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Ciencia y poesia del vino

4 respuestas
    #1
    Paco Higón

    Ciencia y poesia del vino

    Me lo ha enviado el amigo Alssandro y me parece precioso:

    Aproximación a una copa de vino tinto

    JORGE WAGENSBERG

    Todo empieza con una fusión termonuclear en el sol. De ella surge una radiación isótropa que se propaga por el espacio. Algunos de estos fotones viajan directos hacia nosotros e irrumpen en la atmósfera terrestre poco menos de diez minutos
    después de salir del sol. Con un poco de suerte, algunos de estos paquetes de luz
    sortean las nubes en línea recta y aterrizan en un campo donde madura la uva. No
    todos dan en la planta, pero los que lo hacen transfieren su preciosa dosis de
    energía a una química ancestral, de miles de millones de años, que involucra a la
    clorofila. Comienza así uno de los milagros más admirables de esta parte del
    cosmos: la elaboración del vino tinto.

    El gesto de acercarse una copa de reserva se puede parecer mucho al gesto de
    tender la mano a una persona. Si el vino (o la persona) es conocido, la incógnita
    reside en el cómo estará hoy; si se trata de un primer encuentro, entonces la experiencia se desenrolla más o menos como sigue.

    El primer sentido que entra en juego es la vista. El vino primero se mira..., como
    se mira la expresión de un rostro. Se mueve la copa para que la luz arranque
    diferentes matices, por reflexión y por refracción. Sólo por eso, el resto de los
    sentidos se despiertan, se interesan, se estimulan y hacen sus primeras
    predicciones. Antes de que una persona hable por primera vez, ya nos imaginamos
    su voz... Antes de llevarnos la copa a la nariz ya hacemos inevitables apuestas
    sobre el olor, el tacto, el juego de sabores... Después el vino se huele. Y, con el
    olor, parte de las predicciones se confirman, pero otras fallan, leve o bruscamente,
    y entonces surge la sorpresa, una sorpresa esencial que dispara nuevas
    predicciones sobre, por ejemplo el tacto, cuando los labios rompen el menisco del
    borde del líquido para mojarse en él. Primero se asimila la temperatura, luego la
    aspereza o sedosidad...

    La aproximación al vino también se parece a la disposición para escuchar música. Interesa un delicado desequilibrio entre lo predecible y lo imprevisible. El exceso de lo uno o de lo otro puede dejar al cerebro sin función relevante que
    cumplir. Si la predicción es trivial el cerebro se aburre y se ofende. Le puede ocurrir
    a un melómano con una canción infantil, demasiado tonal y demasiado redundante.
    Ocurre cuando el primer contacto con un tinto desenmascara su simplicidad y
    precipita el primer sorbo directamente en un primer trago, sin matices ni
    preámbulos. Si la predicción es imposible, entonces el cerebro se sobresalta y se
    frustra. Le puede ocurrir a un melómano con la música dodecafónica o aleatoria.
    No hay nada más desagradable y violento que tener toda la percepción dispuesta y
    afinada para recibir un sabor en la gama de los amargos y verse invadido a traición
    por un sabor dulce, aunque se trate del mismísimo néctar de los dioses.

    Y así llega la hora de la verdad, el momento en el que dejamos entrar un sorbo
    para que se desparrame a sus anchas entre unas papilas, se diría que en estado
    prehistérico por la expectación adelantada por los otros cuatro sentidos. Todavía
    no hemos soltado la mano que estrechamos en la nuestra, todavía miramos la
    mirada de quien nos mira, todavía suenan la voces de la primera cortesía... y ya
    empieza la conversación. Con el intercambio de las primeras preguntas y
    respuestas, salta una confirmación por aquí, algo que corregir por allí, una
    sorpresa, una decepción... En un primer sorbo de vino convergen, por fin, dos
    complejidades colosales nacidas quizá en un mismo lejano día: la una con un rayo
    de sol en pos del planeta Tierra, la otra con un frenético espermatozoide en pos de
    un óvulo maduro. La colisión improbable de estos dos milagros resulta en un
    milagro aún más milagroso. Es entonces cuando ocurre la explosión en cadena. El
    universo físico del vino entra en deflagrac

    Jorge Wagensberg es director del Museo de la Ciencia de la Fundación ''''la Caixa'''' en Barcelona.

    PD: El dibujo que lo acompaña no es menos espectacular que pena no poderlo colgar!!!

    #3
    rania
    en respuesta a Iñaki Blasco

    Re: Ciencia y poesia del vino

    Ver mensaje de Iñaki Blasco

    El vino es literatura gozada por los sentidos.
    Cuando bebemos un buen vino, en buena copa y buena compañía,
    parece que las notas alegres y melódicas de un teclado, nos
    acompañasen... y cuando un vino es tan grande que nos rompe
    la escena, a mi me ha pasado algunas veces, quisieras estar lejos,
    muy lejos, para saborear el placer único e irrepetible de que un
    simple líquido sea capaz de transportarnos a tierras lejanas, a mundos
    inalcanzable, a recuerdos borrosos, a sitios perdidos en la memoria,
    a historias nunca vividas, a leyendas vividas, a deseos inconfesables...
    y todo, como dice este buen hombre, simplemente porque la luz
    del sol incidió sobre la planta, y el hombre aprendió a hacer un buen
    vino.
    En fin, los pequeños milagros tb existen.
    (El vino es para beber...ya lo se!!!, pero a veces tb es para soñar.)

    #4
    BenjaminBerjon
    en respuesta a Paco Higón

    Re: Ciencia y poesia del vino

    Ver mensaje de Paco Higón

    Hoy estás inspirado. Pués siguiendo con el vino y los hombres de letras, o por lo menos con cierta sensibilidad: El Gabo escribe en sus memorias:
    "Aprendí a apreciar el olfato, cuyo poder de evocaciones nostálgicas es arrasador. El paladar que afiné hasta el punto de que he probado bebidas que saben a ventana, panes viejos que saben a baúl, infusiones que saben a misa. En teoría es difícil entender estos placeres subjetivos, pero quienes lo hayan vivido los comprenderán de inmediato"

    Gabriel García Márquez

    Me imagino que por lo menos una vez en su vida ha probado un vino evocador.

    Salud.

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