A mi me ha decepcionado. A ver.. por supuesto no habia nada mal, pero considero que cuando pagas 200€ por persona ( si te gusta un buen vino lo pagas con ganas) el restaurante tiene no menos que maravillar. El menú de degustación me impresiono en algunos momentos ( destacaría un parmentier con tòfones) i en cuanto llegó el plato principal ( el último del menú para entendernos) quise probar el conejo. A mi el conejo no me emociona especialmente, pero como ya me había ocurrido en otros restaurantes de este nivel, a veces pides una cosa, que no es lo que más te gusta y esta maravillosamente ejecutada. Pues la verdad.. no me maravillo en absoluto. Era un plato vulgar para un 3*. El resto de segundos, los probé y no solo estaban hechos todos con la misma salsa ( cosa imperdonable para mí) sinó que no aportaban nada a lo que se entiende que te debe aportar un restaurante de esa catégoría.
Un mal día¿?¿ quizás sí, pero creo que un 3* no se puede permitir un mal día.
Evidentemente no deja indiferente a nadie. Yo he estado tres veces , de las cuales puedo valorar como excepcional, decepcionante y la tercera bastante bien. Esto es lo que no se puede permitir a un restaurante tan estrellado. No concibo tampoco que en un menú degustación, haya determinados platos en los que se debe pagar un sobre precio expectacular, no existe ese sobreprecio en el costo de la materia prima ni en su elaboración. tampoco me parece bien que después de pagar 180€ por persona, te cobren 5€ por café. Excelente bodega, pero con precios inaceptables, así no puedes beber vino.
Después de visitar en las últimas seis semanas cuatro de los cinco restaurantes triestrellados por la Guía Michelín 2006 en España, me rindo ante Can Fabes. La comida es magistral. Al Sr. Santamaría no le mueve la necesidad de sacudir al comensal con demostraciones de tecnología, ni utiliza con profusión ingredientes que son ajenos a nuestra cultura culinaria. Lo que se encuentra en los platos de Can Fabes es Verdad gastronómica. Todavía babeo recordando los sepionets con macedonia de verduras y butifarra, o las espardenyes con espárragos silvestres, o los ceps con tuétano, o el excelso pato Mieral con cebollitas,... El servicio del vino es sencillamente perfecto porque Can Fabes cuenta con el mejor sumiller de España, Juan Carlos Ibáñez. Su selección de copas Zwiesel 1872 es un enorme acierto. La carta de vinos contempla lo mejor del panorama vitivinícola mundial y es de un manejo sencillo por ser muy intuitiva. Los precios de los vinos son ajustadísimos (que alguien me diga que pagar 85 € por un Dalmau 2001 es caro). Para redondear la oferta de semejante Meca gastronómica, la decoración contempla lo actual (de la mano de Francesc Rifé) y lo tradicional. El Espai Coch y la bodega son obras maestras de la decoración actual aplicada a restaurantes. Can Fabes sigue siendo, a mi entender, el mejor restaurante de los que conozco (y no son pocos) y Santi Santamaría el cocinero con el que me identifico, por erudición y filosofía.
Decepción ante las expectativas despertadas por este clásico de las Michelines. Los aperitivos ni los recuerdo, los platos correctos sin mas y los postres carentes de personalidad. Respecto al vino, floja la calidad de servicio (te lo dejan a 3 metros de distancia y el ritmo de servicio en ocasiones decae).
En definitiva, pasará el tiempo, nos olvidaremos de lo que comimos pero, en cambio, nos seguiremos acordando del importe de la cuenta.
Coincido con algunos de los comentarios anteriores: se han dormido en los laureles. Segunda visita a Can Fabes y constato los mismos detalles (negativos) de la primera vez. El servicio es flojo (con errores imperdonables, como el "racionamiento" de la selección de panes o el "olvido" de servilletas limpias cuando nos fueron retiradas antes del postre). Respecto a las elaboraciones, el pato está duro y el postre poco cuidado (bizcocho de plátano con una sopa de melocotón ... en almíbar!). La carta de vinos está disparadísima y es poco imaginativa. Optamos por el cava recomendado y no es digno de aplauso (demasiada burbuja, poco interesante en aromas, cabezón!). Para repetir en el Espai-Coch, pero no merece la pena pagar Can Fabes. Actualmente no se gana las Tres Estrellas.
