Comida familiar en el LA PULPERÍA DE MILA, al principio de la calle Lagasca. Restaurante gallego (como su nombre indica), más bien pequeño pero muy bien decorado y situado, perteneciente al Grupo Oter (Gerardo, El Barril, El Telégrafo, Pedralbes, Teitu, etc.). Aquí hago un inciso para manifestar que en todos los restaurantes en los que he estado pertenecientes a este grupo he comido magníficamente. Aquí entienden de hostelería, son sitios donde “no se falla”, en cualquiera de ellos encontrarás buen material, una cocina cuidada y un servicio esmerado, todo ello a precios razonables. 2 adultos y una peque. Nada más sentarnos, de aperitivo de la casa, nos ponen unas aceitunas gordal deshuesadas con aceite de oliva y cebolla picada y un plato de chistorra con patatas fritas de parte de la casa. Pedimos de entrada pulpo a la brasa, la carne firme pero tierno, con un delicioso aroma a leña, muy buen comienzo, de los mejores que he comido. Para la peque un escalope de ternera con patatas fritas caseras que se comió sin rechistar (y sin kétchup ni nada), señal de que la carne era de primera y las patatas estaban en su punto. Para los mayores un arroz marinero caldoso. Servido en su cazuela para conservar el calor, con un fondo de caldo de pescado excelente y bien surtido de tropezones: rape, calamares, gambas, almejas, etc., todo pelado “para no mancharse los dedos” como ponen en la carta. El punto del arroz irreprochable, nos servimos varios platos cada uno y no quedó ni un grano… A pesar de que yo soy más partidario de los arroces “secos” reconozco que éste estaba extraordinario. De postre tarta de Santiago casera para compartir, nada empalagosa, muy rica y un café de “pota”, o sea de puchero con unas gotas de orujo blanco servido en una taza de porcelana estilo “pueblo” que supo a gloria. Pastas caseras de parte de la casa. Para beber, un Gran Bazán etiqueta verde, un albariño 100% que no conocía, pues siempre había tomado el etiqueta ámbar, y que me sorprendió muy gratamente. Un vino sabroso y fresco, agradable de beber, que acompañó estupendamente con la comanda. Servicio atentísimo, la comida servida al tiempo, atentos a rellenar las copas y preocupados por agradar al cliente, tristemente algo cada vez más escaso... Pagamos 76,96 euros, gracias al descuento del 30% de un Club gastronómico. Para repetir y recomendar.
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