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Blog de Verema.com

Todos los Continos del Mundo

I. Vertical completa de Graciano

En un artículo publicado en Elmundovino a finales de agosto de 2003, Carlos Zalve relata con su habitual mesura lo esencial de una visita a Contino por parte de un grupo de enópatas al que también tuve la suerte de poder sumarme y sobre el que tomé algunas notas que paso a intentar exponer con un poco de orden por si a alguien le interesa.

Los favorecidos por la fortuna que allí estuvimos nos limitamos a aprovechar un guante lanzado por Jesús Madrazo a inicios de este mismo año en un foro de discusión sobre vinos, al hilo de cierta memorable discusión sobre la acidez. Al leerlo, se me pusieron las orejas tiesas: "tal vez organice una cata vertical de los acidosos gracianos y podamos discutir al respecto, quien me tome la palabra que contacte conmigo que no es difícil". Casi tenía los dedos puestos sobre las teclas para escribirle solicitando una silla en tan apetecible cata cuando me entero de que Juan Ferrer ya iba dos cuerpos por delante y había acordado con Madrazo la visita a Contino de su asociación Enópatas Mundi. La fecha inicial era a mediados de marzo, pero surgieron imponderables que obligaron a retrasar la visita.

En la tarde del muy caluroso día 13 de julio nos encontramos una porción de aficionados (nada menos que veinte) en la parte trasera de la bodega, bajo una arboleda entre cuyos troncos se divisa la ordenada y serena alineación de cepas que forman los Viñedos del Contino: tempranillo, algunas divisorias de garnacha, graciano, más allá mazuela y también alguna muestra de cabernet franc, junto con un par de hectáreas de uva blanca de incierto futuro. En medio de los viñedos, algún que otro árbol centenario: el característico olivo en primer plano, más allá un par de encinas majestuosas.

La aparición de Madrazo es ilustrativa de su manera de ser. Habíamos llegado con alguna antelación y estábamos charlando en grupo cuando Jesús apareció discretamente por la puerta y, sin que apenas nadie se diera cuenta, se unió a nosotros. Unos minutos más tarde intervino en la conversación con una chanza, como si llevara toda la vida allí (lo cual es, por cierto, casi exacto), a partir de lo cual comenzaron las presentaciones y los saludos. Poco después comenzó la primera de las tres sesiones de cata programadas: vertical histórica de Contino Graciano, ampliamente documentada por las explicaciones del enólogo y por las fichas técnicas y descriptivas de todos los vinos que con esta marca se han elaborado hasta ahora, los correspondientes a las añadas 1994, 1995, 1996, 1998, 1999, 2000 y 2001, de los cuales los dos últimos aún no están en el mercado. En 1997 no se produjo este vino, del mismo modo que no se ha elaborado en 2002. Esta cata integral no podrá repetirse muchas veces en lo sucesivo, ya que apenas si quedan existencias de las primeras añadas.

Contino Graciano nació por iniciativa de Jesús Madrazo a la que dio alas en su momento Basilio Izquierdo, responsable principal de su elaboración en las primeras añadas. Los siete Gracianos de Contino pueden agruparse en dos series simétricas: las añadas 1994, 1995 y 1996, por un lado, y las añadas 1999, 2000 y 2001, por otro, con el hueco de 1997 y del -a mi juicio- menor Contino Graciano 1998 en medio.

Dentro del carácter propio que ya de por sí presentan estos vinos, las tres primeras añadas comparten un mismo aire más cálido y fino, sin duda en buena parte debido a la maduración en botella de la que carece la serie más moderna, pero también por un ligero cambio de estilo que se ha producido en las últimas añadas. Las tres primeras están envejecidas en buena parte en barricas no tan nuevas como las que se emplean en los últimos años. Además, aunque con altibajos, también el grado alcohólico ha ido subiendo desde 12.7 % en 1994 a 14.1 % en 2001, con una media en torno a 13.2 % de alcohol.

