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Blog de Verema.com

Partido de vuelta o la Grande bouffe enológica.

Año tras año el equipo de Verema.com juega un duro match enológico con el distribuidor Quim Vila. Son combates “mortales” en los que –incluso- suele haber bajas (lo digo por propia experiencia) y en los que el vino es el protagonista y en torno a él todo gira. Este año tocaba partido de vuelta, jugábamos en casa de nuestro “oponente”, en Barcelona, y el partido prometía tensión y emoción.

Recién llegados y casi sin tiempo de hacer el “calentamiento” de rigor comenzó el primer set. Una interesante cata de champagnes en la hicimos un recorrido por “pequeños” elaboradores artesanos. Aunque no hubo puntuación “in situ” ya que el objetivo era el disfrute más que la competencia, el preferido por la mayoría de los catadores fue un excepcional Delamotte blanc de blancs 1997:

Pajizo con destellos dorados y verdosos. La nariz de media intensidad, resulta ligera, floral, con toques de fruta blanca (manzana y pera), algunos recuerdos a frutos secos, algún recuerdo ahumado y cierta mineralidad. En boca cremoso, con una excelente integración del carbónico, es intenso, seco, algo amargoso, con nervio, buena acidez y buen recorrido.

También fue muy apreciado el Pierre Peters Extra Brut, un valor seguro y con excelente relación calidad precio:

Dorado pálido. Tiene una nariz de buena intensidad, fresca, con algunos toques de levaduras, recuerdos a frutos secos, algo de pan tostado, toques cítricos (mandarinas), recuerdos a flores blancas, frescas notas herbáceas y un atractivo fondo mineral. Con la aireación se hace más goloso. En boca resulta cremoso, con muy buen ataque, y muy buena acidez, leve amargosidad y buen recorrido.

No hubo la misma homogeneidad en relación con el resto de los espumosos probados. Sorprendió el Monsordo La Bernardina Spumante brut un espumoso del Piamonte elaborado por Ceretto, que en general descubrimos que no era un champagne aunque en general los ubicamos más hacia el norte de la Champaña que al sur (como era el caso):

Dorado brillante. Tiene una nariz atractiva, bastante personal, con notas florales, toques herbáceos, algo de brea y recuerdos a hidrocarburos. En boca resulta ligero, cremoso, con buena expresión frutal y buena acidez. El paso por boca es también atractivo.

Sorprendió por su personalidad el Vouette et Sorbée Extra Brut Cuvée Fidèle, una cuvée elaborada por Bertrand Gautherot:

Dorado brillante con destellos amarillos. Tiene una nariz atractiva de intensidad media, madura, con notas de algarrobas, algún toque resinoso, bollería, miel, melocotón en almíbar y cierta mineralidad. En boca resulta ligero, amargoso, con un paso cítrico y la espuma casi imperceptible. Buena acidez y buen recorrido.

No reconocí el Substance de Jacques Selosse pese a haberlo catado poco tiempo atrás, un champagne de emoción, “difícil” y con una personalidad muy marcada:

Color oro viejo. La nariz es intensa, con volumen y notable definición, incluyendo toques de frutos secos, levaduras, bollería y pan tostado pero resulta esencialmente fresco. En boca es cremoso, con muy buena acidez, buen recorrido, notablemente seco y con excelente estructura.

Interesante también el Lenoble blanc de noirs 1998, posiblemente el champagne con perfil olfativo más maduro y goloso de la cata:

Dorado con destellos amarillos. La nariz es madura, intensa, sin mucho volumen pero con excelente definición. Hay toques de bollería, dulces toques de boniato asado y recuerdos a “marron glace”. En boca muestra una magnífica acidez, con un paso algo cítrico, ligero, cremoso, con suave amargosidad y notable recorrido.

Algo menos consistente pero también muy atractivo el André Clouet Brut Rosé, con el que se cerró la cata:

Rosa bastante abierto. La nariz es fresca, intensa, frutosa, con cierta vinosidad, con frutos rojos y toques de frutos secos. En boca muestra tremenda acidez, resulta cremoso, con un paso cítrico, bastante largo y equilibrado.

El segundo set se presentaba todavía más espectacular, ni más ni menos que una reproducción de un menú “Belle Epoque” à la Escoffier que había viajado en el tiempo hasta el siglo XXI y que iba a ser acompañado por vinos alsacianos, bordeleses y borgoñones. El menú fue elaborado con metódico respeto a la tradición por el cocinero, escritor, tertuliano y gourmand Josep María Blasi, “cuiner a domicili” y gran conocedor de la cocina “clásica” francesa y la tradicional catalana.

