La carta es amplia para lo que aquí se estila, aunque no muy profunda, pero lo bueno es que todo está muy bien elegido. El precio que se marca es para la venta, teniendo que pagar un plus de 5€ por el descorche si se consume en el restaurante. Aún así merece la pena, pues el precio de partida es parecido al que te encuentrarías visitando la bodega. Apreveche la visita para comprar una botella de Viña Tondonia reserva 1989 blanco y otra de Viña Bosconia 1999, por lo que pagué 30€ en total.