Ese flan es una maravilla, imposible de imaginártelo si no has tenido la suerte de degustarlo, es indescriptible.
Es casi la cuadratura del circulo... como tu bien dices, Oriol Rovira hace que una cosa tan simple, "a priori", como es un flan, se convierta en un producto sublime.
Ese arroz con trufa negra ya empieza a tentarme. A ver si con ocasión de una de esas visitas podemos pues conocernos :-)
Un abrazo
Joan