Estimado Joan, en este caso lo complicado es la titaina, a cada bocado se cae más que entra, algo difícil de resolver cuando el relleno es generoso. Y eso que, disimuladamente, la lengua hace una labor realmente importante recogiendo lo que puede antes del desprendimiento.
El huevo lo seccioné hábilmente con el cuchillo antes de hincarle el diente, repartiendo su contenido a lo largo del pan.
Otra cosa hubiera sido si en vez de uno, hubieran puesto dos, ahí la cosa se hubiera complicado de tal manera que lo único que se me ocurre para recoger el exceso chorretoso es pedir más pan para mojar en el plato.
Como podrás observar, es complicada la tarea del almuerzo y hay que recurrir a ciertos trucos adquiridos a través de la experiencia.
Saludos.