En el primer asalto las entradas: Duchesses Nantua por una parte y por otra un Foie Gras à la Strasbourgeoise. Las Duchesses (Duquesas) son unas preparaciones de pasta choux dulces o saladas (saladas en este caso) que se suelen rellenar de una mousse. En este caso el relleno se apellidó Nantua que hace referencia a la mousse elaborada con cangrejo de río y trufa. Por su parte el Foie Gras à la Strasbourgeoise, una especie de brioche salado con un corazón de foie. El acompañamiento, primero un juvenil Riesling 2003 Vorbourg de René Muré que ya apuntaba una atractiva mineralidad:

Dorado brillante. La nariz es atractiva, de intensidad media, muy bien definida, con toques piel de cítricos, algo de bollería y notas minerales: algo de granito y tiza. En el fondo hay unas notas que recuerdan a los vinos con botrytis. En boca tiene carácter, muchísima personalidad, denso, amargoso, con muy buena acidez y excelente recorrido.

Seguido de un seductor Marcel Deiss Schoenenbourg 1997 con clara presencia de hidrocarburos en nariz y una estructura muy consistente en boca, el leve dulzor derivado del azúcar residual acompañaba al sabor del foie-gras como un guante:

Dorado con destellos amarillos. La nariz es atractiva, con buena intensidad, muy bien definida, con hidrocarburos, ciertos toques terrosos y flores amarillas ajadas. En boca muestra algo de azúcar residual, con cierta densiddad, excelente acidez y muy buena estructura. Un vino con raza y carácter.

Siguiente asalto, Terrina de Faisán acompañada de Salade Alice, una preciosa ensalada elaborada con manzana y usando como base media manzana vaciada. El acompañamiento un maduro Corton Renard 1997 de Leroy. Un vino delicado y fresco, de los que más me gustaran en toda la velada:

Rubí de media capa. La nariz es literalmente estremecedora, con suave toques animales, muy fresca, con atractivos toques de fruta roja acida, algún nota especiada (sobre todo clavo y pimienta negra), alguna nota de chocolate y cierta mineralidad. En boca resulta ligero, delicado, con buena acidez y buen recorrido. Equilibrado, con estructura y marcadamente seductor. Maravilloso.

De la Borgoña saltamos al Languedoc con un Grange des Peres 1999. Más intenso pero también más directo y simple, con mucha caballería:

Rubí de buena capa con ribete teja. La nariz es de buena intensidad, con abundantes toques de caballería, toques de fruta licorosa (guindas en licor), toques especiados (pimienta negra), algunas notas de monte bajo mediterráneo y cierta mineralidad. En boca es potente, con cuerpo medio, cierta amargosidad, buena acidez y buen recorrido. Estructurado y denso.

A continuación llegó el turno al pescado, un soberbio Turbot (rodaballo) Régence al que acompañaron a la perfección en primer lugar un vino bordelés, el Haut Brion blanc 2003. Un blanco atractivo y con cuerpo que ganará con algo más de botella:

Dorado pálido. Tiene una nariz atractiva, de intensidad media, metálica, con toques anisados, toques de hierbas aromáticas (verbena) y notas ahumadas. En boca resulta seco, glicérico, algo amargoso, con buena acidez y buen recorrido. Con cuerpo y notable estructura. Es todavía un tierno infante que necesita desarrollarse con algo más de botella

Seguidamente un seductor Mersault el Coche-Dury del 2000. Un vino con raza, que presenta toques ahumados y minerales:

Amarillo con destellos dorados. La nariz es intensa, seductora, perfumada, con buena intensidad pero sobre todo con mucho volumen, con toques que van desde el humo, a los atractivos recuerdos minerales sobre un fondo de frutos secos. En boca resulta amargoso, con carácter, excepcional personalidad, ligero, con un carácter mineral y toques de frutos secos en el retronasal. Excelente acidez y muy buena estructura.

Una nueva etapa vino de la mano de un Côte de Veau Talleyrand acompañado con pasta elaborada con foie, y que vino acompañado primero de un interesante Beaucastel Hommage a Jacques Perrin 2001. Goloso y con una excepcional expresión frutal:

Picota granatoso. En nariz resulta goloso, denso, concentrado y maduro, con fruta negra en sazón, toques especiados y algunos tostados. En boca tiene un ataque con carácter, resulta amargoso, de paso suave, con buena acidez y buen recorrido. Notable estructura. Un vino extraído con notable concentración.

Así como de un impetuoso Chateau Latour 2001. Que mostró una nariz musculosa y densa. Un pequeño infanticidio:

Picota granatoso. La nariz es densa, tostada, madura y concentrada. Hay una excelente expresión frutal, con toques de grosellas, arándanos y frambuesas, con notas ahumadas y algunos toques tostados. Hay también toques de maderas aromáticas (cedro y sándalo) y cierta mineralidad. En boca es un vino con carácter, denso, con buena acidez, buen recorrido y una excelente estructura. Taninos firmes, dulces y carnosos. Falto de bastante botella aunque ya comienzan a apuntar maneras.

La culminación de la cena fue una espectacular selección de quesos, brillantemente presentados por Eva Vila, y los Bavarois au Chocolat -a un paso de un “moscovita” (bavarois de frutas)- y Pudding Nesselrode (un denso pudding de castañas). El acompañamiento, ni más ni menos que un Yquem de 1920. Con una nariz que recordaba a un amontillado viejo, cansado por los años pero todavía con un hálito de vida:

Caoba de media capa de aspecto denso. La nariz es intensa, de buena intensidad, bien definida, con notas que recuerdan inicialmente a un generoso, tostados, frutos secos, para dar paso a densas toques de flores blancas, recuerdos amielados, toques cítricos con recuerdos a lima escarchada. En boca resulta ligero, amargoso, con dulzor comedido, buena acidez, muy buen recorrido, con un retronasal que trae recuerdos tostados y notas de azúcar quemado.

