Tomando una copa con… Jaime I. Jiménez
Una virtud de tu persona: La curiosidad que me lleva a descubrir cosas nuevas en gentes y objetos todos los días.
Un defecto de tu persona: El mismo afán por descubrir, me hace no ser todo lo constante que quisiera. Me apasiona la Mar y la he dejado aparcada momentáneamente por la gastronomía. Me gusta leer y tengo quince o veinte libros al retortero sin acabarlos. Me siento culpable por todo ello.
Una virtud que valoras en otra persona: Que sea buena persona. Independientemente de inteligencia o capacidades.
Un defecto que detestas en una persona: Los radicalismos en cualquiera de sus facetas. Paradójicamente y gracias a los radicales, me veo como un radical antiradical.
Un vino blanco: Uno. Qué fácil es hacer preguntas, Jordi. En muchos casos, un chardonnay galo, un riesling teutón o un palomino hispano, son más que vino blanco para mí. Son sensaciones.
Un vino rosado: Cualquier Borgoña “tinto”.
Un vino tinto: Cualquier vino sincero y en momento óptimo de consumo. (Dime una docena de reservas que hayan salido este año y que cumplan esas condiciones, valiente). En cualquier caso me quedo con una cosa cercana: Pago de Carraovejas Reserva 2004 (Bebido en 2009, no en 2008).
Un cava: No conozco demasiado los Cavas. Una borrachera de Dubois a los doce años puede marcar a una persona en contra de cualquier cosa espumosa durante toda una vida. Me gustaron mucho el Celler Batlle del 2000 de Gramona y el Recaredo Reserva Particular 2001 de la cata del pasado Encuentro ‘09 y en otra línea, también me gusta un champenoise de Toro que hace Liberalia bajo el nombre de Ariane.
Un champagne: Bufff ¿Un Gonet Cuvee Jordi Melendo sonaría muy partidista? Muy rico y reseñable tu vino. Aunque en lugar de honor de «mi» Olimpo se encuentra un Dom Ruinart Rosé de 1996 de esos que emocionan.
Si tuvieras que elegir un solo vino cual elegirías: Seguramente un jerez viejo. Se basta por sí mismo para hacerte olvidar cualquier otra necesidad enológica.
Y con quien lo tomarías: Con mi imaginación volando a donde quisiera y con quisiera en cada momento. Prefiero cualquier cosa idealizada.
Un plato preferido: Tajine de verduras. Me encanta la cocina magrebí.
Un restaurante: No es el más lujoso ni el que más estrellas tiene, pero en este momento, la Oronja en Zamora.
Una ciudad: Madrid me mata y divierte y Santander me calma y revitaliza. Son mi yin y mi yang y necesito de ambas ciudades.
Un país: Por naturaleza, Estados Unidos (Oeste). ¡Que pedazo país! Estuve el año pasado dudando entre comprarme unas cuantas hectáreas a pie de las rocosas con el río Yosemite cruzándolas o una casita al Norte de San Francisco con embarcadero propio. Mi santa esposa me recordó mis obligaciones a tiempo.
Mar o montaña: Mar sin lugar a dudas y si es bravío mejor.
Un medio de Transporte: Moto en tierra y velero en mar y en aire.
Un libro: Pregunta errónea. No existe un libro. Existe un libro para cada edad y dentro de esta para cada momento. Infancia feliz con “Los Cinco” de Enid Blyton y “Las aventuras de Guillermo” de Richmal Crompton, adolescencia torturada con Hesse y Kafka, juventud de evasión de la etapa anterior con los grandes autores sudamericanos y actualmente te diría que mis preferidos son la Trilogía de Nueva York de Paul Auster y el Quique Dacosta 2000-2006. Este último me ha parecido la más innovadora publicación gastronómica de todos los tiempos.
Una canción: Seguramente el So What tocado por el Herbie Hancock Quintet.
Una película: Me pasa lo mismo que con los libros, pero “El Juego de Hollywood” me pillo en un momento especial y se me quedó grabada a fuego.
Un deporte: Vela, buceo.
Un color: Azul
Un nombre de hombre: Jaime
Un nombre de mujer: Celia
Un personaje histórico que te hubiera gustado conocer personalmente: Al joven Adolf Hitler. Seguro que habría reconducido su comportamiento hacia el consumo responsable de buen riesling en vez de a la política. (Y como ese, a muchos).
Que tres cosas te llevarías a una isla desierta: Un velerito para costear, mi botella de Jerez Viejísimo y el Prozac para la depre inevitable de cuando se acabe el Jerez.
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Un vino rosado: Cualquier Borgoña “tinto”.
Je, je y luego dice "er gachó" que no es radical!
Nos vemos!
