Coincidimos en valoración las cinco personas que cenamos hace una semana.
La decoración del local bastante acertada, pero ni el servicio ni la comida merece regresar. Estuvimos más de media hora esperando y directamente nos trajeron la carta de comida y el vino, sin opción a tomar algo nada más llegar mientras esperábamos todo ese tiempo.
De todo lo que pedimos, que fue para compartir, lo único que nos gustó fueron las CROQUETAS CRUJIENTES DE ARROZ AL HORNO y el COCHINILLO CRUJIENTE.
TABLA DE QUESOS MANGLANO - 5 degustaciones: aceptable, pero nada del otro mundo como para pagar 15 € por ella.
NUESTRO CALAMAR A LA ROMANA CON QUINOA EN SU TINTA Y MAYONESA DE LIMA - una tomadura de pelo. Son calamares a la romana dignos de cualquier bocatería.
FIGATELL DE SEPIA CON PAN CRUJIENTE, CEBOLLA CONFITADA Y JUGO RUSTIDO - Más que a sepia, sabía a hamburguesa de la cantidad de mostaza que llevaba. A ninguno de los comensales les gustó este plato.
Las rosquilletas que sirven junto al saco de pan que ponen estaban muy blandas, y el precio es excesivo, 3 € por dos rosquilletas y cuatro rebanadas de pan.
El vino (Denébola crianza 2010) muy bueno, pero intentaron realizar un servicio de buen restaurante, y no supieron, pues no servían las copas con la frecuencia que se requería, en varias ocasiones continuamos comiendo sin bebida en la copa. Igual hicieron con el agua, al final tuve que pedir que por favor me sirvieran el agua.
De postre nos pedimos Chocolate en texturas, que estaba aceptable y tarta de manzana "Interpretación Quintana" que no era gran cosa.
El precio muy elevado relación calidad y servicio.
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