Beber historias
Éste es un hilo sobre cuyo tema estuve pensando ayer, es para filosofar libremente y no tiene una respuesta correcta.
Descorché una botella de Malayeto 2016 hace unos días, recientemente galardonado con 94 parkers. Le tenía ganas ya antes de los puntos porque conocía el proyecto y el viñedo pero no había tenido la ocasión de probarlos. Son unos terrenos preciosos, unas cepas espectaculares y me identifico con el proyecto y el equipo enológico. El vino... pues está bueno. Desde mi punto de vista más que correcto pero no excepcional, no emociona. En cata a ciegas me habría parecido del montón y por los comentarios leídos en la red, parece que no soy el único.
Y aquí viene el tema, a preguntarme si a veces no nos dejamos llevar por la historia del vino en cuestión en lugar de fijarnos en las características del mismo y juzgar sin prejuicios. Que a Parker Man España le ha influído para la alta puntuación lo tengo bastante claro, si eso es algo bueno o malo no lo sabría decir. ¿Deben los prescriptores valorar el vino por sí mismo o deben hacernos llegar proyectos bonitos como éste, aunque el vino no esté a la altura? Sara Pérez decía en una entrevista que ella ya no bebía vinos, que bebía historias. A mí me pasa a menudo en mis elecciones, que compro algunos vinos por la historia que tienen detrás o por si estoy alineado con el enólogo y la bodega. A veces éstos cumplen con la expectativa y a veces no, pero siempre me aportan algo que un vino desconocido no me aporta, aunque sensorialmente estén unos puntos por debajo.
Amor y sulfitos