La misma experiencia tuve yo hace ya unos años. Decepción absoluta. Y para rematar, nos metieron prisa al final porque al día siguiente tenían una celebración -si no recuerdo mal, una boda-, detalle feo donde los haya cuando la broma te sale por doscientos pepinos. No colgué un comentario porque pensé que, quizás, habría sido un mal día. Han pasado más de cuatro años desde entonces, pero sigue siendo, con diferencia, la mayor decepción que me he llevado en un restaurante de este rango.