En cualquier caso, el momento actual de Graciano 1994, 1995 y 1996 es espléndido, con las notas de evolución perfectamente integradas con la fruta aún muy presente y un paso de boca vivo y redondo. Una de las dos botellas de Graciano 1994 que se abrieron se presentaba algo desequilibrada, con acidez desintegrada en boca y algunas notas de etanal, pero coincidía precisamente con una readquirida ex profeso para la ocasión y por tanto que no había permanecido siempre en los calados de Contino. De la añada 1994 se elaboraron sólo 2200 botellas y las reservas son muy escasas. En cualquier caso, la otra estaba excelente. Si tuviera que quedarme con una de las tres añadas, escogería 1996, vino que empezó más cerrado en nariz y fue creciendo y creciendo. Pero ya digo que las diferencias de estilo y calidad entre estos vinos no son grandes.

Contino Graciano 1998 es un vino con aromas y sabores no tan complejos e intensos, así como unas sensaciones menos armónicas en boca que sus hermanos. Si uno se centraba en él, intentando evadirse del contexto de las demás añadas, se mostraba como un vino interesante, pero seguramente por debajo de lo que su precio haría exigible.

Las añadas 1999, 2000 y 2001 muestran un punto más de extracción y potencia, aún no domada del todo por el tiempo en botella. Tardaron más en expresar la fruta y mineralidad que llevan dentro, hasta el punto de que 2001 seguía mostrándose muy vivo y más complejo a las 48 horas de abierto y tras 800 km de carretera (ver http://www.verema.com/comunidad/foro/mensaje.asp?mensaje=38266 ). Quizá la calidad de 2000 y 2001 esté incluso un pelín por encima de 1999, sobre todo en nariz, pero habrá que ver cómo evolucionan. Algunos lo comprobaremos sin duda, porque nos hemos asegurado las provisiones ahora que estamos a tiempo.

Terminada la cata y las interesantes explicaciones de Madrazo sobre Contino en general y sobre estos vinos en particular, pasamos a la cena, con una probable cata ¡integral! de Contino Reserva que al final quedó en una antológica. ¿Por qué sucedió tal cosa? Léase el siguiente capítulo y se comprenderán los motivos.

II. Cena con Contino Reserva en antología y cata de popurrí de vinos

Caminamos unos metros para sentarnos en el comedor interior donde ya nos esperaba una cena preparada por el Restaurante Borgia de Viana. No recuerdo el menú detallado, pero incluía al menos un plato de foie (micuit, creo), otro de lomos de cordero y un postre protagonizado por el chocolate y el café.

Como Madrazo es un gran aficionado a la cata de vinos (cosa que no se puede decir de todos los enólogos), los asistentes habíamos hecho correr la especie de que no estaría de más llevar alguna botellita especial con la que hacer los honores a su hospitalidad pero, eso sí, con la advertencia de que en ningún caso se tratara de tintos, puesto que parecía lógico dejar ese espacio libre para catar todos los Continos del mundo, ya que era a eso a lo que íbamos y ya que, al fin y al cabo, se trataba de no restar ni un ápice de protagonismo a la bodega. Pero los enochalados somos gente muy indisciplinada, de modo que nos encontramos allí con dos o tres docenas de botellas de vino forastero, de las cuales más de la mitad lucían en su contenido el color de las cerezas.

No obstante, comenzamos con un vino blanco (aunque de tonalidad ya bien adentrada en la gama del ámbar) que salió de la propia bodega de Contino y que Jesús Madrazo nos sirvió a ciegas: una delicia cercana a la perfección, abocado, intenso y complejo, larguísimo. El juego consistía en tratar de acertar la añada (cosa casi imposible) y de qué vino se trataba (casi lo mismo), sobre lo que hubo algunas discusiones antes de que se destapara. En honor a la verdad, la representación sureña (en particular, Francisco Rivas -y creo que también José Luis Borlán-) le anduvo cerca al apostar por un blanco semidulce de Rioja con algunos años de botella, de los años sesenta quizá. Así era, sólo que tenía algunos años más todavía: se trataba de un Corona Semidulce 1939 CVNE, del que se encontraron un par de miles de botellas en 1970 que fueron reencorchadas y se dejaron en los calados de la bodega. Tristemente, ya sólo quedan unas doscientas y yo propondría la pena de sobriedad eterna para cualquiera que se beba una de ellas sin la reverencia y el profundo respeto que exigen.

