Es una weißbier dorada, con un giste abundante, cremoso, duradero, una magnífica cerveza embotellada sin filtrar. Huele a corteza de pan, a limón dulce, a pulpa de mango verde. Sabe a pan duro, a pan de salvado, a clavo y a piel de pera. El único pero es que carece de amargor pero es tan redonda como el monje que figura en la etiqueta de estilo barroco : muestra el pecado de gula de un capuchino. Contrariamente a lo que se cree, el primer trago no es el único que cuenta : a mí me gusta muchísimo el último. ( PVP : 2,00 € )
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