Cata Prioratos 2000
Si uno hace un repaso a las últimas catas de la Peña Bilbao, cae en la cuenta de que la internacionalización de las mismas ha ido en aumento (Burdeos, Chateuneuf-du-Pape, Alemania…). Esto es, sin duda, saludable y demuestra la amplitud de miras que con el tiempo hemos ido adquiriendo. La cata jamás celebrada y esperada por todos era la “Italiana” pero, quise jugar al despiste y montar una cata nacional de una Denominación que, aunque de la misma habíamos catado vinos, no había protagonizado un monográfico.
La añada elegida para tal evento era la 2.000 debido a varios motivos:
· Deseaba ver si el tantas veces publicado cambio de estilo en los vinos del Prioratotenía visos de realidad.
· Quería presentarPrioratos de una añada reciente para mostrarlos en todo su esplendor frutal. Queda pendiente una dePrioratos mayorcitos para observar su evolución.
· Teníamos en la cava dos grandes regalos por parte de nuestra Peña hermana La Taberna (Vall-Llach 00 y Mogador 00) y qué mejor ocasión que catarlos en una pelea con el Dofí y el Erasmus. Además me interesaba observar las diferencias entre el Mogador y su “primo americano” Erasmus.
Los vinos, que habían sido decantados con cuatro horas y media de antelación antes de ser servidos en doble ciega para ellos y ciega simple para mí, se comportaron francamente bien e hicieron las delicias de los asistentes. Hemos de destacar que efectivamente acusamos recibo del cambio suscitado en los vinos de esta Denominación hacia una mayor elegancia no exenta de potencia, mineralidad más atemperada y mantenimiento de esa fruta negra fresca y jugosa; si se me permite el atrevimiento, con un estilo más Montsant A título personal debo decir que salí encantado con los tres primeros vinos clasificados que estoy deseando volver a reponer en mi cava.
La pelea se decidió por pocas décimas entre tres de los vinos mientras que un decepcionante Clos Erasmus fue colocado en último lugar por la totalidad de participantes. Sólo en el Erasmus hubo unanimidad, los tres vinos precedentes fueron calificados de forma diferente por el resto de la Peña.
Aquí van las puntuaciones:
1er clasificado: Vall-Llach. Negro con ribete violáceo, opaco, lágrima tintada eterna. Nariz de intensidad altísima con notas de fruta negra en licor, maderas finas, minerales, cacao, pimienta, tabaco y recuerdos cremosos. En boca es muy potente y algo astringente aunque posee cierta redondez. Goloso, equilibrado y con un retronasal muy largo a fruta negra en confitura (8.9Pt)
2ª clasificado: Finca Dofí. Picota con ribete granate evolucionado, capa alta y lágrima tintada. Nariz en la que se perciben tostados, ciruelas y cerezas en licor, violetas, minerales y unas curiosas notas terciarias en fondo que aportaban complejidad pero que nos llamaron la atención en un vino de este tipo. En boca destaca por una muy buena acidez, final amargoso y un retrogusto impresionante. (8.8Pt)
3er clasificado: Clos Mogador. Cereza picota con ribete cardenalicio, capa alta, lágrima lenta. Alta intensidad aromática con notas minerales, lácticos (mantequillas), fruta negra y roja en licor, recuerdos a cueros y ciertos aromas a frutos secos. En boca se muestra potente, llenando a cada sorbo, pero equilibrado y goloso. Gran final. (8.6Pt)
4º clasificado: Clos Erasmus. Decepcionante. Aparentemente no presentaba ningún defecto que lo descalificase. Picota con ribete granate, turbio. Nariz extraña llena de caucho quemado, chocolate, higos y toda una serie de síntomas a vino sobremadurado. Algún miembro de la Peña (el Laba) dijo que había colocado un Oporto para despistar. En boca se mostró muy astringente, llenando la boca y dejando un retronasal a fruta acompotada. Dentro de los vinos que yo denomino “chapapote”. (7.9Pt)
Una vez calificados los vinos, descubrimos las botellas y cenamos unos ibéricos como entrantes para pasar a un patorrillo (manitas de cordero) como plato principal que cocinó mi suegra para mi lucimiento personal. Los vinos se comportaron a la perfección con un plato tan potente. De postre degustamos unas peritas cocidas sobre natilla con canela, acompañándolo con un Castillo de Maetierra Melante Barrica 2002 (VT Valles del Sadacia) con una bonita nariz dulce y un paladar que provocó disparidad de opiniones.
Como colofón final me gustaría destacar que los tres primeros calificados son considerados por mí como vinos mediterráneos bien hechos, equilibrados y correctamente entendidos. Me encantan este tipo de vinos que, con una buena acidez detrás y sin llegar al esperpento de la sobremaduración y el higo maduro, llenan el paladar pero no cansan a la segunda copa.
Pasamos el testigo a Labalandrane para ver con qué nos sorprende.

