones grandes, pero dejaban bastante que desear, especialmente la crema quemada, que parecía unas natillas aguadas. Los nísperos, el flan de chocolate blanco y el de café correctos.
Y para colmo está muy mal indicado, los carteles deberían colocarlos un poco antes, no me extrañaría que algún día hubiera un accidente al saltarse la salida.
Cenamos seis personas, cuando conseguimos encontrarlo porque está muy mal señalizado. Pedimos calçots al centro, muy ricos. Luego, una amplia variedad de especialidades pues preferimos pedir dos entrantes cada uno que un solo plato para, así, poder probar más cosas.
Nos gustó todo lo que comimos, aunque las raciones están muy descompensadas. Unas son muy pequeñas (el canutillo de buey) y otras enormes (el bacalao o los chipirones). Bebimos Solo, de Aranleón. Excelente.
El precio tirando a caro, la verdad. El vino, no, el vino estaba ajustado de precio. Pero ya sabíamos que es un sitio que se paga.
¿Lo peor? Durante la cena teníamos en el salón contiguo un bautizo. Con música a un volumen de pub; rifas, cruces de comentarios de los invitados por una megafonía que evitaba cualquier atisbo de conversación. Varias veces pedimos que bajasen el volumen. Nos respondieron que era imposible.
Un sitio que cobra alrededor de cuarenta euros por comensal no puede estar en la indefinición entre restaurante y sala de banquetes, y convertir una cena exquisita en un ataque de nervios.
Local situado en la carretera Manises-Ribarroja dentro de una urbanización de complicado acceso.
Diez comensales para comer un sábado de Agosto. Local decorado como un típico asador castellano.
Mesa enorme, correctamente vestida y trato amable.
Para compartir:
- Embutidos ibéricos
- Esgarrat con mojama y queso fresco
- Puntilla
Como platos principales, fideuà de fideo fino con cigalitas y varios entrecottes y solomillos.
Los entrates me dejaron un poco frío, embutido justo de calidad y el pimiento del esgarrat no sé si es que estaba demasiado frío o que era de bote. La fideuà de excelente sabor y los solomillos muy ricos.
Para beber refrescos, cervezas y un botella de Albariño Pazo de Barrantes, correcto, servido con cubitera.
platos, mantelería y coperío correctos.
Postres para compartir, fuente de fruta y fuente de pasteles y helados, ni bien ni mal.
Cafés.
No pagué pero creo que barato no debió de ser.
Velada agradable con familia.
El restaurante está ubicado dentro de una urbanización y a pesar de los carteles indicativos no es fácil llegar. Dentro se nota que han pasado los años, co un ámplio local decorado con un estilo rústico. Tomamos el menú de Calçotada, nada que envidiar a los de Valls. En el centro de la mesa el fuet, queso, jamón, chorizo y un membrillo con sabor a alioli (sorprendente). Luego los calçots servidos en la teja con la salsa romescu (demasiado ligera pero de buen sabor). Seguidamente alcachofa a la brasa con patata y alioli. Deespués el plato las butifarras y chuletas de cordero a la brasa con las mongetes. Para rematar unas cazuelas de crema catalana. Todo ello regado con cava Juve Camps incluyendo finca antigua tembién en el menú, aunque elegimos Ánima Negra que estaba a un buen precio.
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