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Entre crianzas y reservas ganó el sobrero

La cata 13, no muy buen número. Ha sido la causante de que Los chicos de la vid hayamos estado tanto tiempo sin escribir. Fue tan "negatifa" como diría Val Gaal que ninguno tenía ganas de escribir sobre ella. No sabemos si los vinos estaban mal, si los años no eran los adecuados, si como dicen algunos (la mayoría) no tenemos ni idea de vinos ;-)) o si nuestras pretensiones eran demasiado altas, pero lo que está claro es que es una cata para olvidar.

En el Rocío conseguimos juntarnos 8 aficionados a la cata de La Mancha centro, chicos de la vid y chicas de la parra incluidas (suerte que no eramos 13). La noche se presentaba de buen cariz. Pero los vinos nos cambiaron la cara.

En la mesa estaban Viña Pomal Reserva 1997, Montebaco Crianza 1997, Gran Feudo Viñas Viejas Reserva 1998 y Vegaval Gran Reserva 1993 y tenemos que decir que la cata la ganó el sobrero (Ovidio 89), una sorpresa-donativo de nuestro buen amigo Gonzalo Fuentes de la tienda gourmet La Ermita (era publicidad, ya que el consumo de vino en Alcázar es tan bajo que ha tenido que chapar).

Comenzamos la cata con el Vegaval Gran Reserva del 93. Los vinos de Valedepeñas no han tenido suerte en nuestras catas, a pesar de quedar en segundo lugar el vino de Miguel Calatayud no despertó grandes alabanzas. Muy oxidado, mucha madera y aunque en la ficha hemos incluido que aún tenía fruta había que buscarla con pinzas.

En segundo lugar catamos el Gran Feudo Viñas Viejas del 98 de Bodegas Chivite. El mejor de la noche en la cata imagino por ser el más joven, el más vivo y frutal.

A continuación catamos el Montebaco Crianza del 97. La búsqueda de este vino tiene chiste, buscábamos un vino de Ribera del Duero y de la añada del 97, por creer que la añada del 97 era buena en Ribera. Esta presunción que, posteriormente nos han indicado que es falsa, se mostró durante la cata. Un vino caro para lo que nos encontramos.

El último vino en cata fue el Viña Pomal. En este punto todos estábamos ya un poco despistados y puede que el resto de la cata influyera en su valoración. En cualquier caso no es un vino que se pudiera adaptar fácilmente a las condiciones de los vinos que nos han gustado más durante nuestras catas debido al fuerte predominio de la madera.

Después de probar tanta madera entiendo que Gonzalo nos regalará el Ovidio 89, era una forma de compensarnos por habernos metido en una cata tan complicada para nosotros. Este vino, primera producción de la bodega Bernal García-Chicote de Pedro Muñoz (Ciudad Real), por su juventud y frutalidad compensó toda la madera anterior y nos supo a gloria. Si lo hubiéramos comparado en cata habría ganado con creces. Este vino va a dar que hablar en el futuro.

Por último para los postres catamos el dulce de moscatel de Alejandría Sol de Alicante que también nos llevó a comparaciones desafortunadas. Un buen vino de bodegas Bocopa que gustó mucho, como suele suceder con todos los dulces, pero algo lejos de nuestro querido Fusta Nova.

La conclusión que extraemos de la cata es que los vinos con mucha madera parece evidente que no nos gustan. Los jóvenes y los dulces triunfan por encima del resto, nada de complejidad. Cuanto más simples mejor, ya que no comparamos con otros vinos, sino con mezclas de destilados baratos (cuando no garrafón) dulcificados por bebidas gaseosas. Es triste, pero es así.


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