Empezábamos bien y continuamos mejor, porque siguió otro vino maravilloso, de nariz cautivadora y compleja, paso de boca con exacto equilibrio entre dulzor y acidez y un final interminable y profundo: Coteaux du Layon Prestige 1990 Domaine Les Grandes Vignes, elaborado al 100% con uvas botritizadas y 18 meses de crianza en madera. Uno de esos grandes vinos ante los que tomar notas es perder tiempo: debe uno concentrarse más bien en disfrutar de lo que hay en la copa.

Antes de entrarles a los tintos de Contino y para terminar la serie que acompañaba al foie, se abrió un mágnum de Rüdesheimer Berg Schlossberg Charta Riesling Kabinett 1991 de Georg Breuer, que quedó en poca cosa frente a los dos gigantes que le precedieron: un pelín ligero y desvaído aunque con buena acidez; se esperaba más de él. En cuanto a Condrieu 2001 Gangloff, fue un vino que gustó tanto a algunos de los más sabios de entre los presentes como nos disgustó a otros por su olor a plátano.

Los reservas de Contino previstos oficialmente para acompañar el cordero de la cena eran 1994, 1996 (éste, con la contra de Gran Reserva) y 1982, los cuales fueron servidos de manera casi simultánea. Los dos primeros tuvieron un comportamiento similar, con reducción inicialmente que fue abriéndose a notas florales y animales y creciendo en la copa. A menudo se ha hablado del Contino Reserva 1982 como un vinazo; mi opinión es que esto es cierto y el que tuve ocasión de probar esa noche se mostraba espectacular en boca y nariz.

Con el postre, abrimos una botella procedente de Jerez (lugar, por cierto, hacia el que los enómanos deberíamos orientar nuestra mirada todas las mañanas cuando entonamos los habituales salmos a Apolo y a Dionisos): Pedro Ximénez Antique de Rey Fernando de Castilla, un PX verdaderamente grande, que se fundía en la boca en una sinfonía de sabores al combinarse con la tarta de chocolate y café.

A continuación, empezó una frenética tanda de (sobre todo) tintos aportados por algunos alegres enópatas que de esa forma –quizá poco reflexiva, pero en cualquier caso con el corazón por delante- querían demostrar a Madrazo su agradecimiento. De las tres copas que tenía en la mesa, reservé dos para seguir la evolución de los Contino Reserva 1982 y Gran Reserva 1996, mientras que la otra fue llenándose y vaciándose (mayormente, por sentido de la prudencia, en unas impresionantes vasijas de barro cocido que cumplían la función de escupideras) con los siguientes vinos:

- Kalnook Estate Coonawarra Shiraz 1998, con la típica gama aromática de los shiraz australianos, sabroso y razonablemente complejo.

- Prior Terrae 1998, de nariz interesante pero cortito en boca. Un poco decepcionante.

- Robertson Winery Special Late Harvest 2002, un blanco semidulce sudafricano con carácter cítrico que quizá pueda constituir un buen aperitivo, aunque aprecié de nuevo algunas notas de acetato de isoamilo que a mí particularmente me suelen desagradar.

- Brunello di Montalcino 1996 Agricoltori del Geografico, cerrado en nariz y sin carácter en boca.

- Cráter 2001, que comienza con cierto interés en nariz, pero en boca se viene abajo.

- Blecua 1998, con una nariz tremenda y expresiva, pero nuevamente con la sensación de caerse en boca, o al menos así lo apreció este modesto aficionado.

- Quincha Corral 2000, potente, voluptuoso, nariz intensa con alguna nota medicamentosa, muy sabroso. El mejor de la serie.

