De vuelta al continente americano.
En la cata 124 la peña La Verema volvió a jugar en casa y nos reunimos en nuestro campo habitual: Mantequerías Castillo. Sin embargo, esta cata tiene un punto en común con la anterior. Salva del Saz, a la sazón organizador de esta cata, nos presentó cuatro vinos sudamericanos y, más concretamente, Chilenos y Argentinos. Permitidme que me adelante y diga que los vinos, en general, fueron muy buenos con dos sobresalientes. Este hecho viene a confirmar un dato que debería ser preocupante para los bodegueros españoles: Cada vez es más fácil encontrar en España buenos vinos extranjeros a precios razonables. Con consumidores cada vez más informados, con más tiendas especializadas y con unas redes de distribución incipientes, pero eficaces, creo que nos vamos a encontrar un panorama complicado en los próximos años para algunos elaboradores españoles.
Y es que hay, claramente, dos tipos de elaboradores. Por un lado están los productores competitivos que no sólo elaboran buenos vinos en España sino que, además, son capaces de vender a unos precios razonables, tanto en España como en el extranjero. Por otro lado, determinados bodegueros que han inflado sus precios de forma exagerada en los últimos años y que difícilmente podrían competir en el resto del mundo. Para éstos el bastión fundamental es el mercado español pero ¿por cuánto tiempo?
También me parece interesante el hecho de que Salva no hubiera probado los vinos previamente. Si de una elección, aparentemente aleatoria, se obtienen tan buenos resultados, ¿podemos deducir que la nota media de los vinos sudamericanos que podemos encontrar en las tiendas españolas es alta? Bueno, maticemos. La frase anterior encierra algo de trampa. Aunque Salva no hubiera probado los vinos, su elección era, a priori, muy inteligente. En primer lugar, eligió dos variedades representativas: Malbec y Carmenère. En segundo lugar, el precio medio no era excesivo: dos vinos de unos 14 euros, uno más barato (alrededor de 6 €) y uno algo más caro (unos 17 €). Nada desorbitado. En tercer lugar, la elección no carecía de criterio, como pasaré a comentar.
Empecemos con el equipo argentino. El primer vino, Santa Celina, Reserva 1999, es un Malbec avalado por los hermanos Lurton. En algún lugar he leído que se refieren a ellos como “los bodegueros voladores” ya que actualmente producen vinos en Francia, España, Argentina, Chile y Uruguay. Este vino procede de Mendoza, donde tienen unas 250 ha. de viñedo a 1100 m. de altitud. Es un vino con entre 6 y 8 meses de crianza en barricas de roble francés y un precio de 6,6 €.
El segundo de los argentinos es el triunfador de la noche. Se trata de Altos Las Hormigas 2000. Es otro Malbec de Mendoza, esta vez elaborado por los enólogos italianos Alberto Antonini y Attilio Pagli. Poseen unas 200 ha. en Luján de Cuyo a 800 metros de altura. La fermentación maloláctica se produce en barricas de roble durante 5 o 6 meses, permaneciendo otros 9 meses en barrica de roble, nuevas en un 40%. La añada de 1999 recibió una medalla de oro en el International Wine Challenge 2001.
Por el equipo Chileno participaron, en primer lugar, el Escudo Rojo 1999 que fue el semifinalista de la noche. Se trata de un coupage de Cabernet Sauvignon (70%), Cabernet Franc (10%), Merlot, y Carmenère (20%). Se trata de la segunda añada de un apellido archiconocido: Rothschild. De hecho el nombre hace referencia a los colores del escudo de armas del Barón Philippe de Rothschild. Un caldo en el que se han vinificado los varietales por separado y ha tenido una crianza de 12 meses en roble francés.
Por último nos presentó el también chileno Terravid Carmenère 2001. Este vino, fruto de la colaboración del chileno Alejandro Hernández de Portal del Alto y el español Carlos Moro de Bodegas Matarromera, tiene dos peculiaridades. La primera es tratarse de un monovarietal autóctono y la segunda que fermentó en depósito de raulí. Después permaneció 8 meses en barrica de roble francés y americano.
Claramente sobresalieron dos vinos: Altos Las Hormigas y Escudo Rojo. Dos vinos muy buenos, originales y sorprendentes en nariz y en boca y con un precio razonable. El Santa Celina es un buen vino, también muy exótico y con una excelente relación calidad/precio, a mi juicio. Por último reseñar que hubo cierta disputa sobre si el Terravid estaba en condiciones de ser catado ya que los aromas acres de fondo de barrica, que no de corcho, eran muy acusados. Quizá haya que probarlo de nuevo para confirmarlo. En todo caso, una interesantísima cata, que confirma que por ahí fuera se están haciendo vinos de calidad a buen precio y detrás de muchos de ellos están enólogos y bodegueros franceses, italianos o españoles. ¿Por qué será?
La cena transcurrió por los cauces acostumbrados en Mantequerías Castillo, es decir, pantagruélica. Probamos un Enate varietales del 2000, un gran vino que gustó mucho y El Vínculo 2000 que, debo decir, gustó bastante menos. Para terminar comentar que contamos con una agradabilísima sorpresa. Muy a mi pesar, este grupo no es nada aficionado a los destilados y es rara la ocasión en que los hemos disfrutado. En esta ocasión Quim Vila, de visita por Valencia, nos obsequió con un Cognac de Champaigne: Léopold Gourmel, Essence de Gourmel, Grande Champagne X.O., delicioso, lleno de matices, pimienta, vainilla, tostados, pasas, almendras tostadas...equilibrado y sutil en boca, largísimo y con una preciosa botella que José Luis se agenció muy hábilmente, una vez vacía, por supuesto. Gracias Quim, a ver si conseguimos educar unos cuantos paladares veremeros hacia los destilados, asignatura pendiente en esta peña.
