Restaurante –hotel, en un pueblo del sur francés, con aparcamiento propio, edificio clásico de la zona, con terraza y 2 comedores amplios, acogedores y con decoración acorde del lugar.
Nos acomodamos en una mesa amplia y bien vestida 3 comensales, al lado de una ventana con los Pirineos al fondo, tras una recepción adecuada.
Solo se ocuparon 3 mesas.
Carta de vinos, con varias zonas de Francia (solo de Francia), con precios ligeramente altos. Copas discretas y servicio del vino muy escaso: abrir la botella y ahí la tienen ustedes.
Tomamos Chateauneuf-Du 2007, Domaine de Nalys: 30 euros.
Carta 3 tipos de menús y a la carta. Optamos por un menú de 28 euros, tras tomar unos Oportos blancos de aperitivo.
Pate de anchoas y capuchino de champiñón: el paté bueno en sabor, presentación y textura, el capuchino no me dijo nada ni en un sentido ni en otro.
Paté de codorniz, bueno notándose que nos encontrábamos donde bordan este plato.
Solomillo, fileteado con pimienta, acompañado de puré y coliflor: buena presentación, punto optimo, carne de nivel y por tanto gustó mucho.
De postre tarta Tatin, que no era la típica, pero en la misma el chef se lucio.
Un café y dos calvados cerraron la comida.
Se pago al final 133 euros.
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