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Blog de Verema.com

En busca del pimiento verde

Detrás de esa expresión hecha que dice “Me importa un pimiento” se esconde la gran falacia, ya que cuando la decimos nos referimos a algo que nos interesa poco, pero en nuestra cata de cabernet sauvignon encontrar el varietal, el pimiento verde, se convirtió en una faena laboriosa para todos los asistentes.

Nos reunimos como cada tercer sábado de mes. En esta ocasión el restaurante El Rocío fue el que se atrevió a acogernos en su regazo para disfrutar de la aventura única e irrepetible de una cata de monovarietales.

Armados de valor, los históricos, más Juan, Rubén, Jorge e Ilumi, preparamos las copas, sacamos las fichas de cata, los bolígrafos y las botellas cubiertas por su halo de papel de aluminio y nos dispusimos a comenzar el ritual. La tensa espera se convertía en el momento deseado. Delante de las copas los nervios pasaron a un segundo plano y nuestro atrevimiento fue el medio para realizar el objetivo de la cata.

Como en todos los grandes retos, en el nuestro se produjeron bajas: Ilumi, en la lucha con una cámara de fotos y su copa, salió perdiendo. La copa cayó sobre sus fichas de cata, sobre su mantel y sobre su ropa y nos dejó a nuestra suerte durante la práctica totalidad de la cata. Pero no nos desanimamos. Cogimos nuestras copas, las envinamos, las alzamos al viento y nos lanzamos a la aventura.

El primer desafío provenía de un Raimat Cabernet Sauvignon 1997, nuestro primer Costers de Segre. Mojamos las paredes de la copa para fomentar la evaporación, expulsamos todo el oxígeno de nuestros pulmones, metimos la nariz hasta el fondo y aspiramos con todas nuestras ganas. Pero allí no estaba. Destacaban los ahumados y los frutos negros, pero no el pimiento verde.

Seguimos nuestra cruzada con un Enrique Mendoza Cabernet Sauvignon 1997 y aquí nos topamos con el premio. Lo habíamos encontrado y el resto de la cata era para disfrutar. El vino de Pepe Mendoza y familia nos llegó al alma, que gran trabajo están haciendo en una zona con poco reconocimiento previo.

En tercer lugar probamos una sorpresa, un vino de una zona vitivinícola poco conocida: el Valle de Lecrín de Granada, encajado entre las sierras Nevada y de las Albuñuelas. El Señorío de Nevada es el primer vino de la bodega homónima y causó una grata impresión a todos los asistentes.

Como no podía ser de otra forma, incluimos un vino de La Mancha en la cata: Portillejo Cabernet Sauvignon Crianza 1998. Viñedos Mejorantes están haciendo grandes vinos en la zona de Villacañas (Toledo). Sin embargo en esta ocasión no fueron los matagigantes de la cata y aunque no desafinaron con el resto, no quedaron muy bien situados. Las emociones fuertes quedaron para el final.

El último vino catado fue el Dominio de Valdepusa Cabernet Sauvignon 1998 del Marqués de Griñón. La experiencia de esta bodega elaborando monovarietales de castas foráneas en la zona de Toledo es un sello de seguridad para sus vinos. Estamos deseando probar uno de sus vinos, ya consagrado en el foro de Verema: su afamado Petit Verdot.

Posteriormente a la cata, continuamos con la cena en la que degustamos ensaladas de pimientos (¡aquí si que estaba claro donde estaba el pimiento!), tablas de patés, entrecots, solomillos al oporto, bacalaos y salmones…..Todo ello con animadas conversaciones sobre vino, música independiente y fútbol. Como diría la canción: “Qué no nos falte de ná, que no, que no…..”

Para cerrar una intensa noche, nuestro anfitrión en el restaurante El Rocío nos ofreció varios de los vinos que tiene en su carta:

- Torre de Gazate coupage de cencibel y cabernet sauvignon de 1998. Un vino muy interesante de gran relación calidad-precio de nuestra vecina Tomelloso.

- Palacios Reales Sauvignon Blanc de 2000. Una de las primeras experiencias de bodegas Miguel A. Verduguez, una joven bodega de la provincia de Toledo. Un vino refrescante y muy frutal.

- Solaz 2000. Con un coupage de tempranillo y cabernet sauvignon, es un vino de la Tierra de Castilla de Bodegas Osborne, elaborado en Malpica de Tajo –Toledo- (la misma localidad donde se encuentra el Dominio de Valdepusa del Marqués de Griñón). Resultado, un vino correcto.

En definitiva, seguimos aprendiendo poquito a poco a conocer el vino, a conocernos a nosotros mismos y a conocer a través de nuestros sentidos, a sentir,…..y sintiendo nos encontramos vivos. Así pues unamos nuestras manos y cantemos juntos:

“A mí me gusta el pipiriripipí,
de la bota empinar pararapapá,
con el pipiriripipí, con el papararapapá,
y al que no le guste el vino es un animal o no tiene un real”.


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