Cata de Blancos Riojanos Viejos
Fecha: Sábado, 11 de Abril de 2015
Lugar: Rte. El Padre (Madrid)
Después de algunas catas de vinos extranjeros (barbarescos, champagnes,…) apetecía volver a mirar a nuestros riojanos tradicionales, y en esta ocasión nos decantamos por los blancos. Ya hemos comentado por este foro que si los viejos riojas tintos pueden sorprender con magníficos vinos de longevidad asombrosa, los blancos no van a la zaga ni mucho menos y muestran la excelencia de esas vinificaciones tradicionales riojanas, con crianzas larguísimas en maderas usadas. Sorprende ver el color tan poco evolucionado de algunos vinos con 70 años a sus espaldas… y lo lozanos que están aún!
Esta vez, volvimos a elegir uno de los restaurantes que, por méritos propios, se ha convertido en uno de nuestros predilectos para estas sesiones: El Padre. No hay mucho que decir ya de los hermanos Villalón: siempre atentos a los detalles, siempre cuidándonos al máximo y además, en esta ocasión comimos especialmente bien. Así que una vez más, enhorabuena por el trabajo y gracias por todas las facilidades.
Como siempre, con respecto a la comida, me remito al detallado comentario de Eugenio publicado hace unos días, del que adjunto link:
Para abrir boca, y servido a ciegas, disfrutamos de lo lindo con un Vermuth Dolce Bianco Carpano de los años 70. Cautivó con su impresionante aromática y un perfecto balance en boca entre lo dulce y lo amargo, con un alcohol fantásticamente integrado. Sencillamente, el mejor vermuth que he probado hasta ahora (y para muchos de los presentes, si no todos).
Pero vamos ya con el repaso de los vinos que tomamos; el orden elegido fue de más joven a más viejo, y de secos a dulces, con alguna sorpresa entre medias.
CASTIL CORVO COSECHA ESCOGIDA (Bod. Franco-Españolas)
Botella de finales de los 70.
Sin duda un buen comienzo. Color amarillo limón, muy limpio y brillante, sin poso, muy fluido.
Nariz muy fresca y cítrica, limpia, más acorde con la de un vino joven y no de este que es casi cuarentón: ralladura de limón, hierbas de monte, apuntes terrosos y de pedregal, manzana verde y ligeros especiados, sin que apenas aparezcan aún los amielados y esas notas dulces de estos riojas viejos.
Buen recorrido en boca, bien seco y con gran acidez y mineralidad, igual de cítrica que en nariz, aparece la confitura de limón, notas de menta y albahaca, y tostados muy leves. Final persistente y muy fresco.
Un vino con un futuro prometedor en mi opinión.
[8.9]
FUENMAYOR RESERVA 1964 (AGE Bodegas Reunidas)
Precioso color amileado, con reflejos dorados y anaranjados, muy limpio y brillante, sin sedimentos.
Nariz muy madura de media intensidad pero de gran elegancia y finura, franca desde el inicio, donde aparecen notas de albaricoque y orejones, finos amielados, tostados de la madera. Buena complejidad.
En boca se muestra seco y con buena acidez, tacto graso, equilibrado en su conjunto, repite las notas captadas en nariz y termina con un final de buena persistencia y ligeramente anisado.
Esta botella empezó con mucho brío y fue decayendo un poco con el tiempo; aún así un gran blanco clásico.
[9.1]
BILBAÍNAS CÍRCULO AMARILLO 5º AÑO (Bodegas Bilbaínas)
Botella de los años 60.
Había muchas ganas de probar este vino de Bilbaínas. La botella parecía externamente en buen estado, sin mermas, aunque con un color algo evolucionado. El vino estaba muy fatigado y no mejoró con la aireación. Una lástima.
[s.c]
VIÑA SOL RESERVA 1966 (Bod. Torres – Penedés)
Esta nos resarció con creces del “fiasco” de la anterior.
Cuando ví esta botella (comprada en Italia) me dio muy buena impresión: intacta, sin mermas y con un color casi transparente, así que no dudé en comprarla.
Preparando los vinos de esta cata, se me ocurrió que sería muy interesante incluirla entre medias de los riojanos, y pedí a David que nos la sirviera a ciegas, previamente decantada. El vino cautivó desde el principio.
Impresionante color limón claro, muy fluido y brillante, sin apenas evolución.
Nariz de enorme vivacidad, de buena intensidad y complejidad, muy limpio y cambiante: caramelo de limón, hierbas de tocador y heno, trazas minerales (pedernal y tiza), caramelo hall’s de miel y limón.
Boca con mucho nervio, ligera pero envolvente, con excelente acidez, donde un fino fondo cítrico y mineral envuelve las notas especiadas, la fruta (lima, melocotón), leves amielados,… Final muy largo, cítrico y muy gustoso, que invita a seguir bebiendo.
Huelga decir que nadie consiguió acertar su edad y mucho menos su procedencia y que la sorpresa cuando saqué la botella fue mayúscula. Un auténtico vinazo.
[9.4]
MURRIETA RESERVA 1956 (Bodegas Marqués de Murrieta)
El listón se había puesto antes con la sorpresa anterior, pero el siguiente vino era un peso pesado que no defraudó.
Oro bruñido, con tonos limón y anaranjados, limpio y muy brillante, con lágrima de cierta densidad.