Por su parte el Yquem 1975 mucho más vivo con la característica nariz botrytizada:

Oro viejo brillante con destellos ámbar. La nariz es intensa, bien definida, limpia, con mucho volumen, con las habituales notas de la botrytis, toques de miel, recuerdos a especias exóticas, toques de piel de cítrico caramelizada y notas de flores amarillas ajadas. En boca tiene buen ataque, suave amargosidad, dulzor equilibrado por la excelente acidez, con cierta densidad y notable recorrido.

Cuando ya parecía llegar el final de fiesta aún apareció un interesante vino dulce, un Banyuls, el Domaine de La Rectorie 2003 Cuvée Leon Parcé:

Picota granatoso. Nariz atractiva, fragante, limpia y muy bien definida con toques de azúcar quemado, recuerdos especiados (especias exóticas), sirope de ciruela y un atractivo fondo de canela. En boca reaparece la canela, buen ataque, leve amargosidad, dulzor equilibrado con la excelente acidez y buen recorrido. Magnífica estructura.

Vencida ya toda resistencia llegó la hora del café y algunos destilados –por los que pasé de puntillas- y tras una pequeña pausa llegamos al habitual debate sobre lo divino y sobre lo humano entorno a una interesante selección de champagnes de Bollinger (pronúnciese bolaaaaaaaaangé) empezando por el Special Cuvèe:

Pajizo con destellos dorados. Tiene una nariz atractiva de intensidad media y más bien clásica con recuerdos a manzana compotada, toques de canela, algo de levaduras, bollería y frutos secos. En boca tiene un paso excelente, con un tacto magnífico, cremoso, con una acidez cítrica, un postgusto amargoso. Resulta largo y evocador.

A continuación vino La Grande Année del 1997:

Es un champagne de corte maduro lo que no está reñido con el frescor. Es un producto expresivo y con notable atractivo. Aparecen los toques más serios de fruta amarilla en compota, recuerdos a bollería, algarrobas y frutos secos. Esas notas más densas se compensan con toques cítricos y recuerdos a manzana verde. Tiene un paso por boca seductor, resulta amplio, cremoso, con excelente integración del carbónico. El ataque es potente y fresco, con una marcada acidez de carácter cítrico y con nervio. Un vino largo y evocador y con una espectacular estructura.

Y ¿finalmente? un espectacular RD (Recent Degorgé) de 1996:

Dorado pálido y brillante. Tiene una nariz de buena intensidad, franca y con mucho volumen. Muy elegante, con los habituales toques de bollería, levaduras y frutos secos por un lado, pero también con los atractivos toques florales (flores blancas) y recuerdos cítricos (lima y piel de mandarina) que le dan frescor. Atractiva mineralidad. En boca es cremoso, con muy buen ataque, excepcional acidez -cítrica-, con nervio y larguísimo. Tiene cuerpo y estructura pero también frescor y frutosidad

En plena vorágine algunos de los contertulios fueron tragados por la tierra y vomitados con el Chambertin 2002 de Denis Mortet. Un vino que muestra cierta opulencia que fue un pequeño homenaje (¿no buscado?) al recientemente fallecido elaborador:

Picota granatoso de media capa. La nariz es atractiva, elegante, con volumen y notable profundidad. Fragante. Toques ahumados, algunos tostados, recuerdos especiados, fruta roja madura, regaliz, algunas notas de caza mayor y cueros viejos. En boca muestra cierta densidad pero tiene un paso fluido y atractivo, es amargoso, con buena acidez y buen recorrido. Muestra cierta opulencia y notable estructura pero una textura suave.

Ya un poco más allá, que aquí, la parroquia se trasladó al restaurante “Oli en un llum” donde tras tomar unas refrescantes botellas de Gran Caus Rosado cometimos la pequeña herejía de maridar unas excelentes hamburguesas de solomillo de buey con –ni más ni menos- que un Clos Erasmus del 2004. No estando en condiciones de evaluar el vino, sólo diré que me pareció algo falto de botella y con una potencia algo desbocada. En todo caso siendo un vino recién salido al mercado es un tanto pronto como para juzgarlo.

No hubo en el match ni vencedores ni vencidos, tampoco hubo “bajas” en esta ocasión y como siempre que un partido acaba en tablas quedó pendiente de revancha para un año después.

Epílogo:

Aún hubo fuerzas a la mañana siguiente para hacer una parada en Peñíscola donde fuimos agasajados en Casa Jaime

(http://www.verema.com/comunidad/mesasyvino/restaurante.asp?restaurante=853) donde la segunda generación de la familia Sanz nos dio una lección magistral sobre el uso de las materias primas que nuestro maltrecho mar Mediterráneo todavía contiene.


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