Entre los presentes se encontraba Miguel Ángel de Gregorio quien no tardó en sumarse a esta juerga enómana cuando recibió la llamada telefónica de los organizadores. Se pensó en gastarle una broma de las buenas, intercambiando los contenidos de una botella de Aurus y otra de un vino cualquiera, a ver qué decía al catarlos. No fue posible porque sus Aurus los guarda Madrazo lejos de allí, en la bodega de su casa particular, pero de todas formas, vista la cara de cachondeo que teníamos todos los presentes cuando se le puso por delante a ciegas a de Gregorio una botella de Shafer Relentless Shiraz 1999 (un vino que, al parecer, él ha puesto por las nubes en alguna ocasión), seguro que no le habríamos tomado el pelo (¿o quizá sí?). Este vino californiano estaba tremendo en nariz, especiada, mentolada, frutal, con un paso de boca poderoso pero algo secante.

A estas alturas, era un clamor popular que había que dejar de sacar botellas y darle cancha de nuevo a los vinos de Contino, así que rematamos el llamado sobaquillo (quedaron montones de botellas sin abrir) con un viejo vino de Montilla-Moriles bien oxidado pero en el que la crianza biológica aún era apreciable y con notoria acidez de concentración: Cream 1945 de Toro Albalá, del que tan sólo se lanzaron 200 botellas al mercado.

Chus Madrazo retomó las riendas sacando un maravilloso –sobre todo, en nariz- y aborgoñado Contino Reserva 1978, al que siguió un 1976 no tan grande como el anterior, pero de final pleno y persistente.

Llegó a continuación el esperado Contino Selección Personal del Enólogo 2001, elaborado con el que seguramente será en el futuro coupage a emplear en los Viña del Olivo: 80% tempranillo, 20% graciano. Un vino poderoso, regaliz, balsámicos, en la línea del Olivo 2001 que probaríamos el día siguiente. Se trata de un ensayo –exitoso, sin duda- de Jesús Madrazo para reproducir a escala de bodega las experiencias de laboratorio en las que se había probado con cantidades crecientes de graciano. Hay 35 barricas (8.000 botellas) que han sido comercializadas exclusivamente en primeur y no están destinadas a la ulterior comercialización. Los afortunados suscriptores las recibiremos a finales del año 2003.

Ya eran más de las tres de la madrugada y, aunque el entusiasmo del personal, las risas y la diversión no cejaban, parecía prudente retirarse a descansar, pues a la mañana siguiente nos esperaban la visita a los viñedos y la bodega, las catas de barrica y la vertical de Viña del Olivo. Aun así, tuvimos ocasión de catar un Contino Reserva 1983 que, a pesar de la fuerte selección efectuada en su momento, no puede evitar reflejar los problemas de aquella añada y se muestra un tanto desequilibrado, muy por debajo del extraordinario (nariz impresionante, redondo en boca) Contino Reserva 1981 con el que tristemente -las despedidas siempre son un poquillo de este modo- se cerró la jornada. Flotaba en el aire la duda: ¿es más grande el 82 ó el 81? Confío en tener ocasión de recatarlos juntos algún día para decidirme; mientras tanto anoto un empate.

Antes de terminar este capítulo, dejaré constancia de una anécdota que puede ser ilustrativa para quien, al leer relatos como éste, tenga la funesta tentación de confundir a los enómanos con borrachines: alguien llevaba un etilómetro (perfectamente homologado y revisado) en el maletero y muchos de los presentes soplaron antes de montarse en el coche rumbo al hotel. Pues bien, ninguno de los conductores superaba el límite legal de alcohol en sangre. Así sucedió y así queda reflejado en esta crónica.

III. Vertical integral de Viña del Olivo

Al día siguiente sobre las 11:30 horas, estábamos casi todos de nuevo en el jardín trasero de Château Contino. El sol abrasaba como preludio de las intensas tormentas que descargaron avanzada la tarde y el calor nuevamente apuntaba a los cuarenta grados, de modo que, en lugar de recibir las explicaciones de Madrazo in situ, entre las hileras de cepas, éstas tuvieron lugar a cubierto, en el frescor de la bodega, con la ayuda de la documentación, las fotos y los planos que teníamos a nuestra disposición.

Las instalaciones estaban entonces sometidas a una intensa remodelación que debía acabar para mediados de agosto, a fin de no entorpecer las labores de vendimia y vinificación. Seguro que, desde el punto de vista de la descripción de la bodega de vinificación y las salas de barricas, una visita sería mucho más interesante ahora que en julio de 2003 pero, como dice medio en broma mi amigo Álvaro Girón, en esto del vino somos un poco husserlianos y lo que nos importa es la cosa en sí, el fenómeno, o sea, lo que hay dentro de la botella...

