Se trataba de una cena de amigos, y por ser en viernes el restaurante no tiene la magnífica promoción del 50% en carta, que lo hace a este precio muy competitivo. Sin oferta, los 50 machacantes no te los quita ni la Virgen del Tremedal en casi ningún garito con cierto nivel (éste tiene, además, un amable aparcacoches). El local no reúne las mejores condiciones ya que es un poco claustrofóbico al tratarse de un comedor que ni siquiera tiene disimulada una ventana de trampantojo. Eso hace que la refrigeración sea obligada... pero LA MANÍA ENEFREMIZA de algunas señoras de no ir convenientemente vestidas hace que se quejen del aire y cuando se quita la estancia se torna de incómoda a insoportable. Lo suple el servicio con gran profesionalidad quitando y poniendo el aire, pero no es el mejor plan. Ciertamente todo esto se compensó con el apartado copas y cafés (¡¡¡Y PURO!!!) ya que el restaurante dispone de un privado en el piso superior con ventanales a una calle muy frondosa de vegetación y con aparatos de aire acondicionado a salvo de señoras impertinentes y fastidiosas. Vamos a lo que comimos. La casa, dentro del "pan y servicio" a 2,20 € per cápita (no está mal) "obsequia" con unos cuencos de patatas fritas y magníficas aceitunas y unas banderillas de componentes que no recuerdo pero conseguidas. Como entrantes pedimos dos raciones de croquetas "aderezo" (12 croquetas de tres sabores, unos más conseguidos que otros, simplemente correctas, a 15,40 € la ración); dos parrilladas de verduras que tuvieron la atención y profesionalidad de servirlas en ocho raciones individuales, de buen tamaño, y acompañadas de una salsa romescu (mejores que las croquetas, sin duda, y a 16,50 € la ración) y terminamos con un pastel de cabracho, servido con pan tostado (pan de verdad, no de bote) lo mejor de los entrantes (17,60 € la ración y de buen tamaño también ya que probamos sin estrecheces los ocho). De segundos en el apartado pescados dos tartar de atún "aderezo" que no es la mejor opción ya que es un buen tronco de un atún insipidote y casi hecho puding. Se sirve con una salsa de soja que no le casa bien, guacamole y wasabi. Quizás fue la peor opción de las cuatro, y el precio no compensa (28,09 € ración -todos los precios sin IVA ya que lo que Montoro come, el invitado fantasma que nunca llamas y siempre viene- se indica aparte de manera global-). Quienes pidieron el sapito asado quedaron muy contentos, se trata de una buena ración, a 23,65 € cada una; tampoco estuvo mal la ración de chipirones en tamaño de los bichos, cantidad de ellos y punto (22,00 €); los carnívoros se decantaron por el rabo de toro (dos raciones a 19,80 € cada una y al parecer estaba bueno porque no ofrecieron a probar, je, je) y una paletilla de cordero, también sin pegas, ya que el adjudicatario no protestó y se la comió sin rechistar (23,65 €). Cada botella de agua, con y sin, y una copa de vino, 3,50 € cada una. Capítulo vino, amén de alguna caña bien tirada (3,50 € asaz) nos decantamos por "los de la casa" cayendo dos de tinto Vallobera crianza, Rioja, 17,60 € botella, del que no tengo criterio, porque mi opción fue el albariño que me ofrecieron, un Ophalum, que no conocía, al mismo precio, y que en mi modesto entender estaba demasiado tiempo en botella, por falta de chispa y color en demasía dorado (no precisamente por una generosa barrica). Como tampoco lo había probado antes, a lo mejor estas son las características naturales de este vino que no me enamoró. Para los postres, cafés y copas nos ofrecieron ante los problemas "medio ambientales" el "privado" del piso superior, donde en unos muy cómodos sillones dimos cuenta de un postre (Coulant de chocolate y helado de café, cafés -muy buenos- y chupitos, todo por cuenta de la casa, todo un detalle). En el privado hay una cava de puros y cierto culto al habano, así es que se hizo irresistible un Edmundo magníficamente conservado y de precio correcto (14 €) con cenicero, cerillas y corta puros traído al punto; una copa (previamente calentada) de Carlos III (4,92 €) y dos gin tonics de Martin Miller's (no sé si Westbourne) en copa de balón (13,00 € cada una). Un final de los de antes, con tertulia de amigos, y que nuestros gobiernos (el rojo y el azul) se encargaron de jorobarnos para cuidarnos no sé de qué males cuando siguen vendiendo tabaco y cobrando buenos impuestos por ellos para que cualquier fumador pueda tener pagado el mejor tratamiento en la clínica más cara del mundo (hipocresía política se llama esto)