Creo que una cierta humildad es necesaria para la convivencia. No hay nada peor que aquellos que se creen divinos, siendo mortales como todos. Los mejores cumplen esta distinción, si te das cuenta. Rafael, me hace pensar en Álvaro Palacios (por el apellido, pero por lo gratificante de sus explicaciones). ¿Quién más sencillo y asequible que Joan Roca? Y fíjate donde está. Y más campechano que Juan Mari Arzak.
Qué fácil subirse a la parra y volverse inaccesible cuando uno tiene éxito. Y qué peligroso!