Curioso y precioso lugar, un jardín botanico mediterráneo al aire libre en el corazón del Empordà, a 10 minutos del mar. El restaurante está concebido como un invernadero, las mesas ocupan la mitad de la superficie y la otra mitad es un pequeño jardín de plantas de interior. Rebosante de luz natural, perfectamente climatizado y con música clásica de fondo, es un lugar muy especial. La comida es representativa de la zona, simple pero muy buena. La carta de vinos es muy escueta pero todas las referencias son actuales. La crsitalería y el servicio del vino son muy simples, aunque todo el conjunto se muestra muy familiar. Alrededor del jardín han plantado viñas, con las que pretenden elaborar vino para el restaurante y los excedentes se pondrán a la venta. Muestran pasión en éllo, y promete. Después de una charla de vino, sacaron (casi en secreto) una botella de vieja garnacha dulce elaborada por la familia, realmente sensacional. Se puede comer por 25€ (con vino).
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