El vino y la Navidad

Recientemente en el foro de vinos, @pepecano abría un hilo que bajo el nombre "quien paga manda", en el que se hacía eco del brindis que en la televisión pública de cataluña este año protagonizó la cerveza, en lugar del habitual espumoso.
Rezonozco que sentí algo de pena, qué será lo siguiente, refresco, bebida energética...
Desde mi infancia tengo la idea de que nuestra tradición mediterránea hace que el vino forme parte de nuestra cultura y además muy especialmente en Navidad, por ser tiempo de celebración.
Recuerdo, cuando no podía beber, ya hace unos años de eso, como las familias se afanaban por preparar, al igual que buenos productos para comer, buenos vinos para beber, cada uno dentro de sus posibilidades. En muchos casos etiquetas que se repetían en Navidad convirtiéndose en marcadores de memoria y que asociamos con los años a una persona querida, una casa o una época, el vino nos acompaña y además ayuda a construir el relato de unas fechas señaladas.
Al igual que las grandes comidas, el vino actúa como catalizador de un momento de celebración, de comunión, de abundancia incluso y eso creo que lo ha venido haciendo desde hace mucho tiempo y que ningúna otra bebida tiene la capacidad de hacer. En estas fechas marca la diferencia entre lo cotidiano y lo extraordinario, mostrándose como una posibilidad que cobra un valor añadido, especialmente para muchas personas que no lo disfrutan a diario.
Además, no olvidemos su función gastronómica, estructurando las comidas navideñas y con su diversidad, adaptándose a los complejos y copiosos alimentos que las componen. Espumosos para empezar y brindar, blancos, tintos y dulces o generosos para una larga sobremesa. Abrimos botellas con frescura, con alegría y con ganas de compartirlas, legitimados por momentos especiales que solo nos dan estas fechas.
Añadiría además, que a pesar de sus contraindicaciones en cuanto a salud física, debemos considerar las alegrías que, con moderación, nos proporciona el vino, creando momentos únicos de celebración y de experiencia compartida, muy necesarios y sanos para nuestra salud mental.
En Navidad, beber vino con alegría implica entenderlo como un acto cultural, no como un fin en sí mismo. Al final, concluyendo, es un elemento cultural que articula celebración, memoria y vínculo social, reforzando el carácter excepcional de unas fechas que giran, precisamente, en torno a la mesa compartida.

Por todo ello disfrutemos de estas fiestas con buenos vinos. Sonriamos al disfrutar de cada copa, de compartir cada momento y sigamos brindando con espumosos en los momentos señalados.
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¡Qué bonito leer esto! El vino en Navidad no es solo una bebida, es el hilo invisible que une generaciones, evocando risas compartidas, abrazos cálidos y esos recuerdos que calientan el alma. ¡Brindemos por esa magia que hace de cada copa un tesoro de emociones y tradiciones eternas! 🍷❤️🎄
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Las fiestas se sienten más vivas con vinos y espumosos, porque llenan la cercanía y la felicidad que recrean el ambiente Navideño y festivo! Saludos

