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Sinfonía Enológica en La Mayor

Reunidos a día 7 de mayo de 2005, queríamos celebrar el hecho de habernos conocido y unido para formar un grupo de amantes del vino. Sería esta, pues, nuestra cata inaugural, que al que escribe se le antojó por puro deleite. Contábamos para la ocasión con la inestimable colaboración y presencia de Jordi, de “El Punt Gastronòmic”, que proveyó el sinfín de manjares que acompañaban a los vinos que se dieron cita en la insigne y acogedora casa de Lluís Pablo, en Sant Feliu de Llobregat.

I. Trio: allegro ma non troppo.
Gran Muralles 1998.
L’Ermita 2000.
L’Ermita 1998.

Comienza el Gran Muralles, muy cubierto, glicérico, de nariz intensa y licorosa, a fruta negra muy madura, regaliz, maderas eminentes. En boca entra pegando fuerte, denso, cálido, pasa un poco áspero y tarda en marcharse.

Toma el relevo el primero de los l’Ermita, el 2000, manteniendo el tono, pero más calmado en nariz, más elegante, muy balsámico y frutal, sobre un fondo calcáreo con toques especiados. Entra en boca, equilibrado, en alto pero elegantemente. Se va sin despedirse.

Y le llega el turno a l’Ermita 1998, despertando recuerdos de viajes pasados por tierras prioratinas, muy vivo, elegante, un punto goloso por encima de sus compañeros de hoy, parece recién embotellado. Se alarga fenomenalmente.

Terminamos recreándonos con los tres, enfrentados. Demasiada madera en el Gran Muralles, muy mineral el l’Ermita 2000 al lado de su vivo y prioratino antecesor de 1998.

Los dejamos atrás, sin lágrimas, sin pena.

II. Allegro con brio – Allegro vivace.
Manzanilla San León Reserva de Familia.
Manzanilla Aurora en Rama.
Manzanilla en Rama Barbadillo, saca invierno 2004.

Bollinger Special Cuvée.
Cava Maria Casanovas 100% Pinot Noir.
Anchoas del cantábrico.
Jamón ibérico de bellota, Guijuelo.
Lomo ibérico de bellota, Guijuelo.
Aceite de Oliva Virgen Extra ‘Laguna Fuente de Piedra’, Málaga.
Aceite de Oliva Virgen Extra ‘Dauro de l’Empordà’.
Aceite de Oliva Virgen Extra ‘Gran Caus’.
Pan de parroquia y tomates de secano.

Finaliza la tensión. Las sonrisas aparecen en los rostros. El tono de voz empieza a elevarse. Tenemos comida y tenemos...

San León Reserva de Familia, vino de otro planeta para quedarse con nosotros. Está en la copa. Acercas la nariz. De pronto ya no estás en Sant Feliu. Te encuentras en algún lugar fresco y agradable entre el mar y un pueblo soleado. La marisma. ¿Es esto posible? Milagro enológico de color oro pálido y sabor salino. Se queda para siempre, en el corazón.

A su lado forman trío dos solistas de lujo. Aurora en Rama y Barbadillo en Rama. No quieren el protagonismo en nariz, pero en boca dejan claro que son manzanillas de raza, pasadas. Más intensa la Aurora. Un poco ausente la Barbadillo, que tenía un día en el que sólo podía mostrar su mejor cara, la de la armonía entre nariz y boca.

Un sonido seco y característico nos saca de nuestro ensoñamiento. ¡Plof!. Llegan las burbujas para terminar con los ibéricos. Derroche de felicidad.

Nos sorprende el Cava María Casanovas, muy intenso, casi salvaje. Color piel de cebolla. Muy frutal y goloso. Se extiende un poco para dar paso al precioso Bollinger Special Cuvée. Vivo, delicado, elegante, franco, profundo. Fruta, frutos, pastelería, ahumados. Cosa fina. ¿Se puede parar de beber?

III. Andante.
Mas d’en Compte Blanc 2001
Clar de Castanyer 2004

Tabla de quesos: Sant Felicien, Rocamadour, Reblochon, Comté 2003 y Brie trufado por el lado francés. Los de aquí: Cremosito del Zújar, queso manchego semicurado, manchego curado y manchego en manteca (con manteca de cerdo, tomillo y romero), la representación manchega viene de la mano de López Espada de Fuente de Pedro Naharro (Cuenca).
Dulce de membrillo casero.

Sin prisa pero sin pausa, aparece todo un popurrí de quesos para terminar con los espumosos y empezar con otra de las más aclamadas estrellas de la noche.

