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Blog de Verema.com

Penalidades del verano...

Lunes 25 de junio, Valencia, 40ºC marcaban los termómetros de la ciudad y, no se les ocurre otra cosa a los miembros del grupo de cata BO2, que invitarme a una cena y cata de tintos. Termófobo y blancófilo declarado, no tuve más remedio que aceptar la invitación, así que haciendo de tripas de corazón, acudí al restaurante La Cepa Vieja, regentado por el forero Raul_cc, quien nos recibió un poco asustado porque no sabía si el aire acondicionado aguantaría el enviste de este poniente. Al menos la temperatura se hace más agradable dentro del local.

Definido el escenario donde habían decidido torturarme, vayamos a las armas que se emplearon. Se empezó con un champagne Ployez-Jacquemart Extra Quality Brut, un coupage de Pinot Pinor y Pinot Meunier de los Premiers y Grand Crus de la bodega. Fresco, elegante, muy fino en nariz con marcada tipicidad y excelente en boca. Algo con lo que consiguieron tranquilizarme un poco. La temperatura en la sala ya es más agradable.

Y ahora vamos a la cata a ciegas de los dichosos tintos:

- Vega Sicilia Único 1982

- Vega Sicilia Único 1991

- Vega Sicilia Valbuena 5º Año 1985

- Château Sociando-Mallet 1990

- Les Forts de Latour 1986

Ante tremendos monstruos la división de opiniones simplemente estribaba en ver cual era mejor que el anterior. Cada copa era un mundo, un terruño, una forma de elaborar y una porción de tiempo embotellado durante un largo plazo.

La clasificación fue la siguiente:

1º: Vega Sicilia Único 1982. Considerada junto a la del 81, una de las mejores añadas de la marca. Mostraba un color picota granatoso con leves síntomas de evolución, unos aromas de pegamento que desaparecieron rápidamente, violetas, lácteos, regaliz y azúcar tostado. Buena intensidad y elegante. En boca presentaba una acidez aun viva, redondo y leves taninos, algo que no esperaba de un vino de 25 años.

2º: Valbuena 5ºAño 1985. Nariz original con una bollería muy presente, unas singulares natillas de chocolate que desbordaban la copa, guindas, yema tostada y un punto “oportizado”. En boca es elegante, con buena acidez, largo, con un recuerdo final de carne mechada y taninos aun vivos. Agradecer a Roberto que sacara esta joya de su bodega privada.

3º: Château Sociando-Mallet 1990. Un Burdeos Haut-Médoc de cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc. De estilo claramente distinto a los tres españoles, este Burdeos presentaba una apariencia en copa de mayor de edad que el resto. Nariz con notas de sudor de caballo, betún, tinta china, balsámicos, pimiento verde, notas minerales muy leves y poco a poco saliendo la fruta a raudales. En boca el cuerpo era notable, buena acidez y cierta amargosidad.

4º: Les Forts de Latour 1986. Hermano menor del mítico Château Latour, un Pauillac elaborado con cabernet sauvignon y merlot. De nuevo el estilo marcadamente Burdeos en nuestras copas con predominio de la tierra húmeda, flores ajadas, caramelo tostado, maderas nobles. En boca para mí fue el más impactante, por su marcada acidez, su fragancia a fruta roja por retronasal y por la larga vida que le queda en botella.

5º: Vega Sicilia Único 1991. Otra añada más del icono de Ribera del Duero, elegante y fresco en nariz, pan tostado y mantequilla caliente, hidrocarburos y praliné . Muy vivo en boca, largo y con gran acidez.

Por otro lado cabe destacar que a lo largo de la noche, los Vega Sicilia se mostraron algo más tímidos, empezaron a decaer en aromas y a homogeneizarse, mientras que ambos franceses estuvieron pletóricos durante toda la velada, sacando mucha fruta fresca e incluso algunas flores, violetas.

Para tratar de contentarme aun bebimos algunos blanquitos, un magnífico Château Talbot 2004 de la zona de Saint Julien que estaba realmente exquisito, un Château Chamirey, chardonnay de Mercury más serio y refinado y por último, un pequeño postre aportado por Greg, Domaine de Souch 2003, un Jurançon fresco, con ese perfecto equilibrio entre dulzor y acidez y una excelente nariz.

Así que al final de la velada con todos estos grandes monstruos, una buena cena a cargo del restaurante La Cepa Vieja, una grata compañía y el aire acondicionado mitigando las temperaturas extremas, tan solo nos quedó por hacer una cosa: tomarnos un gin-tonic para acabar de poner la guinda al pastel.


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