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Vinos gauchos

Argentina discretamente se posiciona en el mercado vitivinícola internacional deslumbrando a catadores profesionales con sabores auténticos de las tierras andinas.

Desde la época de la colonización, Argentina cultiva cepajes que trajeron los inmigrantes de España, Italia y Francia. El progreso de la vitivinicultura responde a la historia evolutiva, política, económica y social del país. De hecho las primeras plantaciones yacen de la colonización del siglo XIV cuando los sacerdotes plantaban a medida que avanzaba la conquista. Pero llegar al cordón de la cordillera de Los Andes, al oeste de Argentina donde se concentran las mejores combinaciones de terruños llevó varios años. Las grandes olas de inmigración y la extradición del indio lograron un país de fácil adaptación europea, ya que la mayoría provenía del Viejo Continente. Por lo tanto los cepajes argentinos son como su población con ancestros europeos pero radicadas en la tierra noble de este joven país.

El agua de deshielo, la escasa humedad ambiente y la topografía de valles cordilleranos permite desarrollar una producción vitivinícola natural, sin usos químicos en el centro oeste y noroeste de Argentina. Las provincias de mayor producción en orden cualitativo y cuantitativo son Mendoza, San Juan, La Rioja, Río Negro, Catamarca y Salta. Estas zonas cuentan con una amplitud térmica tan grande que las temperaturas son muy altas de día y muy bajas de noche. La maduración de los granos de septiembre a marzo permiten una cosecha de excelentes frutos.

La aridez del oeste limitó los beneficios de la producción vacuna y agrícola de la que ostenta Argentina. Sin embargo las parras se fortificaron en el oasis produciendo uvas de excelente calidad y abriendo bodegas cada vez más tecnificadas. Los inmigrantes volvieron a invertir en el país pero esta vez con la certeza de que los varietales se adaptan mejor que en sus países de origen. Según comenta Hervé Fabre, dueño de la Bodega Fabre Montmayou descubrió en la zona de Luján, Mendoza “un malbec tan excepcional que jamás lograría el sur de Francia”.

Argentina se ubica actualmente entre los cinco primeros productores internacionales de vino fino. Cuenta con 205.000 ha cultivadas distribuidas en 26.000 viñedos. Tiene un consumo vinícola de 34 litro por habitante por año y pese a sus extensiones de cultivos y cavas, la producción apenas deja un margen para exportación. Asimismo los tres últimos años después de la crisis financiera que pasó el país, el vino argentino comenzó a viajar a los restaurantes del mundo siendo una amenaza para el resto. La razón es que los taninos del Bonarda despiden aromas de valles andinos y el cuerpo rojizo del malbec baila un tango en cada copa.


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