Gracias a Josep Lluis Pérez
Gracias a Josep Lluis Pérez
Muchas gracias a Josep Lluis Pérez. Por su amabilidad, por su generosidad, por su entusiasmo, que es un ejemplo para todos, y por hacernos disfrutar con sus vinos.
La experiencia de catar verticalmente con él Clos Martinet (90, 92, 93, 95, 96, 00) y Cims de Porrera (96, 97, 98, 99) fue un lujo. Un auténtico lujo. Fue una clase de historia vinícola de la última década en el Priorat, en la que nos fue desgranando cada cosecha y cada elaboración en cada uno de los vinos catados.
Gonzalo, el Clos Martinet del 1990 estaba entero, muy entero. Verdad de la buena. Cosecha en la que todavía elaboraban todos juntos, en la que no tenían marcados los objetivos de calidad que tienen todos hoy día, vino con un tanino secante que probablemente nunca se vaya.
La calidad del tanino va aumentando a medida que discurren los años, y en el 96 hay un claro cambio de rumbo. Hay más complejidad, más fruta, más vino. El 2000 es la culminación de toda esa historia. Un vinazo.
Con Cims se nota que el 96 es el primer año, pero que el proyecto promete. 1997 es un año difícil, malo en el Priorat, pero que el saber hacer salva con soltura. Fue el Cims que más gustó: vino difícil, complejo, miles de caras y de perspectivas cada vez que el vino acude al encuentro de nuestra nariz y entra en la boca. El 98 es la redondez, la perfección, qué maravilla (los allí presentes fuimos algo masocas y nos atrajo el reto de la imperfección del 97). El 99, otro año difícil, muy difícil, y el vino que recoge lo mejor y lo peor de la cosecha. Vino contradictorio donde los haya.
Muchas gracias a Quintín por la organización de la cata: vinos a la temperatura correcta, decantados con el tiempo suficiente, mesa de cata en perfecto estado. Maestría en su terreno.
Gracias a Ana, gran cocinera, a Dominic y a Paco por su hospitalidad, y en general a toda la gente que pude conocer por aquella maravillosa tierra.