De mercado a conquistar a país productor: lo que el Congreso de la OIV revela sobre China
China lleva años despertando el interés de la industria vitivinícola internacional. Primero como uno de los mercados más prometedores para la exportación y, más recientemente, por el desarrollo de una producción propia que empieza a reclamar su espacio.
La celebración del 47.º Congreso Mundial de la Viña y el Vino en Ningxia supone un nuevo paso en esa dirección. No es casual que China haya elegido precisamente esta región, uno de los principales exponentes de su ambición vitivinícola, para reunir a investigadores, productores y representantes del sector de todo el mundo.

Pero ¿qué está sucediendo realmente con el vino en China? ¿Hasta dónde llega su capacidad productiva? Y, sobre todo, ¿qué puede significar su evolución para países como España, que durante años han contemplado el mercado chino como una importante oportunidad comercial?
China entra en el escenario vitivinícola internacional
La ciudad de Yinchuan, capital de la región autónoma de Ningxia, ha acogido del 12 al 16 de octubre el 47.º Congreso Mundial de la Viña y el Vino, organizado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Se trata de una cita especialmente significativa, ya que es la primera vez que este encuentro se celebra en Asia.
Durante cinco días, más de 600 participantes procedentes de 47 países han compartido investigaciones y conocimientos sobre los principales desafíos a los que se enfrenta la vitivinicultura. El programa ha incluido 420 contribuciones científicas y seis visitas técnicas, con especial atención a la sostenibilidad, la innovación enológica, la economía del vino y la evolución de los mercados.
La elección de China como país anfitrión adquiere mayor relevancia si tenemos en cuenta que su incorporación a la OIV se produjo en 2024. En apenas dos años, el país ha pasado a formar parte de esta organización internacional y a convertirse en sede de su principal encuentro científico.
Más allá de la repercusión institucional, esta circunstancia refleja el interés de China por participar activamente en los debates y decisiones que afectan al futuro del vino, un sector en el que hasta hace relativamente poco tiempo su protagonismo internacional estaba vinculado principalmente al consumo y a las importaciones.
Ningxia, una región que quiere darse a conocer al mundo
Para comprender las aspiraciones de China en el mundo del vino conviene detenerse en Ningxia, una región situada en el noroeste del país, a los pies de las montañas Helan. En las últimas décadas, este territorio ha experimentado un notable desarrollo vitivinícola, impulsado por inversiones en bodegas, nuevas plantaciones, investigación y formación de profesionales.
Sus condiciones climáticas presentan particularidades interesantes para el cultivo de la vid. El clima continental, las escasas precipitaciones y las marcadas diferencias térmicas entre el día y la noche favorecen una maduración progresiva de la uva, aunque las bajas temperaturas invernales y la disponibilidad de agua también plantean importantes dificultades..
Entre las variedades cultivadas destacan Cabernet Sauvignon, Merlot y Cabernet Franc, con una presencia especialmente significativa de los vinos tintos.
Algunas bodegas han recurrido al asesoramiento de enólogos internacionales y han desarrollado instalaciones modernas, con el propósito de elaborar vinos capaces de competir en segmentos de mayor calidad.

El resultado es una región que intenta construir su propia identidad, aunque todavía tiene por delante el reto de conseguir un reconocimiento comparable al de los territorios vitivinícolas más consolidados.
La celebración del Congreso en Ningxia ofrece precisamente esa oportunidad: que profesionales y especialistas de numerosos países conozcan de primera mano una realidad vitivinícola todavía poco familiar para buena parte de los consumidores europeos.
Una enorme superficie de viñedo que no se traduce en una producción equivalente de vino
Uno de los datos que más llama la atención cuando analizamos la viticultura china es su superficie plantada. Según las estadísticas de la OIV correspondientes a 2024, China cuenta con aproximadamente 753.000 hectáreas de viñedo, lo que la sitúa como el tercer país del mundo por superficie, únicamente por detrás de España, con 930.000 hectáreas, y Francia, con 783.000.
Sin embargo, estas cifras necesitan una puntualización importante. A diferencia de lo que sucede en numerosos países europeos, una parte considerable del viñedo chino está destinada a producir uva de mesa. De hecho, China es el principal productor de este producto. Por tanto, aunque la superficie cultivada es extraordinariamente importante, no puede establecerse una relación directa entre el número de hectáreas y su capacidad para elaborar vino.
La producción vinícola china tampoco ha seguido una trayectoria de crecimiento continuo. Después de una etapa de fuerte expansión, el sector ha experimentado ajustes que reflejan las dificultades de consolidar un mercado todavía joven en comparación con los grandes países productores. Esto no resta importancia a su potencial, pero sí obliga a diferenciar entre las posibilidades que ofrece el país y su situación real.

