El otro día fui testigo de como lo intentaba con los tintos. Los vinos en cuestión fueron un supertoscano (el Ornellaia 2002) y una potente garnacha de Borja (el Veratón 2007). Con vinos como éstos no me extraña que no le gusten los tintos, aunque el italiano era un vinazo, si bien no de mi estilo. Por cierto, en la misma sentada cayeron previamente varias joyitas blancas, una de las cuales fue un Bonneau du Martray Corton-Charlemagne Grand Cru 2007 (para flipar en colores).