Fue decisión del sumiller. Yo creo que nos quiso impresionar. Quizás pensó que somos de esos que todavía creen que todo lo bueno tiene que venir de fuera. De entrada no me atraía ni el Neudorf ni el Saxenburg por el hecho de ser vinos de los que llamamos "nuevo mundo" (estoy lleno de prejuicios), pero reconozco que el último de ellos, un syrah sudafricano, me gustó. El otro, un sauvignon neozelandés, en cambio no me convenció.