Hace unas semanas me preguntaba si había vino para la partida, si había vino para la despedida, y no obtuve respuesta.
Quizás la respuesta era ésa, precisamente ésa, que no había partida, que no había despedida.
Me dejaste momentáneamente muda cuando te leí esta mañana, Teresa, pero ahora que he recuperado la capacidad de entrelazar palabras, sólo las tengo de alegría y agradecimiento, porque te gustara tanto el regalo, el regalo completo, el regalo indivisible, el regalo que sin tí no habría podido ser tangible.
Gracias Teresa, ahora y siempre,
Mara