China dispone de territorio, recursos económicos y capacidad tecnológica. Lo que necesita ahora es conseguir que todo ello se traduzca en una industria vitivinícola competitiva, con vinos reconocidos por su calidad y con una demanda suficientemente sólida.
El mercado chino ya no es el que conocíamos
Durante años, China ocupó un lugar destacado en los planes de expansión internacional de numerosas bodegas. El crecimiento de su economía, la aparición de una clase media con mayor capacidad adquisitiva y el interés por determinados productos occidentales hicieron del vino un símbolo de sofisticación y prestigio social.
Francia fue uno de los países que mejor supo aprovechar aquel escenario, especialmente a través de los grandes vinos de Burdeos y en los grandes grupos hoteleros y restaurantes estrellados no faltaban botellas de esta zona francesa. Otros productores, como Australia, Chile, Italia o España, también identificaron importantes posibilidades comerciales.
Sin embargo, el mercado ha cambiado considerablemente. El consumo de vino ha retrocedido respecto a los niveles alcanzados durante su etapa de mayor expansión. Los hábitos de los consumidores han evolucionado y otras bebidas compiten por captar su atención, mientras que el contexto económico ha moderado algunas de las expectativas que existían hace una década.
El interés por el vino tampoco se distribuye de manera homogénea entre la población. Sigue siendo necesario un estudio de Inteligencia de Mercado, conocer las diferencias entre ciudades, perfiles de consumidores, canales comerciales y segmentos de precio. Y aquí aparece una circunstancia especialmente interesante: mientras el vino importado trata de recuperar posiciones, las bodegas chinas trabajan para mejorar su reputación y conquistar a su propio consumidor. No es una competencia menor. Un vino nacional bien elaborado, con una imagen cuidada y un precio competitivo puede convertirse en una alternativa atractiva frente a determinadas referencias importadas.
Por ello, las bodegas extranjeras que quieran mantener o desarrollar su presencia en China deberán conocer mucho mejor el mercado, sus particularidades y, especialmente, las motivaciones de compra de sus consumidores.
¿Puede China convertirse en un competidor de los grandes países productores?
La aparición de nuevas regiones productoras siempre despierta cierta inquietud entre los países tradicionalmente vinculados al vino. Sin embargo, la experiencia demuestra que disponer de importantes recursos económicos o tecnológicos no garantiza por sí solo el éxito internacional.
China cuenta con proyectos vitivinícolas ambiciosos, profesionales bien formados y bodegas que están consiguiendo elaborar vinos de calidad. Pero todavía debe avanzar en aspectos fundamentales como el reconocimiento de sus regiones, la construcción de marcas y la consolidación de canales de distribución fuera de sus fronteras.
También deberá resolver una cuestión importante: definir qué puede aportar el vino chino frente a la enorme diversidad que ya ofrece el mercado internacional. Los consumidores conocen los grandes vinos franceses, italianos y españoles, pero también los de países que han conseguido desarrollar una personalidad propia, como Argentina, Chile, Australia o Nueva Zelanda.
China tendrá que encontrar su lugar en ese escenario y demostrar que sus vinos poseen características capaces de despertar el interés de quienes habitualmente consumen vinos de otros orígenes. El proceso no será inmediato, aunque tampoco conviene subestimar su capacidad de desarrollo.
La trayectoria de otros sectores industriales chinos demuestra que el país puede avanzar con rapidez cuando existe una apuesta decidida por la investigación, la tecnología y la formación. El vino, no obstante, presenta una singularidad: su valor está estrechamente relacionado con el territorio, la cultura, la tradición y la percepción del consumidor. Son atributos que requieren tiempo para consolidarse.