En este caso no fue el contenido de ninguna botella el que dio comienzo a las catas en la mañana del día 14 de julio de 2003, sino vino extraído directamente de las botitas bordelesas de 14 arrobas que se introdujeron hace decenios en Rioja y que actualmente dominan el panorama vinícola internacional. Probamos tres muestras de barricas que entrarán a formar parte del futuro Contino Reserva 2002 (como se ha indicado, en esta añada no se elaborará ni Graciano ni Viña del Olivo): una de roble francés fabricado por Moreau, otra de roble húngaro y una tercera de roble americano de Filadelfia. En los tres casos, el vino se presentaba aún crudo y en exceso secante (sobre todo el procedente de la barrica americana), mas con sensibles diferencias entre ellos: la barrica Moreau respetaba mejor la frutalidad del vino, envolviéndola en un entorno de ebanistería fina, mientras que el roble húngaro presentaba un vino más especiado y complejo, aunque también más secante que el anterior; por último, a mí particularmente no me agradó la muestra criada en roble de Filadelfia, por las notas en exceso exuberantes de coco y vainilla, además de la ya mencionada astringencia. En cualquier caso, tratándose de un vino tan al inicio de su evolución y recién extraído de la bota, las sensaciones que se obtienen son poco más que un juego y una manera de acercarse como aficionado a las complejidades de la elaboración del vino, probablemente sin mucho que ver con la impresión que uno tendrá del mismo vino cuando finalmente sea homogeneizado y embotellado.

La actividad estrella del día era la cata integral de todos los Viña del Olivo que han salido al mercado. Hasta ahora, esta cuvée ha ido de la mano del monovarietal de graciano, con la excepción de 1994, año en el que comenzó la elaboración de Contino Graciano, mientras que la primera añada de Viña del Olivo que se comercializó fue 1995. Así que nuestros oponentes en esta ocasión iban a ser los Contino Viña del Olivo 1995, 1996, 1998, 1999, 2000 y 2001. Tampoco se elaboró este vino en 1997 ni 2002 y habrá que estar atento a lo que el enólogo de la bodega consigue hacer con la complicada cosecha del 2003.

Como era de prever, el personal estaba en general algo cansado y las circunstancias no permitían dedicar tanta atención a las necesidades de decantación y reposo que estos vinos pedían a gritos. Comenzamos la cata sobre las 13:30 horas, pero a las dos de la tarde ya se pensaba más en la comida que en seguir catando de modo que, aunque algunos recalcitrantes nos hicimos los remolones ante el relativo desperdicio de una ocasión única para probar despacio toda la serie de Viña del Olivo, la realidad del cansancio terminó imponiéndose y algún enópata impaciente retiró también mis copas apenas probadas en boca aprovechando que me levanté un momento para conversar en un pequeño aparte con Jesús Madrazo y Vicente Través. En fin...

Por suerte, el enólogo nos pidió que nos lleváramos las botellas casi llenas que habían quedado sin servir (se abrieron dos de cada y en esta cata del lunes la asistencia fue menor) para probarlas con calma en casa, lo que de paso proporcionó a los vinos la necesaria oxigenación y les permitió expresarse plenamente, a pesar de que las botellas -ya abiertas y, eso sí, protegidas en cajas de porexpán- sufrieron cientos de kilómetros de carretera en pleno mes de julio. Lo que está claro es que frágiles no son.

Contino Viña del Olivo 1995: Hubo una notable discordancia entre las dos botellas de este vino; la primera estaba dominada por notas animales y por la acidez volátil y se mostraba desequilibrado, mientras que una segunda se había conservado perfectamente y contenía un vino elegante y complejo, con aromas farmacéuticos, de cueros finos, flores y un fondo frutal muy notorio, recién abierto por encima incluso del estupendo 1996. No hubo ocasión de recatarlo al día siguiente.

