Se trata de una pousada (equivalente a un parador nuestro)de reciente apertura habiendo reformado un convento que se halla en el lo más alto de la población de Tavira, por lo que la tranquilidad está asegurada. Cuenta con parking propio, que no cargan en la cuenta, piscina y pretendían tener otra interior pero unas ruinas del siglo XII lo impidieron teniendo en exposición las mismas. El servicio es de lo más amable y dispuesto, hablando prácticamente todos español. Las habitaciones son amplias y disponen de terraza que en nuestro caso daba al jardín. El restaurante es muy recomendable, destacando el bacalao dourado y una bodega excelente de vinos portuguess estando representados los de todas las denominaciones.
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