¿Qué supone esta evolución para las bodegas españolas?
España mantiene una posición privilegiada en el mundo del vino por su diversidad de territorios, su patrimonio vitícola y la calidad de sus elaboraciones. Sin embargo, estas fortalezas no garantizan por sí solas el éxito comercial en mercados internacionales. China representa un buen ejemplo de esta realidad.
Durante años, una parte importante de las estrategias de exportación se ha apoyado en las posibilidades de crecimiento de su población consumidora. Hoy sabemos que el tamaño de un mercado no implica necesariamente que exista una demanda proporcional de vino.
Las bodegas españolas que quieran trabajar en China necesitan identificar cuidadosamente a sus importadores, conocer los canales de distribución y definir a qué consumidores desean dirigirse.
La competencia tampoco puede establecerse exclusivamente a través del precio.
España cuenta con una extraordinaria variedad de denominaciones de origen, variedades autóctonas y estilos de vino que permiten ofrecer propuestas diferenciadas. Precisamente esa diversidad constituye una de sus principales ventajas, siempre que sepamos comunicarla adecuadamente. A ello se suma el interés que pueden despertar otros aspectos de nuestra cultura vitivinícola, como la gastronomía, el enoturismo y la relación del vino con el territorio.
Pero hay otra cuestión que no deberíamos perder de vista. Si China continúa desarrollando su producción nacional, es razonable pensar que una parte del consumo que anteriormente podía orientarse hacia vinos importados encuentre nuevas alternativas dentro del propio país. Esto obliga a contemplar el mercado chino con una perspectiva más realista, pero no necesariamente menos interesante.
Quizá el futuro de nuestras exportaciones no dependa tanto de incrementar grandes volúmenes como de conseguir una presencia estable en aquellos segmentos donde el vino español pueda aportar un valor diferencial.
Un Congreso que invita a reflexionar sobre el futuro del sector
El Congreso Mundial de la Viña y el Vino se ha celebrado en un momento complejo para la industria internacional. El descenso del consumo en numerosos países, los efectos del cambio climático, el incremento de los costes y la transformación de los hábitos de compra están obligando a productores y comercializadores a revisar algunas de sus estrategias.
En este contexto, resulta especialmente significativo que China haya acogido un encuentro dedicado a abordar precisamente estos desafíos. Su participación en los organismos internacionales, el desarrollo de nuevas regiones productoras y las inversiones realizadas durante las últimas décadas reflejan un interés evidente por consolidar su industria vitivinícola.
No sabemos todavía hasta qué punto conseguirá convertirse en un exportador relevante ni qué posición ocuparán sus vinos en los mercados internacionales. Lo que sí parece evidente es que China ya no puede analizarse únicamente como un potencial comprador de vino extranjero.

Tiene producción propia, regiones que buscan reconocimiento, bodegas que aspiran a competir en calidad y una presencia institucional cada vez mayor.
Para países como España, esta evolución merece atención. No solo por las oportunidades comerciales que China pueda seguir ofreciendo, sino porque su desarrollo es una muestra más de cómo está cambiando el mapa mundial del vino.
Durante mucho tiempo hemos contemplado China como uno de los grandes mercados a conquistar. Quizá haya llegado el momento de empezar a observarla también como un país productor, con aspiraciones propias y con la intención de participar en el futuro de un sector que, hasta hace relativamente poco, parecía tener sus principales centros de influencia muy lejos de Asia.
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China se ha convertido en una gran potencia vitivinícola mundial, lo que genera preocupación en los productores europeos (incluidos los españoles) debido a su rápida evolución en escala y calidad, gracias por el artículo @esther-laez
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en respuesta a ¡VinotintoRibera! Ver mensaje de ¡VinotintoRibera! Creo que todavía no es una potencia mundial en elaboración de vinos de calidad, lo será. ?? Creo que si, en el futuro puede ser que si.