Contino Viña del Olivo 1996: Cereza-rubí de capa alta, ribete rubí-ocráceo. Nariz en la que destaca un primer golpe de aceitunas, muy especiado y potente, lácticos, café, tostados. En boca, bien estructurado y sabroso, con fresca acidez y réplica en retronasal de los aromas. Fantástico posgusto, larguísimo, pleno y complejo. Importante mantenerlo entre los 16ºC y los 18ºC. En comparación con el mismo vino catado 24 horas antes con la botella recién abierta, la evolución en cuanto a complejidad, riqueza de aromas y estructura fue muy positiva. De todos ellos, con la salvedad de no haber podido seguir más de cerca el 1995, el que se encuentra en mejor momento.

Contino Viña del Olivo 1998: Como sucedió en la vertical de Graciano, esta añada, además de constituir un punto de inflexión en el estilo de la casa, queda por debajo de las demás, aun siendo un vino muy estimable. En nariz el predominio frutal es más evidente desde recién abierto, con notas en las que pugna algo de etanal con balsámicos muy potentes. Bien estructurado en boca, con sabores que desarrollan los aromas, pero no especialmente largo. No fue recatado al siguiente día.

Contino Viña del Olivo 1999: Cereza de capa muy alta, ribete granate. Nariz de mediana intensidad en la que destacan los tostados finos (vainilla, caramelo), granos de cacao, lácteos (mantequilla) sobre un fondo de fruta roja y, a copa agitada, de aguardiente de pera williams; se matiza y se hace más complejo con un tiempo de reposo a copa parada. En boca, tanicidad marcada pero no molesta que apenas se ha atenuado desde ayer, mientras que en retronasal confirma plenamente la nariz. Largura media. Este vino cambió claramente desde el día anterior, evolucionando a otro distinto, menos poderoso y vivaz, pero a la vez más elegante. Posiblemente estuvo en su apogeo a partir de las dos o tres horas de oxigenación.

Contino Viña del Olivo 2000: Cereza de capa alta muy oscuro, ribete granate-violáceo. Nariz de mediana intensidad en la que destacan los tostados finos (vainilla, caramelo), granos de cacao, sobre un fondo de fruta roja. En boca, se muestra más redondo que 1999. También el final es más amable y largo que 1999, de guirlache, vainilla y fruta roja madura. Evolucionó algo desde el día anterior, pero seguía mostrando las mismas cualidades básicas.

Contino Viña del Olivo 2001: Cereza de capa alta casi negro, ribete violáceo. Nariz láctica, tostados finos, regaliz, mentolados. Boca más tánica y estructurada que Selección 2001, pero no tan redondito para tomar ya. Final correcto. El más poderoso e ilusionante de las tres añadas más recientes. Este vino y el Selección Personal 2001 son muy similares, sólo que con más accesibilidad del Selección y, quizás, un punto menos de estructura. Se suavizó notablemente desde el día anterior, pero seguía mostrándose más que vivo.

Además, tuve ocasión de recatar con calma los otros dos 2001:

Contino Graciano 2001: Cereza de capa alta casi negro, ribete violáceo. Nariz intensa con notas predominantes de pera, mentolados, regaliz, notas lácticas; a copa parada, mentolados y regaliz a tope. Boca deliciosamente fresca y ácida, no excesivamente compleja, pero muy directo y frutal, con la madera justa. Quizá le falte algo más de persistencia. Un gran vino que sin duda mejoró significativamente tras ¡48 horas de aireación!

Contino Selección Personal de Jesús Madrazo 2001: Cereza de capa alta casi negro, ribete violáceo. Día 15 (casa): Nariz láctea, caramelos, tostados finos, fondo de frutas rojas y regaliz. Boca armónica, con réplica en retronasal. Final correcto. En cierto modo, un punto intermedio entre Graciano y Olivo 2001, aunque muy cercano a éste.

Y aquí se termina la historia de este asalto “enopsicópata” a Contino. Esa tarde algunos teníamos previstas un par de paradas interesantes en el camino de vuelta: una en Burgos donde Paco Berciano y otra en Madrid con Ignacio Villalgordo y otros amigos. Citaré de nuevo a Carlos Zalve, esta vez para tomar prestado el final de su artículo: pero ésas... son otras historias.


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