Es Mas d’en Compte Blanc 2001, un año estratosférico para este áureo vino de garnacha blanca que te embriaga con su perfume frutal y exótico, antes de dejarte estupefacto con su equilibrada y potente entrada en boca, seguida de un paso que nunca quiere ni quieres que se acabe. Un vino que sólo sirve para una cosa, para disfrutarlo.

A su lado salió un poco perjudicado Clar de Castanyer 2004, más que nada por el perfil de ambos vinos que no se daba a enfrentamientos. Cantidades ingentes de fruta fresca en nariz y una correcta acidez que lo hacen un todo terreno en la mesa.

IV. Allegreto.
Molino Real 2002
MR 2003
Tokaji Oremus 3 puttonyos 1999
Foie micuit.

In crescendo llegamos a uno de los momentos más dulcemente armoniosos, con un trío de blancos dulces y un micuit envasado tres días antes para la ocasión.

Aquí tenemos al fragante Molino Real 2002, elegante materialización de la moscatel, reclamo de un estilo de hacer vinos que conquistó Europa en otros tiempos. Acumula en nariz todo lo mejor que primavera y verano extraen de la tierra, flor y fruto, presentados de forma elegante, con un toque de fantasía aportado por la crianza.

Y no tiene mucho que envidiarle su hermano menor MR 2003, más teniendo en cuenta que tiene un precio tres veces menor. Uva en estado puro, quizá falto de la elegancia del Molino pero con un punto de voluptuosidad desvergonzada que te enfrenta con provocación.

Para cerrar un Tokaji 3 puttonyos de Oremus 1999, con sus sobradas buenas formas, magnifica acidez, aroma misterioso de manzanas ácidas y notas mielosas. Encandila.

Ya al borde del éxtasis decidimos hacer un descanso, mientras algunos acompañábamos a Jordi a “El Punt Gastronòmic” a por el plato principal.

V. Adagio cantabile.
Remelluri Blanco 2002
Lubina salvaje al horno.

Hemos de recibir con reverencia los frutos que nos da la mar, frutos tan grandes como la lubina que nos acompañó en esta ocasión. Para ello Jordi dispuso para nosotros algunas de las escasas botellas de Remelluri Blanco 2002 que le quedaban en el Punt. Complejo e intenso pero sin agotar. El aporte de la madera le da un toque exótico y glicérico. Gran acompañante de un pescado con un sabor puro, fresco, profundo, de textura exquisita.

Solemne encuentro gastronómico.

VI. Finale: presto.
Pedro Ximénez Viejo, Osborne.
Venerable Pedro Ximénez Viejísimo, Domecq.
Don PX Gran Reserva 1972, Toro Albalá.
Tarta de chocolate con naranja.
Tarta de limón.
Tarta de pera con mandarina.

‘Monumento al tiempo’ debería de rezar en la etiqueta del Pedro Ximénez Viejo de Osborne. Un líquido trasenológico de color negro que cae lenta y densamente, como si le diese pereza salir de la botella, ya le molestaron bastante al entrar en ella después de tanto tiempo a oscuras en una bota de roble, cual genio en su lámpara. Si te acercas puede que caigas en el profundo abismo aromático que contiene, guarida de aromas desconocidos. Beberlo es beberse el tiempo, sin más.

Claro, después de esto sería injusto tomar cualquier otra cosa. Pocos vinos podrían lidiar con uno que es capaz de llenar un espacio infinito, que no necesita de compañía alguna y del que es imposible hablar en términos normales. Sin embargo teníamos preparados a dos de esos pocos vinos.

Por ejemplo Venerable, otro PX digno de ser considerado entre los más grandes, concentrado, equilibrado, profundo, complejo. De emoción. Sin llegar al punto en el que se encuentra el de Osborne (ni a su precio) este vino se encuentra asentado en el olimpo de los PX por derecho propio.

Y que decir a estas alturas del mítico y desaparecido Don PX 1972, provocación de la bodega, que lanza un vino con un perfil tan grandioso a un precio de risa. Auténtico Oro Negro Cordobés. Ahora veremos como se valoran las pocas botellas que queden.

Por suerte teníamos los restos de los dulces blancos para acompañar las tartas de frutas.

Esto ponía el colofón a una vorágine enológica que duró desde las doce de la mañana hasta las ocho de la tarde. El resto del día estaba condenado a pasar inadvertido.

Ya han pasado unos días y, mientras escribo estas líneas acuden a mí los mejores momentos de entonces, quizá magnificados, pero eso es lo bueno de estos instantes, ¿no?

Al final sólo conservaremos unos cuantos recuerdos, debemos perseguir todo aquello de la vida que nos hace incrementar el número y la grandeza de éstos.

Yo brindo por ello.


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