Así es, y el error fue mío además. La maldita manía de pedir una segunda botella distinta, cuando a veces, si has disfrutado del primero ¿por qué no repetir?
Quizá la culpa fue de Aurelio, que por congraciar elegí unas burbujitas.
P.D. ¿Has visto que arte para al final quitarme las pulgas?