La gran riqueza de un viticultor feliz
Y Jesús Ángel, que sabía que yo por la mañana había estado buscando buenos viñedos para hacer fotos, me dijo: “Ahora te voy a llevar a un viñedo para que hagas fotos!”. Fuimos en su coche hasta una pequeña parcela de tempranillo situada en la falda de un pequeño bosque, un lugar realmente bonito, capaz de poner los vellos de punta a cualquiera que le apasione esto del vino.
Con orgullo me enseñó su pequeño jardín y me explico todo el esfuerzo y dedicación que debía hacer durante todo el año para mantener ese viñedo. Pero en el momento de marcharnos del viñedo Jesús Ángel me comentó el precio al que le pagaban al kilo de uva, con lo que la alegría del momento pareció disiparse.
Hablamos un poco de la situación económica actual y pude comprobar que aunque a viticultores del perfil de Jesús Ángel no les hace falta crisis para que su trabajo no esté dignamente retribuido, porque nunca lo ha estado, el momento por el que pasan no es nada bueno. Aún así no cabe duda de que Jesús Ángel es un hombre más feliz que muchos de los que nos han llevado a esta crisis y no creo cambie su viñedo por nada del mundo. Esa es su gran riqueza.
