No teníamos más remedio que conocer este local ante el éxito que tuvo este local no hace mucho con los Restauranteros. Si a esa gente de incondicionales y vividores le gustó, no podía fallar con nosotros. Prueba de ello es que hacía casi dos años que no veía a mi chaval disfrutar tanto como ayer sábado. Mi mujer y yo salimos diciendo aquello de “para la próxima ocasión que vengamos…”.
No estaba Paco Morales, pero tanto la sala como la cocina funcionaron perfectamente. Buen ritmo del servicio con cambio continuo de cubiertos y platos. Alta cocina de autor pero informal, basada en productos de temporada, sin extravagancias y asequible para todos los públicos. Carta algo corta pero que me atrevería que decir que ecléctica y divertida. Pensada para atrapar al comensal. Oferta a caballo entre lo que es un restaurante tradicional y un gastrobar o bistrot.
Comedor muy amplio y luminoso en los bajos del Hotel Las letras. Ambiente moderno pero que quizás resulta un poco frío y desangelado, máxime si la sala está al 30% de su capacidad. Mesas informales (sin manteles) muy separadas y música ambiente que no llega a molestar. Servicio joven y con ganas de agradar.
Comida para tres:
- 2 x Aireados de tortilla española: Un snack “canalla” que se come de un bocado (entran cuatro unidades por plato). Delicadeza en la cubierta con un interior fluido y con nítido sabor a tortilla. Por lo que leído de Isaac, él los probó con la masa crujiente; nosotros no y a temperatura ambiente. Aún así, nos resignamos y tuvimos que repetir.
- 4 x Bollo preñao de chorizo: Un clásico de la casa que consiste en un panecillo relleno de chorizo con el toque personal de las huevas de trucha, huevo de codorniz y crema de setas. Muy aconsejable para todo el que quiera visitar esta casa. Pedimos un cuarto bollo para mi chaval que disfrutó de esta comida como hacía tiempo que no sucedía.
- Mejillones con salsa bearnesa: Media docena de mejillones de tamaño medio presentados en su concha y acompañados de la estupenda salsa francesa potenciada acertadamente con un pelín de mostaza de más. Quizás lo más flojo de la comida.
- Chantarelas salteadas con fondo de carne y bechamel: Un platazo en toda regla. Unas setitas bajo una fina capa de bechamel de textura asombrosa y con un caldo de carne de saltarse las lágrimas. No me dejaron repetir.
- Brioche “La France” con papada, cacahuetes y teriyaki: Mi mujer casi se echa a llorar. No nos dejó probarlo. Contundente, sabroso, por momentos goloso.
- Tartar de solomillo de ternera aliñado con helado de mostaza y salsa de pimienta negra: Primer tartar para mi chaval y vaya que disfrutó aunque no fuera muy ortodoxo ni en su elaboración ni en su presentación. Una capa de tartar cortado a cuchillo sobre una base cremosa de pimienta. Sobre la carne tres yemas de huevo de codorniz y un par de lágrimas de helado de mostaza. Presentación original y simpática. El comensal tiene que mezclar los ingredientes y a disfrutar.
- 2 x Pichón asado con pasta udon, setas de primavera y salsa de ostras: Plato contundente y estrella de la carta bajo mi punto de vista. Potencia elevado al cuadrado. Una pechuga poco menos que sangrante y fileteada de paloma junto a un muslito sobre los gruesos fideos japoneses bien cocidos y enriquecidos con la salsa de ostras. Los probó mi chaval y, sin decirnos nada, llamó al camarero y se los pidió para él solito. Circunstancia que me vino bien para pedirme un…
- Rabo de toro guisado con caracoles de mar y ñoquis de polenta: Gran plato también sin duda alguna. No sé si era más potente que el anterior (difícil lo tenía), pero en cualquier caso, nuevo éxito más que nada por la salsa. Trocitos de rabo ya deshuesado pero sin la melosidad que se requiere para esta carne y bien acompañados de los ñoquis. Lo que no llegué a entender muy bien es la presencia de las cañaillas.
- 2 x Frutos rojos con remolacha y regaliz: Un buen postre que nos ayudó a compensar la potencia de la mayoría de los platos que tomamos. La acidez de moras y frambuesas equilibrada con la dulzura de un magnífico sorbete de remolacha sobre una delicada espuma de moras. Buen punto final.
Sin ningún detalle en la sobremesa.
Carta de vinos demasiado corta para su oferta gastronómica. No sé, pero esperaba algo más de “riesgo” para un local con aires tan frescos y con el nivel de su oferta gastronómica (media docena de cavas/champagnes, otra media docena de blancos y una docena de tintos). Si acaso, a su favor, vinos para nada comerciales pero con precios x 2 respecto a tienda. Pedimos un estupendo Navaherreros de Bernabeleva 2012 (24€ inc. IVA) servido a temperatura correcta y copas adecuadas. Estuvieron siempre atentos a rellenar pero casi siempre con ciertas prisas.
Precio total: 179.30.10 (incluido IVA, 1 copa de Fino Especial Panesa a 6€, 1 caña a 2.20€, un refresco a 3.10€, una botella de agua de ½ litro a 4€ y la botella de vino). No cobran pan y/o servicio.
Nota: El precio por persona indicado es lo que estimo que costaría comer en este local con IVA incluido y sin bebidas.