Acabo de venir de cenar en cam fabes, y solo puedo decir una cosa si dios fuera cocinero seria el señor santamaria, PERFECTO.no entiendo nada estos comentarios crueles que le hacen, lo suyo es un arte y cada uno pone precio a su trabajo, otros por darle pataditas a un balon en pantalon corto 90 minitos al la semana les pagamos autenticos disparates y esos no saben ni hacer la o con un canuto, y a eso no ponemos pegas, un poquito de por favor señores, que este hombre es un GENIO. la comida estuvo de diez, y el nos atendio personalmente. maravilloso perfecto el mejor de españa sin lugar a dudas, efectivamente le deberian revisar las estrellas michelin y si can roca tiene tres este deberia de tener seis. ole santi
Por favor, cuanto ruido que hace este suelo de parquet!!! y el servicio super ruidoso también,todos los camareros corren incluso el Mâitre ( le llaman el Mâitre)pero no te incita a pedir nada sólo que te des prisa a elegir. Para mi, la cocina de los no sabores, evidentemente el Sr. Santamaría no se encontraba, lógico ya que tiene que hacer mucho marketing y fama mediática para que la gente venga. Es una pena, recuerdo cuando tenía una estrella, era inmejorable, la perfección y el chef siempre al frente y controlando. Ahora ya tiene el nombre y a dormir y ganar dinero, espero que rectifique o vaya dónde se merece, abajo. La comida, mejor no hablamos que me irrito. Perdonen mi dureza, pero parece que tenemos que decir amén a todos estos personajes que ya no cocinan sino que experimentan sin razón y sin juicio. Ya está bien de tanta tomadura de pelo.
Can Fabes es un gran restaurante pero tiene defesctos como todos, y los cuales debe mejorar. La carta de vinos es exageradamente cara, y su servicio deja mucho que desear. El señor Ibañez tendria que ponerse las pilas y mejorar el y su equipo. Mi ultima visita al restaurante comi deliciosamente (como siempre) pero me encontre con un nuevo sommelier frances que dejava mucho que desear ( ¿donde esta su antigua ajudante?) y poco comunicativo en referente al mundo del vino. Pero finalmente la critica es buena para mejorar.
Antes de escribir, he consultado los comentarios en Verema sobre Can Fabes y realmente estoy anonadado. Mi opinión se resume en que es el mejor restaurante de España y uno de los tres mejores que conozco. Esta última visita (vigesimotercera cena en Can Fabes) atestigua una vez más que la aparente sencillez de los platos esconde una complejidad técnica y una profundidad gustativa excelsas; que el producto que maneja Santi Santamaría es el mejor; y que el respeto que se aprecia por la tradición culinaria catalana es el cimiento sobre la que se asienta un sólido edificio gastronómico desprovisto de artificio. El servicio del vino es perfecto. Las copas Zwiesel-1852 son el continente perfecto para los vinos que tomamos (Remelluri blanco 2003, Sot Lefriec 2000 y Clos Mogador 2001) Además, el entorno decorativo de la nueva sala del Relais Gourmand, del Espai Coch y de las habitaciones redondea una oferta gastronómica insuperable. Dormir, después de la formidable cena, en las habitaciones de este sitio acunado por sábanas de hilo y despertar con un desayuno con Jamón Ibérico de bellota y cava Cuvée Santamaría.
Can Fabes no de ja de ser un mito en la restauración de este país. Así tanto que se lo tienen un poco creido. De hecho he comido en mejores restaurantes y no tienen tanta resonancia. Comencemos. Estuvimos media hora para encontrar parking yaq ue ni en los alededores ni cerca el local hay indicación de algún parking del restaurante. No se si es que no tiene o que? El local no esta nada mal, aunque muy ruidoso ya que el parquet y los el maneje de platos que vienen de la cocina era exageradamente molesto. En la sala donde estuvimos había un lavabo para unas 20 personas hombres y mujeres, el mismo. Dentro de éste habían goteras y na palelera muy ordinaria. Nada más que contar sobre eso.
La comida físicamente muy simple pero con una gran técnica refinada. Trabajan con los mejores productos. El vino estuvo muy bueno y sin excesos de precios ya que habían de todo tipo. El servicio muy buenos pero poco discreto.
Aquel día Santí Santamaría no se encontrava en el local. Pero eso sí, nos regalaron el vino, una visita por la cocina y las instalaciones.
Quizá al salír me sentí un poco decepcionado, pero al cabo de los días te das cuenta que la perfeccion de los platos no te la encuentras en muchos sitios.
El precio nada que decir ni caro ni barato si me tuviera que decantar diria que muy correcto.
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