Nariz muy compleja e intensa, hongos y trazas terrosas que van abriendo a notas florales, cítricas (corteza de naranja), trazas minerales, ligeros cremosos y membrillo, con sutiles notas tostadas y de especias dulces de fondo.
Boca con volumen, glicérica, con mucha fruta bien madura, notas fúngicas y terrosas muy elegantes, apuntes cítricos y buena trama mineral. Acidez viva que se impone sobre las incipientes notas dulces. Final de gran persistencia.
Gran vino en plena madurez.
[9.4]
PATERNINA SECO (Bodegas Paternina)
Dos medias botellas de los años 40. Provenientes del mismo lote, misma caja e hilera e idéntica conservación. Y, sin embargo, con diferencias entre ellas, aunque ambas de altísimo nivel. La nota de cata es de la mejor, aunque sirve prácticamente tal cual para la segunda, que tan solo presentaba un punto más de evolución en nariz.
Precioso color dorado intenso, limpísimo y muy brillante, sin sedimentos. Increíble para un vino con más de 70 años a sus espaldas.
Nariz reducida al principio (notas de humedad) pero que se va limpiando rápidamente y se despliega como la cola de un pavo real: notas cítricas de inicio con alguna nota metálica, que van dando paso a las frutas escarchadas, las flores blancas y la fruta (melocotón), amielados, piedra caliente. Un portento que requiere mucha concentración para no perderse todo lo que va enseñando.
La boca es como un tiro, con una prodigiosa acidez que lo hace parecer más liviano de lo que es, porque es un vino con volumen, carnoso, muy sabroso y lleno de matices sápidos. Cítrica frescura en un final larguísimo que deja un gusto ligeramente herbáceo y mineral.
Un vino mayúsculo para recrearse.
[9.7]
PATERNINA CEPA RHIN 1920 (Bodegas Paternina)
Siempre es un privilegio poder beber un vino casi centenario, más si cabe si se trata de uno de estos blancos.
Color oro viejo con matices marronosos y ocres, ligeramente velado.
La nariz da muestras de cansancio, poco a poco van saliendo cosas (flores marchitas, notas terrosas, trazas minerales) pero se imponen las notas tostadas y un ligero enranciado.
En boca todavía da algunos coletazos, obviamente muy pulido ya y con la acidez justa, pero aún se puede beber bien. Final un tanto breve.
Un ancianito que sobrelleva muy dignamente el hilo de vida que le queda; conociendo la trayectoria de la bodega en esos años, aquí debió haber un grandísimo vino.
[s.c]
DIAMANTE COSECHA 1979 (Bodegas Franco-Españolas)
El último mohicano, creo que esta es la última con indicación de añada, una cosa que tiene su transcendencia, más que por el hecho en sí de reseñar la cosecha, por el paso definitivo hacia el “adelgazamiento” de esta marca, que en unos años pasa de ser un reserva con todas las de la ley a un vino con un paso mínimo por madera. Y así hasta lo que es hoy, sólo mantiene el nombre. Una pena.
Color dorado con reflejos ocres, no muy brillante aunque sin sedimentos.
Nariz fina y elegante, no muy compleja en relación con Diamantes anteriores, pero aún ofrece bastantes cosas: ligeros barnices y notas tostadas, especias dulces, fruta en almíbar y notas cítricas.
Boca redonda, golosa, con buena acidez, donde la fruta blanca (pera) y esos tonos cítricos (piel de naranja) equilibran los tonos amielados y de especias dulces. Final largo muy agradable y gustoso.
Un muy buen vino, sobretodo si no se han catado previamente muchos de sus hermanos “mayores”.
[8.9]
CORONA SEMIDULCE (Bodegas CVNE)
Botella de los años 60.
Delicioso color dorado con reflejos amarillos, amielados y leves ocres, muy limpio y brillante, sin presencia de sedimento.
Nariz fragante y de enorme complejidad, abriendo con notas de hidrocarburos que se limpian rápidamente y dan paso a la cera de panal, canela, orejones y carne de membrillo, café molido, confitura de naranja amarga, dando lugar a un conjunto con mucha clase.
Boca con peso y amplitud, excelente acidez, es un desfile de sabores a fruta madura, maderas de calidad, especias dulces, notas cítricas, miel, toffee, que termina en un larguísimo final que deja un recuerdo a cítricos (piel de naranja) y miel.
Grandísimo vino; estos semidulces riojanos hoy casi extintos tenían una clase y una finura superlativas.
[9.6]
“Fuera de concurso”, pedimos a David que nos sacara de su fantástica bodega un gran borgoña maduro, a ser posible del gran Domaine Leflaive. Lo más viejo que tenía era el enorme Chevalier-Montrachet GC 2007. Un vino de gran definición, un ejemplo pluscuamperfecto de mineralidad y terruño, graso y voluptuoso, con una enorme acidez. Un vino con un futuro más que prometedor. Eso sí, la combinación entre un gran productor y un gran cru borgoñón da como resultado un gran precio. Un gran colofón sin duda.
Terminando: cuando se tiene la ocasión de hacer una cata de este estilo, combinando vinos secos y dulces además, siempre sobrevuela la misma pregunta: ¿por qué se han perdido estas elaboraciones, esta forma de vinificar? De unos pocos años a esta parte, estamos viendo cómo casi todas las bodegas se han lanzado a facturar blancos con crianza… tratando ahora de llenar el hueco que muchos de ellos mismos dejaron.