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Sorpresa en la Cata de la Peña Bilbao

SORPRESA EN LA CATA DE LA PEÑA BILBAO

El viernes cinco de Septiembre tuvo lugar la cata mensual de la Peña y en esta ocasión era yo el encargado de organizarla. Tras unas catas anteriores en las que habíamos disfrutado con blancos y dulces, decidí volver a los tintos y preparar una vertical del excelente Finca Valpiedra de los años 94-95-96-97-98, es decir, todos los comercializados desde su nacimiento hasta la fecha.

Los objetivos que me había marcado con esta cata eran los siguientes:

· En cata doble ciega la Peña debía ser capaz de percibir que los vinos tenían mucho en común, e incluso admitir que estaban cortados por el mismo patrón. Esto fue lo que ocurrió, ya que pronto se advirtió la similitud de los vinos, y además alguno de los miembros incluso comentó que se podía tratar de una vertical

· Después de puntuar, iba a explicar que la cata consistía en una vertical, y ellos deberían colocar los vinos en orden. Supuse que el 97 sería el vino más flojo y evolucionado y que por tanto sería confundido con una añada más vieja. Nada más lejos de la realidad puesto que el 97 ganó la cata por unanimidad por delante de los estupendos 95, 94, 96 y un flojo 98. Como dijo Roberto, esto es la demostración de que las grandes bodegas hacen excelentes vinos en añadas teóricamente más flojas.

· El último objetivo se vio plenamente cumplido. Apostaba a que pondrían cara de sorpresa cuando tras catar los vinos, pero sin conocer aún las botellas, les dijese que el precio de cada botella ronda los 15€ y así fue a juzgar por sus comentarios. La relación calidad-precio de este vino de finca es simplemente excelente, porque en cata ciega aguantaría el tipo ante muchos compañeros suyos que cuestan el doble; este es el éxito de Finca Valpiedra.

· Finalizo comentando que el último miembro en ingresar en la Peña (Thurston), llegó a adivinar que estábamos hablando de Finca Valpiedra, lo cual tiene su mérito, mientras que el resto no se atrevieron a tanto pero acordaron que se trataba de un Rioja de nuevo cuño.

A continuación pasamos a describir los vinos

Finca Valpiedra 97

Color cereza con ribete teja y capa media. Nariz compleja con fruta roja, terciarios, tierra húmeda, muchos balsámicos (regaliz), tostados (café) y notas lácticas. En boca es muy sabroso y sobre todo persistente dejando un agradable recuerdo especiado. Muy elegante. (8,7 Pt.)

Finca Valpiedra 95

Color cereza con ribete teja y capa media-alta. Fruta negra y roja, cerezas, muy fuertes balsámicos y notas de sotobosque. Muy buen paso de boca con retrogusto especiado. Largo. Se le augura vida por delante (8,5 Pt.)

Finca Valpiedra 94

Color cereza picota con ribete rubí atejado y capa media-alta. Nariz bastante frutal para su edad con recuerdos a frutas rojas, terciarios y notas aimales junto con un fondo balsámico y mineral muy agradable. En boca se presenta muy equilibrado, con una acidez perfectamente integrada y un final tostado. Intensidad media (8,2 Pt.)

Finca Valpiedra 96

La primera botella nos salió acoechada así que tuvimos que jarrear otra con violencia para que recuperase la hora de decantador que llevaba el resto. Nos pareció el vino más frutal de todos y además mostrab una nariz muy balsámica aunque algo falta de complejidad (igual necesitaba más aireación). Parecido al 95 pero con menos estructura. 

Finca Valpiedra 98

La decepción de la cata. Todos creímos que era el 97 porque destacaba sobre los demás por su ligereza. Cereza rubí con ribete teja y capa media. Nariz que da notas a fruta roja, vainillas, dulzores y puntas alcohólicas. En boca es excesivamente ligero y un punto astringente. Es un buen vino pero no a la altura del resto.

Una vez puntuados los vinos y con la cena en la mesa, pudimos ratificar al 97 como el vino que más nos gustó (no sé si será una botella que nos salió gloriosa pero es un vino para comprar más). Todos los vinos aguantaron perfectamente el jamón ibérico, unas albódigas con salsa española y unos cangrejos con salsa vizcaina que acabaron con todo el pan que había en la mesa.

Después de tanta “guerra para el cuerpo” optamos por una macedonia con yogurt con objeto de aligerar un poco el estómago. Dicho postre fue acompañado por la novedad Tkakolí Hodarrabi Zuri de Vendimia Tardía 2001. Creo que no debí sacarlo ya que es un vino suave más de aperitivo que como colofón ante tanto vinazo y tan potente cena. Estaba rico y agradable pero excesivamente ligero, al estilo de los Jurançon.

El éxito de la cata me lleva a pensar que todavía hay bodegas que han entendido que los vinos modernos o de “alta expresión” pueden dar muchas satisfacciones sin tener que convertirse en vinos de “alta facturación” sólo al alcance de la crítica o de unos cuantos acaudalados. Enhorabuena a Martínez Bujanda.


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